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Reseña de «Que no quede huella», de María Eugenia Paz y Miño

La oración, a modo de advertencia, que reza el título de la novela publicada de María Eugenia Paz y Miño, Que no quede huella, es una síntesis perfecta de la sinopsis del libro: borrar cualquier rastro de la existencia de alguien. En este caso, del Comandante, un antiguo miembro del Partido revolucionario cuya figura amenaza la estabilidad política a ojos de la oposición en Ecuador.

El empeño por manchar su imagen a través de su supuesta pertenencia a la trata de personas, a las FARC y a diferentes organizaciones criminales cuyos fondos se encuentran bajo sospecha, harán que el Comandante se mantenga en una constante huida. Sin embargo, el permanecerá en la lucha por devolverle la libertad al pueblo. Para ello, cuenta con la ayuda de su grupo de compañeros del Partido, apodado las Lechuzas, de El protector y de Belisario Puente, principalmente.

Inspirado siempre por otros comandantes inmersos en la guerra contra el capitalismo y la desigualdad social, el protagonista se dejará llevar por la ambición y por la instauración de un sistema político más justo, dejando de lado a Sara, su mujer y madre de su hijo Manolo, que representa la parte más honesta de la trama, la ternura y la integridad.

«Aparentemente, todos se veían envueltos en el gran entusiasmo por construir una patria nueva. Hasta los amigos de antaño, los acusados de soñadores e idealistas, los que nunca tuvieron voz ni voto, entraban y salían de aquel lugar, hoy desvencijado, mostrándose dispuestos a colaborar. Después aparecieron “los ambiciosos”, como los llamaba Sara, y lo fueron desmantelando todo».

A pesar de la fuga del Comandante a la amazonia ecuatoriana, el ISS (International Secret Service), adepto de la propaganda anticomunista, recluta a la joven Andy Gaibor para que siga sus pasos. No será la única partidaria del plan para desacreditar al protagonista, sino que el reportero Pepe Calles también comenzará una campaña televisiva para evitar que la izquierda asuma el poder en el país.

Escrito en tercera persona en donde se interpela al lector constantemente a través de la descripción de las escenas, de los diálogos y de las maravillosas ilustraciones de Patricio Estévez que acompañan el texto, María Eugenia Paz y Miño realiza una proeza narrativa en este thriller político como pocos hemos podido leer.

Pues la historia, si bien no está basada en hechos reales, se ajusta perfectamente a un plano tan verosímil que por momentos parece un documento secreto que nos ha llegado para desvelarnos una certeza universal que ya pronunció Lord Acton en el siglo xix: «El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente».

«Por otro lado, la intriga, los chismes, el desprestigio empezaron a formar parte del entorno presidencial, y el Presidente, obnubilado por los vientos de cambio, recelaba hasta de sus más sinceros colaboradores».

Mientras los engaños, los perjuicios, las corruptelas, los sobornos y demás pactos oscuros de las altas esferas políticas se suceden, el personaje de Sara va cobrando también protagonismo como esquema fundamental de la parte más humanizada de la historia.

Por un lado, está enamorada del Comandante, pero por otro, y puesto que este último está centrado más en su carrera política que en ella, comienza a darse cuenta de que sus intereses tornan caminos diferentes.

«Y pese a que ella hacía lo posible por sonreír, su rostro alargado denotaba melancolía. Se daba cuenta de que su espíritu combativo se había reducido a cábalas de aprendices, muy insignificantes como para repeler las maquinaciones de ciertos individuos, cuyo objetivo fundamental no era ninguna revolución sino obtener las ventajas del poder».

Y una de las chispas que provoca la ruptura, será también política: Sara opta por la vía campesina para lograr los cambios desde el Partido y por el Sumak Kawsay (una teoría que propone la comunión entre la naturaleza y el cosmos utilizando la tierra solo para lo necesario), entre otras cosas. Sin embargo, el Comandante promulga con la utilización de recursos para combatir la miseria.

«Ella no comulgaba con los ambiciosos del Partido, sobre todo con aquellos que en sus vidas privadas aparentaban lealtad y fidelidad, pero amparados en el poder se hacían de amantes y de negociados».

¿Podrá el poder ganarle la partida a su relación? ¿Es el idealismo político una utopía?

Jhony Hualca, el Coronel, el Pájaro y el abuelo Diógenes terminan de componer el hilo conductor de la trama. Unos del lado de la corrupción y de la inmoralidad y otros de lado de la justicia y la conciencia social.

María Eugenia Paz y Miño despliega todo un arsenal literario para ofrecernos un thriller que nos mantiene a la espera de la siguiente escena sin desear que la novela llegue a su fin.

Que no quede huella muestra sin rodeos las intrigas, confabulaciones y ardides de los poderes políticos en un recorrido magnético que muestra la cara camuflada de varios países —y que bien se podría extrapolar al resto del mundo— que conspiran en pro del dinero. Único engranaje que hacer girar el mundo.

Pero esta no es la única lectura que inferimos de la novela, sino que el tema principal, la corrupción de los modelos políticos destinados a eliminar la jerarquía económica y social, nos acompaña a cada instante para llegar a una conclusión: «el hombre es un lobo para el hombre».

Con un ritmo lleno de acción que se mueve entre Ecuador, Colombia, México, Honduras y los pueblos colindantes del Amazonas (cuyo territorio representa la pobreza, la disidencia y el narcotráfico), el lector no deja de preguntarse: ¿es posible conseguir la destrucción de la actividad fraudulenta de un país? El Comandante lo tiene claro: «el héroe solo puede ser el pueblo».

Una novela que estamos seguros de que avivará el apego por la buena literatura y por esas historias que remueven la conciencia del lector por un mundo más justo y equitativo.

 

 


  • Nombre: María Eugenia Paz y Miño
  • Género: novela
  • Bio: María Eugenia Paz y Miño, escritora y antropóloga ecuatoriana, nacida en Quito, Ecuador en 1959. Ha obtenido premios como el Rumiñahui de Oro y Premio del Fondo Editorial del Ministerio de Cultura de su país. Su novela La puerta del Ilaló (2008) llegó a los diez mil ejemplares en la primera edición. Tiene publicados los libros de cuento: Chateando con la luna (2013), El mal ejemplo y otras vainas (2012), Tras la niebla (1997), El uso de la nada (1992), Golpe a golpe (1986), Siempre nunca (1980). Ha escrito más de cincuenta cuentos infantiles para la revista Veo Veo. Escribe biografía, ensayo, poesía, crónica. Miembro de Firmas Selectas de Prensa Latina. Ha publicado estudios de cultura y etnografías, entre las que destaca San Biritute: lluvia, amor y fertilidad (on line). Que no quede huella es su segunda novela, inspirada en investigaciones que la autora llevó a cabo en fuentes de prensa durante la época del llamado «progresismo latinoamericano» y sus implicaciones en Ecuador. La autora además imparte talleres de escritura creativa, asesora en temas de interculturalidad, concepciones de tiempo-espacio, culturas indígenas, oráculos, religiones del mundo.
  • Obra: Que no quede huella

Disponible en: Amazon

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