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Entrevista a Javier Santos Blanco, autor de «La sombra de Bonnie Blue»

¡Hola, Javier! Muchas gracias por atendernos para hablar contigo sobre tu novela La sombra de Bonnie Blue (editorial Libros Indie), que narra la durísima, aunque verídica, historia del asesinato de Emmett Till, un joven adolescente afroamericano en Misisipi por, presuntamente, haber coqueteado con una mujer blanca, en una época en la que Estados Unidos estaba regida bajo las leyes Jim Crow. Esta obra nos ha emocionado y nos ha hecho reflexionar mucho sobre los derechos humanos. ¿Por qué decidiste basar tu libro en este hecho real?

Basé mi novela en estos hechos porque creo que vivimos un tiempo donde la intransigencia está de nuevo separando la sociedad en bloques incompatibles. Pretendo que sea un toque de atención para recordar que el género humano, que todos, somos capaces de lo mejor, pero igualmente de lo peor, hasta lo inimaginable. Los hechos que narro en esta novela son buen ejemplo de ello.

Además, nos ha picado la curiosidad: ¿por qué elegiste esta etapa de la historia de Estados Unidos para escribir tu libro? ¿Y de dónde surge este interés?

Pues, aunque es posible que decir esto me suponga más de un insulto, lo cierto es que surgió fruto de una conversación tras hacerse público que se pretendía considerar micromachismo el modo en que un hombre miraba a una mujer. Unas amigas mías defendían, hasta cierto punto, esta medida y otras semejantes. Eso me recordó, salvando las distancias, la época en que la ley Jim Crow regía la relaciones entre los blancos y los negros en varios estados sureños, en especial la forma en que un hombre negro podía, o mejor, no podía, relacionarse con una mujer blanca: no podía hablarla salvo que le dirigiera primero la palabra, ni rozarle la piel de la mano a la hora de pagar la cuenta, ni, por supuesto, mirarle a la cara.

Como hemos comentado, La sombra de Bonnie Blue está basada en hechos reales, y esto se puede ver muy bien reflejado a lo largo de toda la novela. ¿Cómo fue el proceso de documentación? ¿Qué fue lo que más te costó de escribir esta obra?

La mayor parte de los datos los obtuve a través de unos archivos desclasificados del FBI. Aunque estos aparecían censurados en los lugares donde debían estar los nombres de pila, me hice con un ejemplar del ensayo The blood of Emmett Till, de Timothy B. Tyson, un periodista afroamericano, que me permitió rellenar algún hueco, y el resto, lo obtuve a través de prensa de la época.

En cuanto a qué fue lo más duro, lo peor fue la historia en sí misma. Uno acaba por conocer y apreciar a sus personajes y, en este caso, sentir su dolor casi como propio.

Asimismo, no solo los hechos que aparecen en el libro han ocurrido de verdad, sino que los personajes que la protagonizan han existido de verdad. Nos ha sorprendido la manera que tienes de mostrar los pensamientos de personas tan distintas. ¿Qué es lo más difícil de ponerte en la piel de unos personajes con ideologías tan dispares?

Escribir tiene no poco de interpretación. Te pones en la piel de cada personaje, te transmutas hasta convertirte un poco en ellos, incluso en los más mezquinos y miserables, como los que aparecen en mi obra. Todos somos prismáticos, todos tenemos multitud de caras y, aunque solemos mostrar las más brillantes, tras ellas escondemos las más oscuras.

Las leyes Jim Crow, que estuvieron vigentes entre 1876 y 1965, propugnaban la segregación racial en todas las instalaciones públicas y la supremacía blanca estadounidense, separando a los grupos étnicos no blancos y dotándolos de desventajas sociales, económicas y educativas. Casi 70 años más tarde del año en el que tuvo el suceso de la muerte de Emmett, estas leyes nos parecen una aberración, aunque ¿opinas que esta situación dista mucho la realidad de aquella época con la actualidad o existe todavía una discriminación o un racismo encubierto, como el que promulgó el movimiento Black Lives Matter?

Bueno, no hay más que echar un vistazo a las noticias para ver que queda mucho camino por recorrer. Por otro lado, el racismo es algo inherente al ser humano, una herencia de cuando éramos tribus, un atavismo. Quizá llegue un día en que el mestizaje cada vez más extendido en un mundo ya sin distancias acabe con la segregación por la piel, pero perdurará en su lugar la del sexo, la religión la opinión…  No. No soy muy optimista. Está claro.

Aunque se señale de manera más sutil, en tu novela se establece una crítica a ciertos personajes, como el hombre negro que ve el cadáver de Emmett en el pickup, pero jamás lo cuenta, o los vecinos de Moses y Lillybeth, que no los ayudan por las repercusiones sociales que se puedan producir. ¿Crees que aquellos que no producen el daño, pero no hacen nada por evitarlo son tan culpables como aquellos que ejecutan la acción? ¿Consideras que el miedo es una causa justificable para que se actúe de esa manera?

Pues en cuanto a ambas preguntas, hasta cierto punto. Lo explico mejor con un ejemplo propio. Hace años viajaba con mi pareje en el metro de Londres. En los asientos a mi derecha viajaban dos adolescentes con estética skin. En eso entró una pareja paquistaní con dos niños. Sentaron a estos frente a mí, y ellos fueron a sentarse junto a los skin. Os lo podéis imaginar. Uno de ellos puso un pie sobre el asiento para negarle el sitio. El marido, prudente, decidió que no merecía la pena, pero la mujer decidió que no podía dejarlo así. Le propinó un golpe en la pierna para que dejara el asiento libre. El skin se abalanzó sobre ella. Tal vez fuéramos una treintena de personas en el vagón, peo no hicimos nada. Finalmente, yo me abalancé sobre el agresor golpeándolo y otros dos hombres obligaron a bajarse en la primera estación. No lo cuento como heroicidad, sino como algo vergonzoso. No hicimos nada hasta que ya era tarde. Por ellos, sí, se es responsable por inacción.

Resulta irónico que los que cometen el asesinato del joven Till sean los mismos que han luchado por los derechos de su país. ¿Qué opinas de la hipocresía que se da en la mentalidad de estos individuos que lucharon en la Segunda Guerra Mundial contra ideas como el nazismo pero que, sin embargo, rechazaban a aquellos que no eran blancos?

Bueno, en realidad los Estados Unidos no lucharon por la libertad de nadie. En realidad, era el país, tras Alemania, obviamente, con más afiliados y simpatizantes nazis. Si entraron en guerra fue porque primero los atacó Japón y, acto seguido, Hitler le declaró la guerra, no por bonhomía.

Eula Lee, la madre de John y madrastra de Roy, cría a la familia con unas ideas muy establecidas: los hombres debían ser duros, demostrar que tenían razón mediante la violencia y que los blancos estaban por encima de cualquiera. ¿Piensas que alguien a quien se ha educado con unas bases erróneas se puede desprender de ellas o son inherentes a su persona?

Es difícil desprogramarse de la educación recibida de niño, y más difícil aún si toda la sociedad apoya esas mismas ideas. Exige mucha reflexión y mucho valor. Tal vez, algún día, te den la razón, pero hasta que ese día llegue tu vida ha sido, sin duda, la de un paria. Es mucho mejor dejarse llevar, por eso recordamos a las personas que rompen esos tabúes. El resto, como decía ese director de cine español, somos contingente.

Pese a que no está certificado ni recogido en los hechos históricos, en tu novela se deja entrever que uno de los sheriffs está bajo las demandas de un alto cargo político. ¿Crees que en algunos aspectos de injusticia social subyacen ciertos intereses políticos?

Sin la menor duda. Bien reciente hemos tenido en España una terrible etapa marcada por el terrorismo, no debemos olvidar a ese líder que, refiriéndose a esa lacra, dijo aquello de: “Alguien debe agitar el árbol para recoger los frutos”. Que estos fueran cadáveres no parecía importar demasiado.

Como en la mayoría de los movimientos sociales, siempre hay un detonante que conlleva a su inicio, y en la mayoría de los casos suele ser la muerte de alguna persona, normalmente por causas injustas e inhumanas. ¿Qué crees que se puede hacer para evitar que ocurran estas tragedias antes de que sea demasiado tarde?

Posiblemente poco. La figura del mártir acaba encauzando toda la rabia contenida porque, si uno cualquiera muere, tal vez tú seas el siguiente. Es entonces cuando la gente se hecha a la calle, cuando teme por su vida o la vida de los suyos. De hecho, esa figura del mártir es una variante del conocido casus belli usado a lo largo de la historia por los diversos gobiernos.

Además de La sombra de Bonnie Blue, has escrito otras novelas, como Hijos de los hombres (editorial Atlantis), Tierra de hidalgos (ediciones Camelot) o Ruinas (editorial Maluma). ¿En qué dista esta novela de las demás y qué ha supuesto para ti como escritor? ¿Estás trabajando en algún otro proyecto?

Cada una de mis novelas es una forma bastarda de diversos géneros. Mezclo géneros en distintos contextos, bien sea la novela histórica, como mis dos primeras obras, o la llamada novela negra. Ninguna tiene nada en común con las anteriores.

En cuanto a si estoy trabajando en otro proyecto, desde luego. Tengo otra novela histórica finalizada y otra en la que estoy trabajando en este momento. Un escritor está siempre metido en un proyecto, aunque sea de pensamiento. Hay que dejarlo en el horno hasta que te arde la cabeza y lo sacas.

Antes de que terminemos la entrevista, ¿hay alguna cuestión qué te gustaría compartir con tus lectores que no hayamos abordado?

Pues me gustaría hacer un llamamiento a los lectores de esta entrevista y, ya puestos, al mundo en general, por ambición que no sea. Quisiera llamar a la reflexión, al respeto por las ideas ajenas. Quisiera que la gente se planteara la posibilidad de que, quizá, sean ellos los equivocados. Siempre pensé que el famoso retrato de Dorian Grey era en realidad un espejo que mostraba el interior de quien se mirase en él. Es un acto perturbador, pero también liberador. Pero, como dudo que nadie me haga caso, lo entiendo, quisiera recordar que quizá no todos tengamos el cuajo de ser verdugos, pero seguro que todos podemos ser víctimas. Recuerden: todos podemos ser Emmett Till. Gracias.

¡Muchas gracias por atendernos, Javier! Esperamos que tengas mucha suerte con tu nueva novela, La sombra de Bonnie Blue, ya disponible en las librerías online.


  • Nombre: Javier Santos Blanco
  • Género: ficción, novela negra
  • Biografía: nacido en Santander (1964). Ganador premio relato «Tertulia Goya» 1996. Premio nacional de cuento infantil «Tertulia Goya» 1997. Es autor de cuatro novelas: Hijos de los hombres (Editorial Atlantis, 2018), Tierra de hidalgos (Ediciones Camelot, 2019. Finalista VI premio internacional de novela histórica Alexandre Dumas), Ruinas (Editorial Maluma 2021) y La sombra de Bonnie Blue (Editorial Libros Indie, 2021). Igualmente ha participado en antologías de relato Viajes hacia la imaginación (Editorial Maluma, 2020, poesía «Poetas nocturnos»). Finalista premio internacional de microrrelato «Universo de libros», así como publicado microrrelatos tanto en revistas españolas Pluma y pincel, como extranjeras La sirena varada, Nocturnario (México); Plumas (Argentina); Artes escénicas (Bolivia), etc. Colabora ocasionalmente con artículos en el periódico El Diario Montañés.
  • Redes sociales: Facebook
  • Obra: La sombra de Bonnie Blue

Disponible en: Amazon, La Casa del Libro, Agapea, Quares

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