Los errores más comunes a los que se enfrenta un corrector ortotipográfico

por Tregolam en Artículos Literarios, Tregolam
Los errores más comunes que cometemos al escribir Los errores más comunes que cometemos al escribir

Los errores más comunes que cometemos al escribir

Como en toda profesión, aquellos que nos dedicamos a la corrección ortotipográfica y de estilo nos encontramos a menudo con problemas persistentes, repetitivos. Son errores comunes que todo el mundo comete y que, para nosotros, se convierten en el pan del día a día. Esta vez vamos a hacer un alto en el camino para explicarte cuáles son aquellos errores ortotipográficos más comunes que encontramos en los textos que llegan a Tregolam, ¡así estarás más atento cuando vuelvas a enfrentar tu trabajo!

 

1. El problema de la puntuación

El uso adecuado de las comas y de los puntos, entre otros tantos signos ortográficos, es esencial. Estos son los que le darán ritmo a la narración, y su correcta aplicación te hará demostrar definitivamente el control que tienes sobre el lenguaje. Presta especial atención a las comas que separan sujeto de predicado (¡es un error imperdonable!) y a aquellas que introducen incisos, por ejemplo.

Tampoco tienes que devanarte los sesos con el uso preciso de las comas, ya que en algunas ocasiones su posicionamiento es flexible: recuerda, han de marcar un ritmo correcto de lectura, no forzar el texto hasta hacerlo ilegible. Los puntos después de un signo de exclamación o de interrogación de cierre también están prohibidos, y el punto y coma merece que le dediques un tiempo para estudiar sus usos más adecuados.

No te avergüences de echar mano de algún manual para perfilar tus conocimientos sobre el uso correcto de la puntuación. En este sentido, nosotros te recomendamos que le eches un vistazo al de la Real Academia Española, pues no encontrarás otro más completo, claro y gratuito en ningún lado.

EJEMPLO

La mujer, volvió a su casa…. Eran las siete de la tarde; y no había tenido noticias de su marido quien estaba de viaje. ¿Por qué no llamará? pensó mientras se quitaba el abrigo, y suspiraba frente, al gran espejo, del salón de su casa…

CORRECTO

La mujer volvió a su casa. Eran las siete de la tarde y no había tenido noticias de su marido, quien estaba de viaje. ¿Por qué no llamará?, pensó mientras se quitaba el abrigo y suspiraba frente al gran espejo del salón de su casa.

 

2. Las inevitables faltas ortográficas

Son más comunes de lo que pensamos, si bien se han multiplicado desde que empezamos a utilizar los ordenadores para escribir. ¿Que qué tiene que ver eso, dices? Pues es sencillo: cuando escribimos con el teclado lo hacemos de forma rápida, y así es fácil comerse alguna letra o cruzar un par de ellas en una misma palabra. Tampoco debemos olvidarnos de que nuestras manos tienen y fomentan la memoria al escribir, lo que mejora la cognición. Si no estás seguro de si esa palabra lleva una «b» o una «v», prueba a escribirla en un papel: ¡la respuesta a tu duda saldrá solita!

Pero también es verdad que hay por ahí unos cuantos palabros difíciles de digerir a largo plazo. Como en el apartado anterior, tienes un excelente manual de ortografía editado por la Real Academia Española que resolverá todas tus dudas (y no te olvides del magnífico buscador que tienen integrado en su página web).

 

3. Las comillas y la cursiva, siempre en pie de guerra

Sí, sabemos que el mundo anglosajón nos está invadiendo (¡sálvese quien pueda!), pero tenemos que empezar a pararle los pies un poquito. Es lo que sucede con el uso de las comillas. ¿Eres de los que usan las dobles para destacar el título de un relato o de una canción? No te olvides de que nosotros, en español, tenemos esas maravillosas comillas latinas que tantos dolores de cabeza dan al querer escribirlas en el ordenador (« »). Recurre a ellas como primera opción, y luego sí, ve usando las dobles y las simples en función de los niveles que quieras marcar en una oración.

En cuanto a cuándo usarlas y en qué momento tienes que dejarlas a un lado para aplicar la cursiva, te dejamos aquí un estupendo documento publicado por la Universidad Complutense de Madrid donde exponen las diferencias entre usar uno y otro.

 

4. La construcción de diálogos y de párrafos

A diferencia de lo que muchos creen, el guion que introduce los diálogos en un libro es mucho más largo que el convencional. Se denomina raya o guion largo (—), y hay muy poquita gente que lo incluya desde el principio en sus escritos, porque suelen recurrir al corto. Además, también es habitual que lo usen de forma errónea, pues no indica lo mismo un guion largo que unas comillas (si quieres saber más, mira qué chuleta sobre la puntuación de diálogos más chula tiene Cálamo & Cran).

Recuerda que es también el largo y no el corto el que se usa en los incisos. Hay muchas formas de introducir estos últimos, pues los paréntesis y las comas también tienen la misma función, aunque hay claves para el uso de las rayas de diálogo, y reconocer aquellos casos donde debe primar el uso de uno antes que del otro.

En cuanto a la disposición de los párrafos, a veces vemos que los autores no saben cuál es la forma más adecuada de separarlos. Tienes que tener en cuenta que estos se disponen en función de las ideas particulares y concretas que se quieran incluir en cada uno, así que no debemos aglutinar demasiadas ideas en un párrafo enorme ni tampoco desmembrarlas en pequeños párrafos sin contenido.

Si bien este aspecto puede incluirse dentro de las labores de la corrección de estilo, no queríamos dejarlo pasar por las implicaciones que tiene también a la hora de aplicar adecuadamente las sangrías y los estilos de párrafo, sobre los cuales hablaremos más extensamente en un próximo artículo.

ERRORES MÁS COMUNES:

—Hola, ¿qué tal en tus vacaciones? —dijo Javier. [cerrar la pregunta con otra raya de cierre]

—Hola, ¿qué tal en tus vacaciones?dijo Javier. [no dejar espacio]

—Hola, ¿qué tal en tus vacaciones? dijo Javier. [pegar la raya al diálogo y no a la aclaración]

CORRECTO

—Hola, ¿qué tal en tus vacaciones? —dijo Javier.

 

5. El lío de los tiempos verbales y la repetición indiscriminada de palabras

El uso adecuado de los tiempos verbales es, en ocasiones, algo difícil de llevar a cabo. No en vano el español es considerado uno de los idiomas más difíciles de aprender debido a la complejidad del sistema que manejamos.

A este respecto, muchas veces nos encontramos narraciones escritas en pasado que de repente saltan al presente, o viceversa. Recuerda que hay que mantener una lógica a la hora de exponer la historia, y a no ser que esos cambios de tiempo estén motivados por el propio texto (como que el narrador «viaje» al pasado para recordar algo o comente qué está sucediendo en tiempo presente con respecto a un evento concreto anterior, por ejemplo), no debemos alternar tiempos verbales.

Tampoco nos hagamos líos con los usos del pasado ni del condicional. Mientras que el pretérito imperfecto de indicativo se utiliza para indicar acciones del pasado sin un principio ni fin concreto, el pretérito perfecto señala una acción que sí ha sido finalizada en el tiempo.

EJEMPLO

«Se paraba a mirar el móvil mientras paseó a su perro».

 

CORRECTO

«Javier se paró a mirar el móvil mientras paseaba a su perro».

 

Por último, pero no menos importante, queríamos mencionar la importancia de contar con un léxico rico. ¿Qué queremos decir con esto? Cuando escribimos nos vemos inmersos en largas disertaciones o descripciones sobre una misma cosa, lo que suele obligar a repetir esa misma palabra miles de veces en un mismo párrafo. Este es, quizás, uno de los errores más comunes que encontramos cuando corregimos.

Es importante escapar de ese bucle y utilizar otros sinónimos para que no parezca que el texto anda pobre de recursos (además, tienes a tu alcance distintos diccionarios diseñados para este fin, como el de WordReference). En algunas ocasiones no será posible, eso es así, pero siempre puedes echar mano de tu destreza narrativa para darle una vuelta de tuerca y evitarlo.

Y hasta aquí llegamos con este artículo. Esperamos que te haya servido para percatarte de algunos detalles que a todos se nos suelen escapar cuando ya le hemos dado demasiadas vueltas a un texto. Nos entra una especie de ceguera y no nos es posible encontrar los errores más evidentes. Por eso siempre es recomendable, aunque seas un escritor profesional, contratar los servicios de corrección de estilo y ortotipográfico, ya que los beneficios para tu obra siempre serán enormes.

Te sorprenderás de lo que unos ojos «nuevos» pueden ver desde la frescura de un primer contacto con el libro.

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