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Entrevista a María Eugenia Paz y Miño, autora de «Que no quede huella»

Buenos días, María Eugenia. Estamos encantados de poder hablar contigo con motivo de la publicación de tu última novela, Que no quede huella (Editorial Tregolam). Un thriller político protagonizado por el Comandante, quien debe huir a la Amazonia pues ha sido traicionado por su partido político.

¿Por qué decidiste escribir una novela en donde se describen de manera tan directa los entresijos de las esferas políticas? ¿Crees que la literatura es una herramienta necesaria para denunciar ciertas situaciones?

La política, como sistema de organización de la sociedad, siempre me ha interesado. En mi familia ha sido un tema ineludible en las conversaciones de sobremesa. Desde muy joven tuve conciencia de quién era quién dentro de las esferas políticas. En la biblioteca de casa había no solo literatura buena, sino también libros de sociología, de análisis histórico, de teorías diversas, que me llevaron a comprender el significado de las ideologías, de las propuestas y proyectos políticos. Quizá ahí empieza a gestarse la novela Que no quede huella, pero de una manera, digamos, subliminal, pues en mis planes de escritora no estaba el escribir de forma directa sobre ese tema. Pero la vida es una sorpresa que se teje a diario. Hace unos años, por mis trabajos investigativos como antropóloga, estaba revisando noticias en medios de comunicación impresos, y me interesé por ciertos temas de índole político. Me recuerdo acumulando pilas y pilas de periódicos, en los cuales subrayaba con distintos colores cuanto me parecía relevante, tanto para mi trabajo etnográfico, como para una novela que «me llamaba», desde algún lugar indeterminado. Los recortes de prensa aparecían ante mí como piezas de un lego que debía armarse. De ahí fueron naciendo los personajes, los escenarios, la historia misma. Parecía que, desde una realidad paralela, una voz me hablaba con claridad y me dictaba –prácticamente– la novela.

Con relación a la otra parte de la pregunta, considero que la literatura sí es una herramienta necesaria de denuncia. El arte en general lo es. Es la voz de los pueblos. Aunque no necesariamente debe ser la denuncia una meta. La denuncia es tan solo una de las múltiples herramientas que tiene la literatura. Cada escritor o escritora –como cada artista o creador–, de la tendencia que sea, siempre va a aportar para la comprensión de la realidad y por supuesto, con o sin proponérselo, denunciará situaciones, en el sentido de dar cuenta, desde el mundo de la ficción, de esa realidad determinada.

 

Que no quede huella no es solo un thriller, sino que también describe una historia de amor. Primero la de Sara con El Comandante y después la de esta con Belisario Puente, amigo del protagonista. ¿Cuál fue el motivo de escribir esta subtrama tan interesante en la historia?

Como en la vida, en una novela no debe faltar una historia de amor. Desde Don Quijote de la Mancha es así. No podría escribir ninguna novela que no tuviera una historia de amor. Y de hecho, entre todo el laberinto de información desplegado ante mí en los recortes de periódico, que me daban la base de la novela, aquello se iba estructurando por sí mismo. Es que solo el amor purifica y redime, y el personaje de Sara representa eso. En medio de un contexto enrarecido por la ambición y la traición, el amor viene a ser la esperanza posible, aquello que nos da paz, que nos devuelve el sentido de lo justo, de la lealtad, de la honestidad.

 

Eres una escritora polifacética. Te has movido en la poesía, el ensayo, el cuento y la novela. ¿Con qué género te sientes más cómoda? ¿Por qué?

Son etapas. Etapas a veces tan cambiantes como la noche y el día. Un día puede ser un género el preferido y al siguiente puede ser otro. Soy cambiante. Mejor dicho, fluyo con aquello que quiere salir desde mi interior. Me encanta el cuento porque es como un martillazo en las neuronas para que se active la precisión, el minimalismo. Me encanta. Es una aventura con pasión absoluta. Por su parte, la novela es siempre un reto, una expectativa del yo creador, que va construyéndose a la par que se va construyendo la vida. Eso también es fascinante. La poesía en cambio es lo que urge desde lo que llamamos alma. Es la inmediatez y funciona tan rápido que da latigazos en la emotividad, en la sensibilidad. Y el ensayo activa a la detective secreta que me persigue. Es el género que me permite investigar, adentrarme en mundos desconocidos. Ahora mismo prefiero la novela. Mañana seguro preferiré el cuento. Así voy fluyendo.

 

Existen diferentes personajes en tu libro muy bien desarrollados y detallados: El Comandante, un maestro del camuflaje; Sara, su mujer y quien describe gran parte de la historia del protagonista; la espía internacional Andy Gaybor; El Protector que juega un papel fundamental en la salvaguarda de El Comandante, etc. ¿Qué características principales aportan cada uno de ellos?

No había visto así al Comandante. Para mí, él está atrapado por su ego, el poder no le permite ver con claridad lo que sucede a su alrededor y comete errores que perjudican su propia vida. Muchas veces los seres humanos actuamos así. Lo tenemos todo a nuestro alcance, incluida la felicidad, la salud, la alegría, pero actuamos como si no lo mereciésemos. Nos enceguecemos. Eso le sucede al Comandante. En cambio Sara representa el idealismo, la utopía, y Andy Gaybor es el personaje que rompe con la seguridad cotidiana, la que provoca el giro de los acontecimientos. Es de aquellos personajes que aparecen en la vida para movernos de la comodidad de lo habitual. En cuanto al Protector, representa la inteligencia, la amistad incondicional, la salida honorable. Y, aunque no lo mencionas, pienso que Belisario Puente es un personaje clave también. Él es quien le da el toque de ironía a la historia. Lo irónico presente en el diario vivir. Es el que ve las cosas del otro lado del espejo, en donde todo se relativiza.

 

Sitúas gran parte de la trama en Ecuador y Colombia, así como en la selva amazónica y los pueblos colindantes. Puesto que eres una autora quiteña, inferimos que parte de la inspiración para escribir la novela fue tu contexto. ¿Crees que los escritores deben escribir sobre aquello que conocen? O, por el contrario, ¿es algo inevitable a la hora de escribir?

Es algo inevitable escribir sobre aquello que se conoce. Aunque el conocimiento no solo se refiere al lugar concreto en el cual se vive. A la hora de escribir se abren las puertas de todo cuanto uno es, siente, piensa. Las creencias, los sueños, los fantasmas, la memoria, la integralidad completa asoma a la hora de escribir. No siempre es un proceso racional. En la novela Que no quede huella el contexto ecuatoriano es tan solo una pieza, tan solo un ejemplo de lo que acontece en el planeta a nivel de las élites políticas. Si conoces lo que sucede en el mundo, puedes conocer, y entender, lo que sucede en Ecuador.

 

Además de escritora, eres antropóloga, ¿crees que este último hecho se ha visto influenciado en tu escritura a lo largo de tu recorrido literario?

La Antropología es fascinante; es el complemento perfecto para mi ser de escritora. Me ha ayudado a conocer y relacionarme con gente diversa, a encontrarme con culturas diferentes. He tenido la oportunidad de conocer personas de toda índole. He podido dormir feliz sobre una estera, cobijada con una manta de alpaca, en medio de la ternura y fuerza de los nevados andinos. Todo eso me ha marcado. Y como escritora, he podido sacar con palabras no técnicas ni complicadas, aquello que los pueblos y nacionalidades me han encomendado. De esta unión entre la escritora y la antropóloga nació por ejemplo el libro San Biritute: lluvia, amor y fertilidad, que es una etnografía pero escrita como un cuento, para explicar la existencia, en la Costa ecuatoriana, de un monolito precolombino de dos y medio metros de altura que está desnudo, mostrando un inmenso pene; y para analizar cómo los prejuicios de la sociedad burguesa de la década del cincuenta pueden incluso provocar la censura moralista y el combate sin sentido a otras culturas.

 

Deambulan a lo largo de la novela diferentes temas como la corrupción, la ambición, la venganza, la búsqueda de la justicia social e histórica o el equilibrio entre el capitalismo y la naturaleza. Además de todo esto ¿cuál sería el mensaje principal de tu novela? ¿Es inevitable estar enviciado por el poder y el acceso al dinero?

El mensaje no es uno ni es unívoco. Se refiere al poder y a la ambición, y a la traición. Cada personaje da un mensaje particular, cada historia también. Podría decir que hay varios niveles de mensajes. En lo esencial, se da cuenta de que el poder se mimetiza y se disfraza como si fuese algo positivo para la humanidad. Muchos seres humanos buscan ese poder cuya base es el dinero. Esto está basado en un sistema de injusticias. No debería haber diferencias económicas tan abismales, no es racional. Es absurdo. Nadie tiene derecho sobre nadie. Las jerarquías de cualquier tipo deberían desaparecer, pero no es así. En la actualidad, en casi la totalidad de los casos del mundo entero, cuando alguien llega al poder, se corrompe, se obnubila. La humanidad debe rediseñar su esquema de organización política, social, económica.

 

Que no quede huella rebosa acción y suspense, de tal manera que el lector presencia una trama llena de movimiento sin descanso. ¿Qué otro elementos podemos encontrar en tu novela?

Lealtad, solidaridad, y en especial ternura. La ternura del personaje Sara. Me parece que eso es lo que salva a todos los personajes de la novela. La ternura de Sara es un eje fundamental. Ella redime. Desde el principio quiso estar presente. «Ponme aquí», me decía cada vez que yo iba escribir, «sin ternura no puede existir redención».

 

Nunca ha dejado de escribir e incluso has ganado varios premios. La escritura, en tu caso, está siempre presente. ¿Te encuentras ahora sumergida en algún proyecto literario nuevo? ¿Tendremos la oportunidad de leerte en otro género distinto?

Al momento tengo otra novela casi lista, un poemario inédito, una novela infantil inédita. Estoy embarcada en un proyecto de cuentos con una temática muy particular relacionada con las plantas. Vamos a ver cómo se desenvuelve. Y también investigo acerca de los orígenes y la historia de un arte milenario para la sanación de cuerpo y mente, llamado Vara Olímpica, que practico desde hace algunos años. Es casi desconocido en Occidente; tiene origen asiático pero su nombre original se ha perdido, al parecer. Estoy escribiendo al respecto.

 

Con un bagaje literario tan extenso como el tuyo, ¿te has planteado alguna vez traducir alguno de tus libros a otros idiomas?

Sí, claro, me encantaría. En especial mi novela La puerta del Ilaló, que tuvo tanto éxito, me gustaría que se traduzca a otros idiomas. Lo mismo mis cuentos. Pero bueno, eso llega en el momento preciso. Ahora que lo mencionas seguro va a darse la oportunidad. Y ojalá pueda traducirse Que no quede huella, pues es una novela que aborda temáticas universales.

 

Los ciudadanos siempre esperamos que las políticas sirvan para mejorar el estado actual de un país (e incluso, del mundo). Estas deberían acoplarse a los cambios sociales y económicos que van surgiendo. Sin embargo, leyendo tu novela el cohecho, la perversión y la codicia ennegrecen toda esperanza. ¿Querías también manifestar esta situación para denunciar lo que ocurre, por ejemplo, con las FARC y el narcotráfico?

El problema justamente está en esas políticas, que no sirven ni han servido y a la larga o a la corta solo benefician a un grupo minúsculo de la población. Las políticas económicas por ejemplo funcionan así. Y son estas políticas inadecuadas, dictaminadas por unos cuantos ególatras, vanidosos y egoístas, las que en un gran porcentaje dan como resultado la creación de grupos armados o de organizaciones delictivas en general. Esto es lo que denuncio, si acaso se puede considerar una denuncia. Lo que hago es describir una realidad que ya está dada. El cohecho, la perversión, la codicia, como dices, eso ya está dado en las esferas de poder y entonces ese poder comulga con otros poderes que surgen desde lo marginal, desde lo ilegal. A la larga el sistema completo debería ser considerado ilegal.

 

Antes de terminar, María Eugenia, ¿te gustaría comentarle algo a los lectores que nosotros no te hayamos preguntado?

Claro que sí. Me gustaría agradecer a Patricio Estévez, quien con tanta precisión ha ilustrado toda la novela. ¡Son 31 dibujos! Patricio es un gran fotógrafo y artista gráfico. Desde que empezó a leer la novela se entusiasmó y fue creando esos dibujos excelentes. Ya no podría imaginarme la novela sin esos dibujos. Y quiero también agradecer por el apoyo inmenso que me ha dado el equipo de la editorial Tregolam. Si no hay editoriales serias, los escritos se pueden quedar archivados por años y eso no es positivo para la Literatura. Así que gracias. En Ecuador casi la totalidad de editoriales funciona como imprentas y se explota al escritor. Los apoyos de las instituciones culturales son casi nulos. El país está atravesando una de las peores crisis de su historia –si no la peor–, que le hunde cada día más en el esquema de banana republic, y entonces el arte, la cultura, las letras, sufren las consecuencias.

 

Muchas gracias por tus respuestas, María Eugenia. Ha sido un placer.

 


  • Nombre: María Eugenia Paz y Miño
  • Género: novela
  • Bio: María Eugenia Paz y Miño, escritora y antropóloga ecuatoriana, nacida en Quito, Ecuador en 1959. Ha obtenido premios como el Rumiñahui de Oro y Premio del Fondo Editorial del Ministerio de Cultura de su país. Su novela La puerta del Ilaló (2008) llegó a los diez mil ejemplares en la primera edición. Tiene publicados los libros de cuento: Chateando con la luna (2013), El mal ejemplo y otras vainas (2012), Tras la niebla (1997), El uso de la nada (1992), Golpe a golpe (1986), Siempre nunca (1980). Ha escrito más de cincuenta cuentos infantiles para la revista Veo Veo. Escribe biografía, ensayo, poesía, crónica. Miembro de Firmas Selectas de Prensa Latina. Ha publicado estudios de cultura y etnografías, entre las que destaca San Biritute: lluvia, amor y fertilidad (on line). Que no quede huella es su segunda novela, inspirada en investigaciones que la autora llevó a cabo en fuentes de prensa durante la época del llamado «progresismo latinoamericano» y sus implicaciones en Ecuador. La autora además imparte talleres de escritura creativa, asesora en temas de interculturalidad, concepciones de tiempo-espacio, culturas indígenas, oráculos, religiones del mundo.
  • Obra: Que no quede huella

Disponible en: Amazon

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