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Entrevista a JB Rodríguez Aguilar, autor de ‘Sones de Iemanyá’

Buenos días, JB Rodríguez. Sones de Iemanyá es el título de tu nueva novela, en la cual desarrollas dos relatos distintos, el de Jorge y el de Amanda, que se unen al final arrastrados por dos elementos imprescindibles: la música y el mar. ¿Cuál de esas dos historias fue más difícil de escribir?

Ambas fueron complicadas y supusieron un reto a la hora de contarlas, ya que tienen su voz narrativa y sus peculiaridades propias. La primera, ambientada en Madrid a finales del siglo pasado, está escrita como un diálogo puro entre Jorge y su novia Marta, sin acotaciones de ningún tipo, de modo que lo complicado fue, precisamente, mantener la agilidad y la viveza en los diálogos a lo largo de toda la obra.

Por su parte, la trama de Amanda está ambientada en Brasil a mediados de la década de 1960 y está narrada en primera persona por la protagonista. Aquí lo más difícil fue meterse en la piel de ella, documentar toda la atmósfera que la rodea y transmitir sus sentimientos e impresiones acerca de todo lo que le va sucediendo.

 

Jorge es un músico frustrado que por fin cumple el sueño de protagonizar La traviata, a cuya audición acudirá el mismísimo Alfredo Kraus. En tu blog, afirmas que, en realidad, esta parte del libro iba a ser un biopic del tenor español, pero que finalmente optaste por construir una historia original. Háblanos un poco de ese cambio.

Siempre he sido un gran apasionado de la ópera y me apetecía mucho ambientar una de mis historias en ese mundo, así como reflejar las obsesiones de sus cantantes. Así, aparece la figura de Alfredo Kraus, uno de los grandes tenores del pasado siglo, en la trama de Madrid. En un principio, me planteaba toda esa trama como una especie de biopic ficcionado sobre Alfredo Kraus. Sin embargo, conforme fui avanzando en la historia, este quedó, creo que acertadamente, en segundo plano, como un personaje secundario que audicionará a Jorge en el papel de La traviata y que luego tendrá un papel muy significativo, aunque indirecto, en la evolución de ambas historias. Todo lo que cuento de él es pura ficción, salvo los datos de sus actuaciones, que sí son reales y que me sirvieron para enmarcar temporalmente ambas tramas.

 

En relación con esta parte de Sones de Iemanyá, ¿por qué decidiste introducir la figura de Kraus? ¿Qué es lo que más admiras de él?

Como he dicho, soy un gran apasionado de la música en general y de la ópera en particular. Entre los tenores españoles, desde siempre, el que más me ha llegado como oyente ha sido Alfredo Kraus. En este punto, hago mías las palabras de Jorge en uno de los capítulos del libro, cuando dice que lo que más admira de él es su “sentido absoluto del canto, sin concesiones”. Quizá Kraus no tuviera, por timbre, una voz tan arrebatadora como la de otros cantantes, pero era, en cambio, un intérprete de una técnica muy depurada y perfeccionista. Su repertorio de papeles operísticos resultaba más bien corto y trataba de superarse en cada uno de ellos. Y era por esto, por esa percepción tan estricta del canto y de su profesión como intérprete lírico, así como también por la gran facilidad de su voz y sus increíbles agudos, por lo que lograba conectar con el público y emocionarlo tanto, sobre todo en vivo.

 

Siguiendo con la música, La traviata está presente tanto en la historia de Jorge como en la de Amanda y, para ambos, tiene especial relevancia en sus vidas. ¿Qué significa esta obra para ti?

La traviata es una de las primeras óperas que escuché completas cuando descubrí el género y empezó a picarme el gusanillo de profundizar en él. Desde entonces, me sigue gustando y sorprendiendo cada vez que la escucho. Creo que es una obra perfecta, muy avanzada para su tiempo tanto en lo musical como en lo dramático. Como se sabe, está basada en la novela La dama de las camelias, de Alejandro Dumas hijo, escritor contemporáneo de Verdi. Presenta un drama humano muy intenso, de amor y de enfrentamiento entre clases sociales, llevado hasta las últimas consecuencias. Por otra parte, el papel protagonista de La traviata es fascinante: una mujer arrolladora, de espíritu libre, pero fatalmente presa de las convenciones de su época que acabará condenada por la enfermedad mortal de aquel entonces: la tisis. Y la música dibuja a la perfección los sentimientos agitados de ella y la convulsión que hace vivir a todos a su alrededor. ¡Es una maravilla!

 

Uno de los mayores atractivos de Sones de Iemanyá es la forma en que presentas los dos relatos. El de Jorge se basa únicamente en diálogos, no existe narrador, mientras que el de Amanda tiene formato de diario o carta. ¿Por qué te decidiste por un estilo tan directo al publicar tu libro? ¿Cuál ha sido tu intención?

El mayor reto a la hora de construir la novela fue ese, en efecto, articular dos tramas en tiempos y lugares distintos, y con un enfoque narrativo diferente para cada una de ellas: diálogos puros para la historia de Jorge y su novia Marta en Madrid, y narración epistolar en primera persona en la trama de la bailarina Amanda en Brasil. Opté por alternar las dos historias desde el principio: en los capítulos impares, se sucede la trama madrileña, mientras que, en los pares, la brasileña; así todo el tiempo, sin solución de continuidad. Creo que fue un acierto. Al principio, al lector puede extrañarle el planteamiento; pero, conforme avance en el libro, la estructura y la secuencia de los capítulos, que son cortos en general, provocan cierto ritmo de lectura y permiten, asimismo, ir descubriendo las conexiones sutiles entre ambas tramas hasta el desenlace final, en que… No adelantaré nada.

 

Antes de Sones de Iemanyá, has publicado tres novelas: Umbrío, entre los muertos, La rueda del extravío y El berbiquí. ¿Qué destacarías de cada una de ellas?

Umbrío, entre los muertos fue mi primera novela y le tengo un especial cariño por eso. Es una historia de misterio y aflicción que conecta el mundo de los vivos y el de los muertos. Una vez concluida, trabajé con el músico Eduardo de la Iglesia, quien compuso una banda sonora extraordinaria para cada uno de los ocho capítulos de la obra. Por su parte, La rueda del extravío es un juego narrativo a mitad de camino entre la minificción y la novela, con un montón de personajes y tramas que se cruzan en un entorno urbano. Nació, en origen, como un blog y luego se convirtió en novela corta. Me divertí y experimenté mucho escribiéndola. El berbiquí es una novela muy intensa y oscura, de nuevo en un ambiente urbano y moderno. Es una dura historia de padecimiento, soledad y misticismo protagonizada por un ejecutivo enfermo del pulmón. Creo que se percibe la evolución en el estilo de escritura de una a otra: Umbrío, entre los muertos era un estilo especialmente denso y abigarrado; poco a poco, me he ido desprendiendo de ese barroquismo para plantear una escritura narrativa más directa, ajustada a las voces de los protagonistas, como es el caso de Sones de Iemanyá.

 

A pesar de tu notable experiencia en novela, tu primer libro publicado fue Cuentos de indagación y neurosis, la colección de relatos con la que ganaste XIV Premio de Cuentos del Ateneo de La Laguna 2008. ¿Qué disfrutas más como escritor: el relato o la novela?

Así es. Empecé escribiendo cuentos y pronto me planteé abordar la forma novela con Umbrío, entre los muertos, aunque esta no se publicó en España hasta pasado cierto tiempo. Y confieso que me siento casi más a gusto en el formato cuento que en la novela. Creo que se debe al hecho de ser un género que permite una libertad creativa como ningún otro. En un cuento, todo puede pasar. Tiene un carácter fantástico por definición, además de que te exige escribirlos de golpe, en relativamente poco tiempo en comparación con una novela. Concibo los cuentos como invenciones, como experimentos narrativos en los que no se sabe a ciencia cierta cuál va a ser su resolución. Lo bonito de un cuento es eso: es un campo de cultivo para la experimentación en el que, una vez que te adentras en él, no sabes por dónde vas a salir…

 

Desde aquella primera publicación, ¿cómo crees que has evolucionado como escritor?

Como he comentado antes, pienso que he ido simplificando y depurando mi estilo narrativo, haciéndolo más consecuente con la trama que quiero contar, liberándome del deseo traicionero de resultar brillante o efectista. Esto aún me cuesta en ocasiones, pues la tendencia a emplear recursos vistosos a veces es muy poderosa. Sin embargo, creo que, si eres honesto con tu historia y con tus personajes, ese sacrificio se impone en aras a la verdad que la propia historia te exige para llegar a contagiar la emoción que el autor siente y que el lector busca en ella. Esto en cuanto al estilo.

En cuanto a los temas y enfoques, pienso que ido alejándome poco a poco de las historias oscuras y de misterio de mis comienzos para ir abriendo el abanico a historias más fantásticas, líricas y humorísticas, incluso. Me apetece, en este momento como escritor, mezclar géneros, seguir experimentando y sorprendiéndome con cada nuevo germen de historia. Todo ello en busca de una escritura más libre, más fluida y creativa, y que conecte mejor con el lector actual en cuanto a la temática.

 

¿Qué consejos darías a los autores noveles para empezar a escribir un libro?

Es difícil dar consejos, pero el básico sería leer mucho, empaparse de la obra de otros autores y, cuando llegue ese momento crucial de lanzarse a escribir, ser muy perseverante y auténtico. Escuchar tu voz como escritor y no traicionar nunca ese mundo único que quieres compartir a través de tu historia. Buscar la forma más personal de trasmitirla. Si eres fiel a tu voz como escritor y perseveras en ella, enriqueciéndola cada vez, ya has alcanzado el éxito, independientemente de cuántos libros vendas o dejes de vender…

 

Ahora que ya has presentado Sones de Iemanyá, ¿cuáles son tus proyectos?

Pues justamente he acabado de escribir uno de mis experimentos narrativos hace nada, en el cual mezclo el mundo de las bibliotecas con el de los animales. Espero que pronto vea la luz. Y tengo un montón ideas para escribir en el futuro, cada cual diferente, si bien me gustaría abordar tres en concreto en los próximos años: una sería una pequeña colección de cuentos fantásticos de temática japonesa. Viajé a Japón el pasado otoño y volví con una serie de ideas muy locas que me apetecería plasmar en formato cuento; ya estoy trabajando en ello. Lo siguiente sería una novela corta ambientada en el mundo de la noche madrileña. Y, por último, otra novela más extensa y de trama muy actual, simbólica, casi en tono de ciencia ficción. Esos son mis proyectos inmediatos, vamos a ver cómo evolucionan. Ya se sabe: despacito y con buena letra.


  • Nombre: JB Rodríguez Aguilar.
  • Género: novela, ficción contemporánea.
  • Bio: JB Rodríguez Aguilar (Madrid, 1973) es escritor, traductor y bibliotecario. Ha realizado los estudios de Bellas Artes en la Universidad Complutense y el grado medio de Música en el Conservatorio de Arturo Soria de Madrid. Como escritor, ha publicado cuatro novelas: Umbrío, entre los muertos (2011), acompañada de la banda sonora original compuesta por el músico Eduardo de la Iglesia; la novela corta La rueda del extravío (2013); El berbiquí (2014) –todas ellas editadas por Éride–; y recientemente, Sones de Iemanyá, publicada por Malbec en 2017. Asimismo, es autor de la colección de relatos fantásticos Cuentos de indagación y neurosis, ganadora en 2008 del XIV Premio de Cuentos del Ateneo de La Laguna, publicada por dicha institución en 2010 y reeditada por Éride en 2015. Ha colaborado, además, como redactor en antologías, blogs y revistas culturales, como Culturamas o Salamandra, así como en la página web del Ayuntamiento de Madrid. Como traductor del portugués al castellano, ha traducido en solitario la novela Los bruzundangas (Rapsoda, 2016), del escritor brasileño Lima Barreto (1881-1922). Y junto a Bethania Guerra de Lemos: las antologías de relatos Cuentos de Madurez (Pre-Textos, 2011) y Cuentos fluminenses (Rapsoda, 2015), de J. M. Machado de Assis (1839-1908); la novela La corrala (Plaza y Valdés, 2016), de Aluísio Azevedo (1857-1913); y el poemario Días insólitos (Manuscritos, 2013), de Márcio Catunda.
  • Web del autor: www.jbrodriguezaguilar.com

Libro: Sones de Iemanyá

 

Disponible en:

Booktrailer Sones de Iemanyá

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