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Entrevista a Sergio Fuster, autor de «La sacerdotisa»

Buenos días, Sergio. Estamos encantados de poder hablar contigo sobre tu novela La sacerdotisa (Editorial Antigua), la cual es una obra muy intrigante, abierta a interpretaciones tanto filosóficas como teológicas.

El personaje de Salvador es un profesor exseminarista que alberga un vacío existencial y está algo desencantado con la humanidad. ¿Qué le ha llevado a sentirse así con el mundo que lo rodea?

Cuidé que la trama no se centrara en las vidas privadas de los personajes, sino en su perfil psicológico y existencial y que funcionase como espejo para el lector. Cada uno de ellos conforma un símbolo. Una idea. Salvador, como su nombre lo indica, es un «tipo crístico»; y va a emprender un viaje iniciático a través de los misterios de la vida y de la muerte para descubrir quién es en realidad. Básicamente espeja la necesidad espiritual que todos tenemos.  Posiblemente esa necesidad se deba a la posibilidad de la propia muerte. La finitud, pienso, dispara la angustia existencial. La novela es también una reflexión sobre la muerte.

 

Rodolfo encuentra en Salvador un alma afín. ¿Cuáles son los puntos conectores entre ambos personajes?

A pesar de ser personajes antitéticos se encuentran en muchos puntos. En las ideas suicidas, en la culpa, en la búsqueda de una redención. Salvador salvará a Rodolfo, y Marilyn, la heroína, tal vez salve a ambos o tal vez propicie su destrucción. Los tres conforman un triángulo que representan distintas estructuras psicológicas y estadios espirituales. Los tres responden a la dialéctica de lo sobrenatural. Rodolfo, la neurosis obsesiva, el que busca la salvación, el adepto; Salvador, la psicosis latente, la víctima del holocausto; y Marilyn la perversión, la extraña conjunción del bien y del mal, la ejecutora y redentora final de un sacrificio, la maestra ascendida; todo al mismo tiempo.

 

Relacionado con la pregunta anterior, la historia que cuentas está muy bien configurada y no dejas ningún cabo suelto. ¿Siempre tuviste claro cómo querías que fueran o la historia se iba desarrollando a medida que la escribías?

La estructura básica surgió desde el principio. Lo curioso fue el contenido. Se escribió prácticamente sola, simplemente fluyó. Tal es así que el período de corrección fue breve. Sentí que si bien yo fijé algunas pautas del relato, los que terminaron escribiendo la historia fueron los personajes que cobraron vida a través de mí. Suena extraño, pero así sucedió. Confieso que muchas veces llegué a asustarme un poco por el poder que adquirían los personajes por medio de mi canal. Si realmente existe un «inconsciente colectivo», como es la hipótesis de Jung, creo que muchas cosas que escribí surgieron de ese averno.

 

En un momento del libro, el personaje de Salvador dice: «Se sabe que los adultos, a pesar de su forma de pensar racional, atesoran en el baúl interno de su construcción psicológica un espacio para las supersticiones, un mundo mágico, animista, que es lo que se activa ante aquellas cuestiones que a la razón se tornan insuficientes». ¿Por qué existe una necesidad humana de creer en «algo más»?

Yo creo que es como te decía anteriormente, por la finitud. La muerte como posibilidad real, las pérdidas, la búsqueda inacabada de los valores hacen que los humanos construyamos un relato que nos salve. Los finales felices no existen, por eso el cine y la literatura nos atraen tanto, porque nos prometen lo que nunca tendremos. La vida, en cambio, es una «novela que termina siempre mal»: en la nada de la muerte. El sentido siempre está en algo más allá, en un plus. Siempre tenemos desplazado en el fondo de nosotros un mundo mágico infantil en nuestra prehistoria personal. Por más adultos y sensatos que seamos, ese estrato sobrenatural está presente, acechando. Y es regresivo. La totalidad, Dios, el más allá, el paraíso, lo mágico, son en realidad, creo yo, relatos que evocan la necesidad de la totalidad materna. Para el niño dentro de la madre todo es vida. Todo es Eros, nada es Thanatos. Fuera de la madre, en el mundo, estamos arrojados a la nada del destino, regresar nuevamente a ella, a la vida es imposible (solo se parodia en los ritos, en la búsqueda mística, en las predicciones, en los sueños y en las fantasías). La realidad, nos guste o no, muestra que solo nos queda el camino hacia adelante, a la madre tierra. No lo podemos revertir. Por ello la novela es también una filosofía de la existencia y del tiempo.

 

Te has especializado en Historia y Fenomenología de las Religiones. Pero además eres filósofo y teólogo. Esto último coincide con el personaje de Salvador. ¿Crees que como autor es inevitable hablar de lo que uno conoce? ¿Cuánto hay de ti mismo en esta novela?

Uno siempre escribe desde sus propios relatos, lo autobiográfico es inevitable. Pero la historia es solo ficción. Las menciones a lo esotérico y a la historia de las religiones son los temas que estudio. Por ello hay múltiples referencias a ellos. No siento que un personaje en especial sea un alter ego mío. Creo que yo soy todos ellos, soy la historia en sí, y ellos son en su conjunto una parte de mí. El protagonista central es el mensaje.

 

Marilyn se encuentra realizando una tesis sobre los sueños en donde estudia el simbolismo onírico. ¿Hay una parte inconsciente de nosotros que siempre intenta hablar manifestándose a través de los sueños? ¿Por qué le resulta interesante este tema a tu personaje?

Freud, Jung y otros pensaban eso. Lo onírico sigue siendo un misterio. Pero los sueños, sueños son. Con respecto al personaje, Marilyn no tiene origen, es la verdad, la maldad y la iluminación. Marilyn es la dueña del tiempo. Pero también es una persona real. El relato posee variadas lecturas. En una lectura desde lo espiritual, Marilyn puede ser asumida como una mujer que viene del infierno, por su forma perversa de actuar; o del cielo, como enviada para ayudar a Salvador, por su ternura maternal. Y puede ser leída desde una mujer común, como cualquier otra, que posee su propia carga de culpa. Que tiene sus pesos existenciales y sus propias búsquedas. Por ello es también presentada como alguien que estudia, que tiene miedos, sueños, culpas antiguas. Marilyn puede ser interpretada como una mujer común y corriente o como alguien mágico. Es «la sacerdotisa» y será lo que cada uno quiera ver en ella. La proyección que se haga de esta rara mujer será la respuesta última.

 

Como autor tienes un gran bagaje, sobre todo en lo que respecta al ensayo. La sacerdotisa es tu primera novela. ¿Qué diferencias encuentras entre escribir narrativa y un texto en el que se desarrollan ideas como es el ensayo?

Yo en realidad soy ensayista. El ensayo filosófico o teológico a mí entender tiene otras exigencias. En el ensayo, en lo personal, no me centro en la prosa, solo me ocupo que sea riguroso. Es cierto que hay ensayos literarios como escribía Octavio Paz, Camus o Malraux. Admiro ese tipo de estilos pero no lo aplico a mi escritura. Hay técnica en el ensayo y cierto cálculo. No creo que sea arte. La novela, la literatura de ficción en este caso, creo que sí lo es. El arte es estético. Rompe reglas. El arte surge, no de un pensamiento, sino de la sensibilidad. Surge de un gran dolor. Transmite algo al otro. El observador del arte no es pasivo. Hay algo de magia. Hay un mensaje que se transfiere al otro y ese otro lo continúa, sigue prolongando la obra en él. Hay una relación semiótica, diría mística entre el arte y lo espiritual.

 

Esta tu primera novela es una obra llena de profundidad en sus diálogos. Muchos de ellos invitan al lector a una reflexión sobre lo que se está hablando. ¿Cómo ha sido el proceso de escritura? ¿Crees que es necesario llevar una rutina para escribir?

Como ya te comenté, sentí que la historia surgió casi de manera natural. La novela es un modo de hacer filosofía o teología desde otro lugar, de llegar a otro público. La sacerdotisa es una novela para reflexionar y para sentir. Y con relación a la rutina, no es lo mismo el ensayo en el que el tiempo apremia, la novela en mí caso fue otra experiencia. No sé como escriben otros, para mí el arte debe ser disparado por algo, no creo en los escritores profesionales. Escribir no es una profesión, una técnica, ni siquiera un talento. Eso es a posteriori. Pienso que la literatura debe surgir de regiones profundas de uno. De vivencias. En lo personal no creo en esas personas que se sientan a planear cómo escribir una historia. Al menos a mi no me pasó así.

 

Cuando Salvador conoce a Marilyn al principio la niña es dulce y atenta con él. Sin embargo, el personaje se torna perverso y siniestro. ¿Cómo ha sido indagar en la parte más oscura del ser humano para escribir un personaje tan interesante como este?

El lado oscuro que deposité en el personaje de Marilyn en realidad representa la dialéctica siniestra de lo sagrado. Lo divino es terrorífico y es atrayente al mismo tiempo. Es ambivalente. Angélico y demoníaco. Marilyn es la personificación de las Diosas malvadas de los oscuros cultos a la fertilidad, las Diosas que exigían ofrendas de sangre, pero a la vez es la madre virginal, la que ilumina, la que fecunda al salvador. Las religiones son proyecciones culturales de la naturaleza diversa del hombre. Marilyn es esa construcción. Creo que en cada frase, descripción o diálogo de la historia hay algo de bello y de malvado al mismo tiempo. Marilyn aparecerá en la vida de Salvador para salvarlo, pero para ello deberá primero destruirlo.

 

Nos ha gustado mucho el final de su novela donde de manera imprevista surge un final impactante. ¿Tenías claro desde el principio cómo sería este final tan desgarrador?

La novela comienza en el final. Desde la primera oración el lector es avisado como concluye. Intuyo que la pregunta del lector no es cuál será el final, sino  por qué es este final y no otro. En la búsqueda de esa respuesta se revelan los personajes y los temas que dominarán la trama: el amor, la amistad, el mal, la culpa, el apego, la libertad, la ética, la muerte inesperada y el problema del suicidio. Como te comenté anteriormente el esqueleto de la novela estaba pensado desde el principio, lo que sorprende, es decir, me sorprendió a mí, fue que los personajes cobraron autonomía y que fueran ellos a través de mí los que terminaron concluyendo la historia. Sinceramente no me siento el autor.

 

Estamos llegando al final de la entrevista, Sergio. ¿Te gustaría decirle algo a tus lectores que nosotros no te hayamos preguntado?

Solo mencionar que la historia puede ser leída desde distintos aspectos, desde la psicología, desde la espiritualidad o desde la filosofía. Creo que hay muchos finales, hay muchas posibilidades, se levantan muchos interrogantes. El lector puede quedarse con la idea propuesta o abrirse a sus conclusiones, es una historia no necesariamente para que el lector sea pasivo, aunque puede serlo, sino para que el lector entre en diálogo con el texto, que sea él quien lo termine con su propia opinión. En esto es una novela que deja puertas para ser abiertas, interrogantes espirituales, preguntas acerca de la locura y de la magia, lugares oscuros de la mente para investigar… si se animan a ello.

Te agradezco mucho la charla. 

Muchas gracias por concedernos esta entrevista. Ha sido un placer poder hablar contigo sobre tu libro La sacerdotisa.

 


  • Nombre: Sergio Fuster
  • Género:  Narrativa
  • Bio: Sergio Fuster es un teólogo y filósofo argentino nacido en Buenos Aires en 1965. Se especializa en Historia y Fenomenología de las Religiones y ha escrito numerosos ensayos. Se confiesa ateo y es conocido por sus estudios críticos sobre el fenómeno religioso. En sus obras ha tratado temas diversos pero siempre como eje central está presente el pensar el fenómeno religioso y la necesidad humana de trascendencia. Ha publicado numerosos artículos académicos y de divulgación en América Latina y en Europa. Entre sus libros se encuentran: Redención y liberación (2012); El espíritu sin tiempo. Disertaciones sobre la espiritualidad humana (2013); La religión partida. Problemas del diálogo interreligioso en el siglo XXI (2014); El Dios digital (2015) y El campo de la trascendencia. Tratado de filosofía y psicología de la religión. Tomo I (2016) y La religión en el mundo contemporáneo (2018). La sacerdotisa, es su primera novela y pretende lograr una continuación temática con el resto de su obra. En otras palabras, la misma fue construida como un intento de pensar la espiritualidad humana desde un acceso diferente, la literatura.
  • Obra: La sacerdotisa

Disponible en: Podibooks, Ozonum y El rincón de la lectura

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