5 errores frecuentes al escribir novelas

por Tregolam en Artículos Literarios
5 errores al escribir novelas 5 errores al escribir novelas

Aspectos básicos que debemos tener en cuenta al escribir novela

Cuando se enciende la bombilla, nos ponemos a escribir como locos. Nos dejamos llevar por esos momentos de inspiración que nos dan unas buenas bases para construir nuestra novela. Parece que todo marcha sobre ruedas y que pronto veremos nuestro sueño realizado. Sin embargo, esas primeras ideas son solo eso, unas bases, unos pilares que nos permitirán desarrollar el resto de la historia. Pero no forman una idea en sí misma, completa, sino simplemente unos trazos del gran mural que vamos a pintar. Hasta que no tengamos un boceto completo, no deberíamos ponernos al lío. De lo contrario, podríamos cometer alguno de estos 5 errores frecuentes al escribir novelas. Sigue leyendo y ya nada se te volverá a escapar.

 

1. Combinar tipos de narrador

¿Por qué alternar diferentes narradores de manera innecesaria? Si tienes un croquis de la historia de tu novela, una estructura, y sabes cómo hacerlo, perfecto. Si no, pasar de un narrador protagonista, por ejemplo, a uno en tercera persona en el siguiente párrafo va a echar todo por tierra. ¿Qué sentido tiene hacer esto si ya tienes un protagonista que te cuenta sus sentimientos y las actitudes de otros personajes? Sugerir es mejor que contar. Deja una puerta abierta para que el lector cavile y conjeture, que es lo jugoso de la lectura.

Si no tienes mucha experiencia aún como escritor, no te compliques. Busca un camino donde te sientas cómodo y síguelo. Siguiendo con el ejemplo, usa el narrador omnisciente solamente. O, si quieres darle un toque más personal, un narrador protagonista. Las mezclas pueden enmarañar o estropear el discurso narrativo.

Otro fallo descomunal que suele ocurrir es cuando el autor empieza a traspasarse al narrador y a dar sus propias opiniones. Sucede, sobre todo, en temas políticos y sociales. Hay que separar: tú eres el autor, no el narrador. Este no está para juzgar ni condenar, solo para contar.

 

2. Ausencia de equilibro en el lenguaje

El lenguaje empleado en las novelas suele ser o muy rebuscado o muy ramplón. Pero ya sabemos: los extremos son perjudiciales. Existe el pensamiento de que escribir un libro significa ser rimbombante como en siglos pasados o hiperbreve como un tuit. Nada más lejos de la realidad. Date cuenta de que, además, el contexto, el espacio-tiempo y cada personaje van a marcarte. El protagonista va a tener su propia forma de expresarse según sus características culturales, sociales y psicológicas, y el resto de caracteres también. No es lo mismo una historia protagonizada o narrada por un arqueólogo, un médico o un detective que una centrada en un grupo de niños de once años.

Parece que tenemos miedo a escribir textos sencillos, como si los demás nos fueran a señalar con el dedo y a decir: “esto también puedo hacerlo yo”. Escribir es un arte, sí, y construir una historia de calidad no está al alcance de cualquiera. No obstante, esto no significa que tengas que meter el diccionario de la RAE en una batidora y luego salpicar el contenido sobre el papel. Aprende a usar las palabras con propiedad y a no cargar el texto con frases insignificantes. Tampoco te quedes corto: describir es importante para situar al lector. Piensa en estos consejos si deseas publicar un libro por una editorial.

 

3. Cuando las influencias te poseen

Esto ya lo hemos repetido mil veces, pero vamos a por mil y una: sé original. Busca un punto diferente porque, por mínimo que te parezca, lograrás que el público te identifique como autor, no como copia de otros escritores. ¿De verdad quieres volver a escribir Juego de tronos? ¿Es necesario volver a El señor de los anillos o Harry Potter? Deja que las influencias marquen un punto positivo en tu narración y aprende de tus autores favoritos, pero no quieras ser ellos. No lo vas a conseguir y vas a aburrir a la gente. Lo más importante es hacer algo propio, una novela que sientas tuya de verdad y que no recuerden como “la mala copia de…”. No te obceques en ser ese autor que te gusta, sé tú mismo.

 

4. Sin límites en la extensión

Piensa qué descripciones son necesarias y cuáles totalmente prescindibles. Si un personaje se levanta para ir a trabajar, ¿contarías absolutamente todo lo que hace en ese trayecto? ¿Escribirías cuántas veces bosteza, cómo se lava los dientes o con qué cepillo se peina? Lo mismo sucede con los diálogos: ¿aportan algo a la historia? Veamos un ejemplo. Partiremos de una escena muy típica, pero así se verá con mayor claridad.

“Una mujer canturrea mientras prepara la cena. Cuando se gira para coger algo de la nevera, ve a su marido sentado en la mesa donde suelen desayunar, observándola de forma extraña. La mujer se asusta. El hombre se dirige hacia ella y la ataca”.

¿Vas a narrar lo separada que queda la silla de la mesa cuando él se levanta y a describir lo arrugado que se le ha quedado el pantalón? ¿O vas a pasar directamente a la acción? Si quieres explayarte en el recorrido que hace el hombre desde la mesa del desayuno hasta llegar a su esposa, que sea para proporcionar dramatismo o aportar un toque extra de suspense a la escena. Algo como: “su marido se acercaba lentamente, luciendo una sonrisa maliciosa que nunca había visto y que empezaba a darle escalofríos. Los segundos se dilataban con cada “tac tac” de sus zapatos, un sonido que otras veces, cuando él llegaba tarde del trabajo y subía a la habitación para darle un beso eterno, le había encantado escuchar”.

Todo versa sobre la acción…

Lo más importante de una historia son las acciones. Si no pasa nada constantemente, el lector se aburre. Entre una acción importante y otra, no hay necesidad de meter una descripción tediosa de un paisaje: color de hojas, tipo de animales, si hay un río… Existen otros recursos que pueden resultar más interesantes, como un monólogo o una reflexión del personaje, o que este recuerde algo que le evoca ese campo. Debes estar seguro de si, realmente, lo que vas a introducir en la historia es relevante. No se trata de abultar la novela con páginas interminables, sino de que todo tenga sentido. Y esto tiene que ver con el desarrollo y la construcción de las tramas. Queremos llevar al personaje de A hasta C sin pensar en B, es decir, sin planificar absolutamente nada. Como ya hemos mencionado, nos ponemos a escribir sin más, sin patrones.

 

5. Inicio, nudo y desenlace.

Ya que estás empleando todo tu tiempo y tus esfuerzos en escribir, debes enfocarte en que inicio, nudo y desenlace funcionen. El lector tiene que sentir que todo ese largo recorrido que ha hecho ha merecido la pena. No vale hacer una introducción de treinta páginas en las que no pasa absolutamente nada. Tampoco un final que se resuelve en un chasquido. Para que te hagas una idea, una película debe dejar clara la propuesta y plantear el conflicto en los primeros diez o quince minutos. De otra manera, el público pierde el interés y se desengancha. En el caso de la novela, comienza a leerla. Si saltas de la página uno a la treinta y notas que podrías haber empezado a leer desde la página treinta directamente, algo no va bien.

Asimismo, todo lo que ha ocurrido durante la historia debe quedar claro. Las tramas tienen que cerrarse y los personajes han de seguir una lógica: la de su naturaleza. Es muy diferente dejar una puerta abierta para la imaginación a inundar tu novela con lagunas o con giros inverosímiles que dejan desconcertado al lector, sin que entienda qué ha pasado o sea incapaz de asimilarlo.

 

Consejos finales para localizar los 5 errores frecuentes al escribir novelas

Después de detallar los principales errores, te dejamos unos consejos que debes tener presentes siempre que comiences a escribir. Con ellos, aprenderás a detectar más rápido los errores que hayas podido cometer.

Pensar antes de escribir.

Como decíamos en la introducción, una historia estará mal construida de antemano si no parte de un boceto. No tiene ningún sentido escribir por escribir, hacer que un personaje diga o haga tal cosa sin saber a dónde le va a conducir todo eso.

No confundir el orgullo con una obra maestra.

Es inevitable dejarnos llevar por nuestra creación. El simple hecho de haberla terminado nos hace sentir orgullosos y creemos que hemos escrito lo más maravilloso del mundo. Parar. Hay que parar y poner los pies en la tierra. Cuando estés escribiendo tu novela o vayas a leerla, debes desligarte de tu figura de autor. Adopta una posición externa: imagina que eres un editor o que la novela es de otra persona. Así analizarás la historia con la cabeza fría y con autocrítica.

No enamorarse de la obra.

Pon distancia. Por muy bien que escribas, seguramente tu novela tenga errores de todo tipo. Y no pasa nada. Sobre todo cuando se trata de nuestro primer libro, vamos a dejarnos lagunas, incoherencias y contradicciones por el camino. No tengas miedo de reconocer tus fallos, pues estos te harán crecer. Mejor aprender a escribir novelas que creer que somos divinos y continuar haciendo bodrios.

Solicitar un informe literario.

Si aún no llevas mucho tiempo escribiendo o hay algo en tu historia que no termina de convencerte, puedes recurrir a los profesionales. No hay nada como opinión de un experto para abrir los ojos a la realidad. Además, en el informe literario no solo verás los fallos que hay en tu novela, sino que también contarás con consejos que van a enriquecerla.

Leer mucho.

Leer, leer y leer. Este es el primer paso para aprender a desarrollar un estilo propio, a localizar los errores y a no caer en los tópicos. Lee lo que te guste y te apasione, pero no olvides acudir a otros libros, ya sean de autores poco conocidos o de escritores famosos. Así también puede que descubras un género al que antes no habías prestado mucha atención, pero que ahora, quizás, se convierta en tu fuerte. Tu bagaje y tu visión analítica te convertirán en todo un profesional.

 

Y recuerda…

Siempre es el cómo lo cuentes y no tanto el qué. Puedes escribir la novela que te plazca. No importa que sea la típica historia de amor con final feliz, el ascenso y caída de un héroe, o las aventuras de unos niños con superpoderes. A todos nos gustan ese tipo de historias porque apelan a nuestra psicología, a nuestros sentimientos y, por supuesto, al entretenimiento. Lo que importa es sorprender, dar una vuelta a lo establecido y conseguir que parezca algo totalmente distinto. Para ello, debes conocer las herramientas con las que trabajas –el lenguaje, las estructuras, los tiempos, las voces, etc.– y jugar con ellas. Y, sobre todo, no olvides desarrollar un estilo propio. Supone un gran porcentaje de ese cómo, de la manera en que vas a vestir tu novela. Tienes talento, así que explótalo.

Aquí te dejamos unos artículos con los que puedes complementar esta información:

Los diez mandamientos del buen escritor

¿Cómo escribir un libro?

Lugares comunes: 6 errores que pueden echar por tierra tu novela

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Comentarios (2)

  • ROBERTO DUNCAN V-R says:

    ES IMPRESCINDIBLE E IMPORTANTE TODO LO QUE HAN PODIDO ESCRIBIR SOBRE LA NOVELA . SON UNOS CONSEJOS MUY BUENOS A SEGUIR.

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