Claves para la caracterización de los personajes

por Tregolam en Artículos Literarios
Claves para la caracterización de los personajes Claves para la caracterización de los personajes

¿Cómo construir un buen personaje?

Cuando planteamos una historia, sabemos que lo que realmente va a darle vida es los personajes. De poco sirven una gran ambientación o los esfuerzos que pongamos en construir un mundo imaginativo si no tenemos a alguien que nos guíe por él. Los personajes son la acción, un reflejo de nuestras emociones, de nuestros miedos y nuestros deseos. Y si no nos preocupamos de esbozarlos con mimo, resultará imposible que el lector se quede con ellos. Para evitarte malos tragos, aquí te dejamos las claves para conseguir una caracterización de los personajes de calidad.

1. Voz natural

Ante todo, la voz de los personajes tiene que ser natural, acorde a sus características. Aunque te sientas tentado por la grandilocuencia, no puedes pretender que un chico de 17 años hable a la chica que le gusta como si fuera Romeo. ¿Crees que escribes bien y quieres demostrarlo? Una buena redacción, una gran exposición va mucho más allá de las palabras. Usar un lenguaje más enrevesado y culto, y suceder una y otra oración subordinada no dice mucho de ti. Lo que cuenta es que hayas sabido emplear el lenguaje para bosquejar una novela que hable por sí sola. Las palabras solo son el medio, pero el mundo total que has diseñado es el que te define como escritor.

Así que no pierdas el tiempo buscando palabras que, además de resultar excesivas, no tengan cabida en ese contexto. Esto revelará una falta de conocimiento de la lengua y no te crearás una imagen muy profesional. Recuerda que sinónimos no quiere decir que dos palabras puedan usarse de la misma manera, sin discriminación.

Piensa en tus personajes, en su carácter y su personalidad, y ellos hablarán por ti. Hay que adaptarse a cada uno de ellos. Siguiendo con los ejemplos, los excesos en sentido negativo también se alejan de la naturalidad. Es decir, un malote de barrio no tiene por qué estar diciendo palabrotas de forma constante. Y un personaje superinteligente no debería resultar relamido, pedante e insoportable.

 

2. Arco del personaje

Una historia no avanza si los personajes están siempre en el mismo punto. Los personajes redondos son aquellos que poseen dinamismo y gozan de un abanico inmenso de características que van a moldearlos durante la historia. Son complejos y realistas, a diferencia de los personajes planos. Para delinear estos, en cambio, solo se necesitan unos pocos trazos, pues su naturaleza es simple. Van a mantenerse estáticos, sin progreso, de principio a fin.

Los protagonistas, por tanto, no pueden ser planos. Deben tener mayor profundidad e ir superando obstáculos según avanzan por las tramas. Hay que conseguir que los lectores se identifiquen con ellos dándoles verosimilitud a través de los matices. No existe alguien 100% bueno ni 100% malo, todos tienen sus conflictos, sus dudas y sus anhelos.

No abuses de las descripciones

Las descripciones físicas suponen una ínfima parte del total porque, en realidad, los personajes quedan definidos por sus acciones. Los mejores personajes son los que actúan, sorprenden y se implican, los que muestran una gran evolución y con los que el lector empatiza por algún motivo. Algunos pueden hacerlo con mayor sutileza que otros, pero estarán participando igualmente. A través de sus comportamientos, podemos percibir si son manipuladores, estrategas, confiables, cobardes, etc. Los personajes planos no tienen pensamiento, no despiertan ni simpatía ni antipatía; son indiferentes y poco creíbles. Por ejemplo, no es lo mismo presentar un ama de casa sin aspiraciones y sin la capacidad de reflexionar sobre su vida que una que analiza su situación y decide cambiarla.

 

3. Ningún personaje es igual a otro

No todos los personajes hablan y se comportan de la misma manera. Al igual que las personas, tienen cualidades únicas que los hacen expresarse, decidir y actuar de uno u otro modo. Ante una misma situación, un personaje reaccionará de forma distinta según se trate de una mujer, un hombre, un niño, una persona mayor… Incluso puedes querer dar voz a un animal y este también deberá tener sus propias características.

 

4. Usa latiguillos en la caracterización de los personajes

Si crees que hace falta, dota a tu personaje de un latiguillo o algún tic que le dé volumen. Los latiguillos enriquecen a los personajes, permiten identificarlos y les dan personalidad. Por ejemplo, Romeo Burpee, de La Cúpula (Stephen King), habla con un ligero acento francés de forma caprichosa, a voluntad.

Y esto se expande más allá de las palabras. Puede haber una niña con obsesión/fobia por un color que solo coma/nunca coma caramelos de ese color. O un señor algo maniático que siempre vista camisa blanca. Parecen minucias, pero cualquier detalle bien fundado dará profundidad a tus personajes.

 

5. Cuidado con los extranjerismos

Seguro que has leído alguna novela ambientada en España y cuyo protagonista tiene un nombre americano sin ningún motivo. ¿Por qué elegir nombres extranjeros si no son propios de la zona? No importa el tipo de historia, el personaje se puede llamar Miguel, Marcos o Paco. Este error es habitual en ciencia ficción, parece que los nombres extranjeros suenan más futuristas que los que marca la verdadera nacionalidad del personaje. ¿Cuál es el proceso mental que lleva a esa conclusión? Cuando uses un extranjerismo –sea cual sea, no solo nombres–, hazlo con sentido y asegúrate de que esté justificado.

 

6. ¿Comportamientos incoherentes?

En relación con el punto anterior, no hay que copiar comportamientos que no ocurren en el país de tu novela. En España, los policías no son, por lo general, gordos y no comen donuts como el jefe Wiggum de Los Simpson. Tampoco las cárceles de aquí son iguales que las tailandesas. Cuando empiezas a escribir –aún más si se trata de novela–, ese universo tan amplio que estás diseñando tiene muchos elementos que deberás desarrollar. Así que no te pongas a escribir una primera novela ambientándola en EE. UU. o en Francia si no controlas el ambiente de allí: cómo habla la gente, cómo son sus calles… Si no, vas a repetir patrones y manierismos que todos conocemos, y todo se va a ver falso y forzado.

 

7. Pon freno a los lugares comunes

La bibliotecaria de gafapasta y pelo relamido, los policías que hemos descrito antes, la manera en que se caracteriza a las mujeres como plásticos al servicio de los hombres, etc. Fuera modelos y arquetipos manidos de una vez por todas. Al construir un personaje, lo mejor será huir de los clichés.

Eso sí, también debes tener cuidado de no entrar en un círculo vicioso: en ese afán por hacer algo original, se corre el riesgo de caer en otros clichés como los mencionados en el punto anterior (extranjerismos). Buscar lo novedoso a veces acaba en el pozo de lo trillado.

En este tipo de fallos, se nota la influencia de Hollywood y las sitcoms americanas, sobre todo, a la hora de escribir los diálogos. Todo suena tan impostado y artificial que no funciona.

 

8. Adaptarse a la época

Volviendo al punto 3, es distinto cómo un hombre interactúa con una mujer del año 1800 que con una mujer de 2018. Lo mismo sucede con la mentalidad de los curas y con el comportamiento de los niños de antaño, que siempre permanecían callados delante de los adultos. Tampoco había el mismo humor; de hecho, este era prácticamente inexistente.

A veces, cuidamos mucho el decorado de la época, la ambientación, pero olvidamos la relación entre personajes. En el caso planteado, lo ideal sería encontrar el equilibrio entre el lenguaje del 1800 y el de ahora. ¿Cómo conseguirlo? Por ejemplo, seleccionando bien el narrador: cambia la primera persona por una voz en tercera persona. Así te ahorrarás dolores de cabeza.

 

9. No todo vale para ser original

No tiene sentido usar signos que fonéticamente no funcionen en castellano (o en el idioma en cuestión), un error frecuente al elegir los nombres de los personajes y las ciudades. Hay tal ambición por la novedad y la creación de nuevos idiomas, mundos y razas que, al final, los lectores ni siquiera pueden distinguir los caracteres femeninos de los masculinos. Emplear grafías del noruego o del sueco, componer nombres a partir de la mezcla de otros dos hasta hacerlos ilegibles, cambiar el nombre de un personaje a mitad de la novela… Nada de eso, por favor. Hay que pensar en el lector.

 

Recuerda…

Lo más importante es hacer real al personaje. Para ello, ponte en su piel, piensa cómo hablaría y actuaría, a qué personalidad responde, cómo será su evolución… Estás diseñando personas ficticias, pero personas al fin y al cabo. Dales voz propia y mucha vida para que el lector sienta que quiere acompañarles en su aventura.

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