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Entrevista a Pablo Rojo Barreno, autor de «Caminos sobre la mar. Testimonio de un Juan español»

Buenos días, Pablo. Muchas gracias por atendernos para hablar de tu ensayo Caminos sobre la mar. Testimonio de un Juan español. En este tu primer libro publicado nos haces un repaso del panorama político y social español para invitar al lector a una reflexión en este contexto actual. ¿Qué te llevó a escribir un ensayo tan exhaustivo y completo acerca de España precisamente ahora?

La percepción de que el cúmulo de exageraciones, sesgos, ficciones, ocultamientos, y no pocas ucronías respecto a la historia contemporánea de España, están alterando la convivencia entre los españoles y adulterando la búsqueda de la verdad histórica. Entendida esa búsqueda al modo en que Antonio Machado lo expresa en Proverbios y cantares: «¿Tu verdad? No, la verdad. Y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela».

Además, es obvio que los discursos fanatizados instigadores de la polarización disgregadora que soportamos derivan de la divulgación subvencionada de innumerables relatos con ínfulas histórico-memorísticas, colmados de inexactitudes y maniqueísmo, sobre nuestro reciente pasado. Callar ante semejante cuadro me pareció irresponsable por lo que decidí mojarme hasta, como dijo Gabriel Celaya, mancharme. Y lo hice consciente del limitado alcance del proyecto, pero esperanzado con que la tarea cumpliera la metáfora de la gota que hace océano.

¿Qué consideraciones son imprescindibles a la hora de entender la situación presente de España?

Es difícil entender la situación actual sin repasar las derivas emprendidas por José Luis Rodríguez Zapatero entre 2004 y 2012. Adornado con la etiqueta del “republicanismo” y revestido de amable talante, ZP fue derogando, día a día, decreto a decreto y ley a ley, los consensos alcanzados durante la Transición, sin ningún acontecimiento que lo justificara. Estas medidas orwellianas resultantes de ensoñaciones redentoristas, seguidas por las primero tardías y luego desastrosas medidas durante la crisis económica, alentaron la expansión, por importación, del culturalismo identitario victimista que prima la diferencia y separa lo que iguala y une. Entonces, la ley de la memoria histórica aderezada de presentismo histórico, se convirtió en formidable herramienta para confeccionar relatos mítico-victimistas por parte de los relatores del populismo posmoderno y del nacionalismo catalán y vasco. Semejantes relatos han puesto en solfa la Transición y, por ende, la Constitución. Ya no se trata de una segunda transición sino de una ruptura supuestamente legitimada por un edénico pasado republicano que pone al Estado en liquidación y fractura la sociedad.

Hablas de género, de la izquierda, de la derecha, de la covid, de la gestión política en general, de feminismo, del lenguaje inclusivo, del franquismo, la República, del procés catalán… en definitiva, tu ensayo es una revisión completa y profunda de todos aquellos temas que nos interesan a todos como ciudadanos. En tu opinión, ¿cuál sería la prioridad para poder alcanzar una mejoría por parte de las administraciones y los gobiernos?

Fatalmente, la demagogia política ha implantado un ambiente rupturista contrario a las reformas. Hoy la sociedad española vive abrumada por la cantidad de mensajes confusos y contradictorios que camuflan los problemas urgentes que conciernen a la mayoría. No descubro el Mediterráneo al decir que el primer problema para la mayoría de los españoles, es el desempleo desbocado. Pero mientras este gravísimo asunto no sea abordado con franqueza y sin demagogia, no se pondrán en marcha fórmulas ya experimentadas en otros países como Dinamarca, Suecia o Austria, capaces de generar trabajo e incrementar la productividad. Claro que si no se aniquila la decimonónica pirámide laboral existente, las reformas serán solo parches ineficaces.

Otras reformas urgentes imprescindibles son necesarias en la justicia, con la supresión de las leyes ideológicas y la consecución de un poder judicial independiente, la reducción del Estado a un tamaño soportable y el consiguiente aumento de la productividad en la administración pública. Urgentísimo es racionalizar el sistema público de pensiones, consensuar una enseñanza sin intervencionismos ideológicos, establecer políticas fiscales justas y no confiscatorias, elaborar un sistema energético racional acorde con la realidad, iniciar un plan riguroso para reducir la deuda pública, fomentar la competitividad, la investigación y el comercio exterior. Por otro lado, las reformas de la Constitución vigente, aunque necesarias, precisan un sosiego hoy por hoy inexistente.

Hablando del SARS Cov-2, ¿crees que esta pandemia ha expuesto las debilidades que tiene España en diferentes aspectos como la base de su economía (turismo, entre otras), la sanidad y la falta de inversión en I+D?

Sin duda la pandemia nos ha puesto frente a un espejo que refleja nuestra fragilidad, tanto económica como institucional. La primera debilidad se evidenció cuando, tras más de un mes desde la primera muerte por coronavirus en Valencia y la negación reiterada del peligro, el 15 de marzo el gobierno de Sánchez Pérez-Castejón decretó un estado de alarma implacable para los ciudadanos, al tiempo que desdeñaba la protección y prevención de los sanitarios y de la población en general. El gobierno de la nación no se dignó a elaborar un metódico plan nacional contra la pandemia y cada medida gubernamental fue y es tomada a salto de mata y en no pocos casos se contradicen. Al mismo tiempo, mientras que el colapso de la sanidad pública era evidente y las cifras de fallecidos crecían, los sectores más expuestos y desamparados se desplomaron. A los trabajadores autónomos y pequeños empresarios, siguieron sectores enteros como el turismo, la hostelería, el comercio, el transporte, la automoción y el entretenimiento. Claro que si la industria no hubiera sido, primero depurada para poder entrar deprisa y corriendo en el Mercado Común Europeo y luego descuidada y sin contemplar objetivos estratégicos, hasta el punto de caer desde el 25,9% en 1980 hasta el 12,6% del PIB en 2019, es improbable que la regresión económica de España debida a la COVID-19 hubiera sido la más alta de todos los países que componen la OCDE.

A pesar de que tu libro es un ensayo, nos gustan mucho esas otras referencias líricas y dramatúrgicas que realizas en el título al poeta Antonio Machado y al dramaturgo Tirso de Molina. ¿Por qué decidiste titular así tu primera obra? ¿Qué relación guarda con lo que el lector se encontrará en tu texto?

Como trato de explicar en el prólogo, entiendo que para Antonio Machado esos caminos sobre la mar que inexorablemente se borran, son al mismo tiempo veredas que cada persona emprende, sin predestinación alguna. Es el escepticismo contra cualquier trayectoria vital marcada, de antemano, por un destino, donde me reconozco en los versos machadianos buscando sendas que, aunque no pocas veces erradas, he ido transitando, andando y desandando, a veces con dolor y otras con esperanza. Paso a paso, golpe a golpe, he intentado exponer como he ido forjando un pensamiento crítico mientras aprendía, coscorrón tras coscorrón, la utilización de la verificación como antídoto contra la foto fija de una forma de ver el mundo bajo el prisma de un corral ideológico.

Cuando uno pone las noticias o lee el periódico, se da cuenta de que cada vez todo está más polarizado. ¿Nos dirigimos hacia pensamientos políticos más enturbiados y extremos? ¿Por qué crees que en España es todo o blanco o negro?

Cuando repasamos otras épocas en las que en España la sociedad se despeña en la polarización política, por ejemplo; la crisis de 1917 y la II República, es evidenciable que no surgen como consecuencia de graves crisis económicas, sino de pugnas por el poder entre élites que luego derivan en radicalización y fragmentación política de la sociedad. Así, cuando los índices de desempleo batían records en 1993 y 1994 con tasas del 24,5% de la población activa, no se produce polarización política importante. Por el contrario, es cuando surgen desequilibrios de poder y económicos generados tanto por causas endógenas como exógenas, cuando el discurso político se radicaliza. De este modo, la semilla de rencor esparcida por Rodríguez Zapatero germinó abonada por los miedos y las fricciones derivados de los retos de la globalización, luego agudizados por la catástrofe económica y el aumento de la inmigración. El miedo y la desesperanza de élites y clases medias ante el futuro que se plasma con la avería del ascensor social han generado discursos inflamados de emotividad identitaria, tanto ideológicas como territoriales, que están aniquilando los principios correctores democráticos liberales de pacto, diálogo y compromiso.

En un momento del libro podemos leer: «La cultura de la cancelación, el echar al foso de los leones de la opinión pública al vilipendiado sin ser escuchado por justicia alguna, es una consecuencia más de la sistemática represión perpetrada por los sátrapas vigilantes del precepto hegemónico vigente, que han impuesto la censura totalitaria en las sociedades que aún se definen como democráticas». ¿Consideras que con respecto a la libertad de expresión hemos involucionado? ¿Por qué?

Vivimos inmersos en una paradoja brutal donde la apariencia de libertad de expresión que producen las redes sociales, esconde la involución democrática causada por la vuelta del sambenito inquisitorial y la consiguiente condena por juicio paralelo sin posibilidad de defensa. En España esta involución importada de los EE.UU., ha llegado tarde, pero con contundencia. Además de los discursos identitarios, su implantación ha sido facilitada por las mencionadas leyes ideológicas que han aniquilado la presunción de inocencia y facilitan la represión de todo aquel que, por pertenecer desde que fue engendrado a la raza opresora hombre blanco, es irremisiblemente culpable. Desde esta arbitraria manera de ver el mundo, la razón y la justicia son aniquiladas para imponer la barbarie léxica y cultural. La apoteosis del extravío, se representa con el derribo de estatuas de personajes históricos cardinales por políticamente incorrectos y, por ejemplo, la retirada del nombre de las calles de heroicos marinos españoles que vivieron durante el siglo XVIII y XIX, por parte del alcalde de Palma de Mallorca, José Hila (PSOE) «para erradicar del callejero las reminiscencias del franquismo y del «fascismo»».

A la hora de presentar los capítulos, has introducido referencias a tu propia vida para después entrar en materia histórica de lleno. ¿Por qué decides hablar de tus vivencias en el libro? ¿Cómo crees que van a apelar al lector?

Con las referencias autobiográficas pretendo testimoniar las vivencias que fueron consolidando el aprendizaje de la vida, partiendo de que los valores éticos estaban bastante consolidados cuando alcancé la edad adulta. De esta manera trato de exponer como la trayectoria vital fue condicionando las posiciones ideológicas. Además, me pareció que los argumentos apoyados en los datos y el testimonio personal son más concluyentes. Asimismo espero que los tramos autobiográficos amenicen la lectura.

Entre las vivencias que compartes, cuentas que en tus años de juventud militaste en el PCE y luego en PCE (ml)-FRAP y cómo te has ido alejando de esa ideología a lo largo de los años, hasta la posición actual, más cercana al liberalismo. ¿Crees que, como se suele decir, uno se vuelve más conservador según va cumpliendo años? ¿O quizás le darías una explicación menos maniquea a la evolución de tu ideología?

Desde luego me parece evidente que el cumplimento de años no implica evolucionar hacia el conservadurismo. Ahí están los miles de «yayoflautas» que pasean con banderas de la II República, mientras reclaman el aumento de sus pensiones. Por cierto, en cuyas organizaciones ciertamente izquierdistas, perseveran unos cuantos viejos conocidos del PCE o de Izquierda Unida. No obstante, estoy convencido de que una experiencia vital suficientemente dilatada es una escuela de realismo contundente. Con todo, si repaso la trayectoria ideológica de unas decenas de antiguos camaradas y amigos que conocí desde los años sesenta hasta finales de los ochenta en que estuve involucrado en la militancia política, no soy capaz de obtener criterios claros de las causas que llevaron a unos a mantenerse en la misma ideología hasta hoy y a otros, ciertamente mayoritarios, a evolucionar hacia posiciones liberales, conservadoras o escépticas. Un caso paradigmático es el de Rafael Blasco Castany quien, tras pasar por el PCE, el MCE y finalmente en el PCE(ml)-FRAP, fue consejero de la Generalitat valenciana con cuatro presidentes distintos del PSOE y del PP. En cualquier caso, también se puede evidenciar que en circunstancias parecidas y mientras la libertad impera, cada persona toma el camino que considera oportuno. Son cosas del libre albedrío.

Te muestras un claro defensor del liberalismo político, sin embargo, señalas que en España no ha sido posible articular un partido político liberal porque a esta corriente ideológica se la ha demonizado por todas partes. ¿Qué beneficios tendría para la sociedad un sistema plenamente liberal?

El liberalismo, como filosofía política, moral, y económica con una trayectoria que se remonta al siglo XVI, ha desarrollado unas cuantas corrientes que van desde la clásica hasta la llamada anarcocapitalista, pero ateniéndome a los principios rectores conformados por la defensa de la libertad individual, la igualdad ante la ley, la defensa de la propiedad privada, la libertad de culto, la división total de poderes y la limitación del poder del Estado, no tengo dudas de que lograríamos mejorar la democracia y las condiciones de vida de la mayoría, si un buen día se instituyera de verdad en España. Si bien es complicado, por no decir imposible, encontrar un país con un sistema plenamente liberal, es indudable que Suiza, Nueva Zelanda, Irlanda, Australia y Finlandia amparan buena parte de los principios liberales enunciados. Incluso los considerados socialdemócratas hasta hace poco; Noruega, Suecia y Dinamarca, tras reformas liberales recientes, pueden considerarse más liberales que socialdemócratas.

Eres un escritor que ha residido en varios países como Canadá, Francia o Italia. ¿Qué diferencias principales observas entre estos países y España?

Aunque en algunas costumbres y tradiciones persisten algunas diferencias, en todos ellos se mantiene aún una cultura cristiana o lo que llamamos un cristianismo secularizado. Por lo tanto, todos tienen regímenes democráticos sustentados en algunos principios liberales. Los alcances de la globalización explican que si en la década de los sesenta se podrían apreciar algunas diferencias en las relaciones sociales entre España y Francia o Canadá, por ejemplo, respecto a la familia, trascurridos pocos años esas diferencias ya eran mínimas. El mismo fenómeno se puede observar en la evolución del Estado, es decir, todos han aumentado el gasto público y la burocracia, en concreto Francia encabeza el engorde con un gasto superior a la mitad de su PIB, seguidas de cerca por Italia y España.

Asimismo, Canadá, Italia y España tienen en común sufrir intentos disgregadores. El Canadá federado por provincias sufrió una crisis grave entre los años sesenta y noventa con el intento de separación de Quebec. En Italia persisten enfrentamientos entre el norte industrial próspero y el sur menos desarrollado. Solo Francia ha sido capaz de mantener su férrea unidad jacobina, gracias a la firmeza de las convicciones de sus dirigentes.

Existe una diferencia importante entre los tres países europeos y Canadá: el mercado de trabajo. Consecuencia de la intensa relación económica con los EE.UU., en Canadá el despido es libre. Sin minusvalorar los inconvenientes de este hecho, me parece significativo que los índices de desempleo sean sistemáticamente más bajos que en los tres países europeos.

¿Te animarías a lanzar un vaticinio sobre el futuro de España a corto y largo plazo?

No. Pero a corto plazo no soy optimista.

Antes de despedirnos, querríamos dejarte un espacio para que comentes lo que quieras y que no hayamos tratado en la entrevista.

Me gustaría trasmitir un mensaje de esperanza. Insistir en que, a pesar de los pesares, hoy hay menos mortandad y hambre en el mundo que hace dos décadas. Que los desafíos que presentan la inteligencia artificial, la ingeniería genética, la neurociencia, el posible agotamiento de los recursos, la desigualdad, las migraciones, los problemas medioambientales y el cambio climático son problemas que la inteligencia humana puede enfrentar con grandes posibilidades de superación, siempre y cuando los derechos humanos concretos, de los cuales derivan los demás, el derecho a la vida, la libertad y la propiedad, se extiendan y respeten en todo el orbe.

Nos ha encantado hablar contigo acerca de este interesante ensayo. ¿Para cuándo una reflexión acerca del panorama mundial? ¡Lo estaremos esperando!


  • Nombre: Pablo Rojo Barreno
  • Género: Ensayo histórico
  • Biografía: Pablo Rojo Barreno (Madrid 1946). Creció viajando por España y enseguida amplió su horizonte hacia el resto del mundo. Estudió en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería y Diseño industrial de Madrid y cursó estudios de diseño industrial y resistencia de materiales en la Escuela Politécnica de Montreal. Además de en España, ha residido en Canadá, Francia e Italia. Su trayectoria profesional se inicia en la industria aeronáutica para luego pasar a la alimentaria. En Caminos sobre la mar, Pablo Rojo se atreve a dar su testimonio sin caer en el anacronismo histórico. Autarquía franquista, desarrollismo, militancia antifranquista clandestina y democracia son desmenuzados con el fin de establecer un aviso a navegantes sobre los trances que acechan a la sociedad española, cuando se acerca la tercera década del siglo XXI.
  • Redes sociales: Web del autor, Twitter y Facebook.
  • Obra: Caminos sobre la mar. Testimonio de un Juan español

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