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Entrevista a Gabriel Széplaki Otahola, autor de «La guerra del fin del mundo de Periquita Robles»

Buenos días, Gabriel. Acabas de publicar con la editorial Tregolam tu primera novela: La guerra del fin del mundo de Periquita Robles (Editorial Tregolam). En ella narras la historia de Pueblo, a través de su protagonista Periquita Robles, cuyos habitantes tienen que enfrentarse a los invasores que pretenden destruir su poblado para construir una represa.

¿Cómo surgió la idea de esta novela? ¿Por qué quisiste contar la historia de Pueblo?

Buenos días, ¿cómo estás? Gracias por las preguntas.

Esta novela pequeña y elemental ha estado dando vueltas en mi cabeza y la he estado pensando durante los últimos veinticinco años. Sin embargo, la escribí como tal en los tres meses del invierno húngaro.

Cuando mis hijas tenían cinco años les contaba cuentos antes de dormir. Pero los llamados cuentos infantiles suelen ser perturbadores para los niños, así que les inventaba otros cuentos. Cuentos de montañas y ríos, de la selva, árboles, águilas altivas y jaguares. Cuentos de la hacienda de nuestros ancestros. Y, como vivíamos en una vetusta casa colonial en un pueblo perdido en el oriente de Venezuela, eran lógicos esos cuentos rurales. Allí nacieron noche a noche las ideas de lo que sería la novela. La historia de un pueblo lleno de libertad e igualdad, de belleza y sabiduría.

 

La narración de La guerra del fin del mundo de Periquita Robles está ágilmente construida ¿Hubo algún proceso de investigación sobre el modo de vida de los indígenas suramericanos para desarrollar la trama?

Casi toda mi vida he vivido en entornos rurales, he vivido de la agricultura sembrando en fincas mecanizadas, pero también he sembrado a la manera antigua, en conuco o huerta (como creo que sería su equivalente en castellano más internacional), y he visto lo arrogante de esta agricultura moderna supuestamente superior. Pero también vi muchas veces cómo las plagas que arrasaban sus cultivos no osaban llegar siquiera al mío: pequeño, variado, orgánico y humano. Donde había arañas y avispas, hormigas, lagartijas y pajaritos. Claro, también algunas culebras. Así que mi experiencia con formas tradicionales de producción sirvió de base para la escritura.

Así mismo, he sido un constante buscador de información en estos temas y mi trabajo grabando y filmando documentales me llevó a muchos rincones alejados y perdidos. Allí obtuve conocimiento y miradas a los modos indígenas y campesinos muchos de los cuales dan de comer a miles de personas mansamente y en silencio. Con semillas guardadas por generaciones que resisten plagas, pestes y sequías. Crecen sin abono y no necesitan venenos. También he bebido de las fuentes de propuestas agrícolas que integran tecnologías y formas modernas como la permacultura.

También investigué profundamente en temas como el lenguaje y las palabras antiguas, los modos de hacer telas y calzados y muchas cosas más. Para escribir esta novela hubo vivencias e investigación.

 

Periquita Robles, la protagonista y narradora de la historia, le cuenta al lector el modo de vida de su poblado, así como su idiosincrasia, su entorno, su historia, etc. Un pueblo en medio de la selva que más de una vez ha tenido que defender su hábitat. De hecho, en la narración cobra mucha importancia la parte defensiva de Pueblo. ¿Tomaste como referencia a algún pueblo indígena para escribir la novela?

Esta novela no es histórica en un sentido real. Es una utopía, aunque ciertamente muy posible, y hunde sus raíces en la historia de muchísimas gentes que dijeron no, que se alzaron y se largaron a los montes alejados, a las selvas profundas, a las montañas protectoras. Y allí construyeron sus casas y sus sueños. Pasó mucho en Venezuela. Pero hasta aquí las similitudes. Pueblo es mestizo, indígena, africano y muy español. Y Pueblo decidió romper con los dioses y espíritus del pasado y con todas las tradiciones que los ataban. No desearon jefes ni caciques y todos serían iguales. Así, fueron creando una nueva cultura, una nueva manera de ver y entender el mundo. Allí, está su éxito: evolucionaron culturalmente. Cosa que creo que no sucedió con otros pueblos libres que retomaron las antiguas costumbres y modos.

La historia del Quilombo Dos Palmares en Brasil, que vivió libre por más de cien años resistiendo y desarrollándose fue una fuente de información. Así como lo fueron las formas de luchar de raíces africanas como la capoeira y también las escuelas españolas de esgrima y la Verdadera Destreza.

La geografía de Pueblo existe tal como es descrita en el relato. Y he pasado años y años observando y descubriendo que era casi una fortaleza natural. Solo fue cosa de describirla.

 

De la lectura se difiere la sensación de que el propio ser humano expolia sus raíces, que está en continuo ataque. ¿A través de esta obra también querías denunciar la desprotección que sufren los pueblos autóctonos, así como la contraposición entre el mundo capitalista y la defensa de la naturaleza?

Creo que no estoy denunciando, al menos no fue mi intención más directa.

En Venezuela, a principio de siglo, el difunto Chávez inició la desafectación de varios Parques Nacionales que habían estado protegidos desde hace mucho, entre ellos el Parque Nacional Canaima (el segundo más grande del mundo), en el amazonas venezolano. El actual gobierno continúa haciéndolo y devasta áreas prístinas y de enorme importancia ecológica que, como ya dije, estaban protegidas. Esto es lo que pasa en el caso de Pueblo. Casos similares están sucediendo en muchos países. Quieren explotar minas en Alaska y desforestan la Selva Amazónica.

Creo que más que denunciar pretendo dejar claro que ni los pueblos autóctonos, ni los grupos ambientalistas, por mucho que luchen pueden vencer a la maquinaria financiera, tecnológica y militar del mundo industrializado, Sea capitalista o comunista.

La supervivencia de muchos pueblos tradicionales y de muchos espacios naturales dependen también de que las personas en los países llamados desarrollados ( algunos piensan que sobredesarrollados), tomen conciencia de que la simple decisión diaria de  tomarse una taza de café orgánico de comercio justo puede hacer que una colina poblada de árboles añosos, bajo cuya sombra crecen los cafetales y que está poblada por una gran diversidad de plantas y animales sea quemada, desmontada y convertida en pastizal solo porque el precio del café no da para que la familia viva y la ganadería tal vez sí. Entonces, tomar un café en la mañana tiene efectos a miles de kilómetros, en los ecosistemas y pueblos tropicales y no hablemos de cómo el consumo de drogas de los europeos desestabiliza las democracias en el tercer mundo.

En Pueblo lucharán y venderán cara su vida. Aun así, si no los apoyamos, solos no podrán, serán derrotados, vencidos. y humillados desaparecerán.

 

Tu novela está llena de frases llenas de belleza que acercan al lector a la forma de vida de Pueblo y de sus creencias: «Lo mejor es vivir una vida digna de haber sido vivida. Una vida con la cual apoyaste a tu gente, dejaste huella allí donde viviste y que tus obras grandes o pequeñas queden. Allí seguirás viviendo y cuando vuelvas, si vuelves, como rocío, niebla, helecho o flor de viento, como manantial, tigre-yaguar, águila, pájaro… tal vez te reconozcan». Uno de los temas que se plantean a lo largo del libro es este precisamente: la unión. ¿Qué otras cuestiones se tratan en La guerra del fin del mundo de Periquita Robles?

Creo que se aborda el tema de qué significa la vida o de qué debería significar. Eres tú y tu inmediatez o hay algo mucho más allá de uno mismo. Y ese algo, es la humanidad. Sabes, si vives para ti y no construyes para otros, no siembras el árbol del que no comerás, entonces vives una vida centrada en ti y en tu pequeñez. En Pueblo no tienen dioses, pero saben que en aquello que hiciste y construiste seguirás viviendo.

Mi abuelo materno era boticario o farmacéutico, murió cuando yo tenía cinco años, pero sigue viviendo en los cuentos y anécdotas que de él quedaron. Y en los hermosos morteros con que trabajaba en su farmacia, que yo heredé de mi madre y mis hijas de mí. Seguimos vivos en nuestra descendencia, en lo que dejamos o construimos para otros. Eso es fundamental en Pueblo, ser útil y servir a otros.

También se plantea cómo a través de una agricultura diferente se logra vivir con un mínimo de trabajo, se plantea el tema del tiempo para usarlo en actividades diferentes a la mera supervivencia.

Por cierto, los árboles de los que comen en Pueblo existen, tengo años sembrándolos en la pequeña finca que fuera de mis abuelos, que además es el paisaje geográfico real donde está asentado Pueblo. «Yo, vivo en Pueblo».

 

Pueblo se sitúa en medio de un valle con grandes árboles. Se caracteriza por la paz y la calma. Socialmente, prima la igualdad entre hombres y mujeres; culturalmente, todos aprenden a leer y a escribir, a hacer teatro, música y a pelear a cuerpo descubierto y armados; e ideológicamente, sienten un gran respeto por la vida. ¿Qué otros aspectos destacan en los habitantes de este pueblo nativo?

Creo que en el aspecto ideológico resalta el hecho de que Pueblo fue forjado por sus mujeres y se erigió en una sociedad donde lo femenino tiene primacía; las niñas y jóvenes son sagradas y libres. Aprenden a pelear desde niñas y siempre van armadas, porque la libertad es un don y un privilegio que hay que saber defender. Eso se destaca: la libertad debe ser defendida y las mujeres deben defender su libertad.

Yo mismo enseñé a mis hijas a pelear con manos y pies, y a usar el revólver con la mano izquierda; pues la derecha debe reservarse para el puñal que necesita más destreza. Así, me lo enseñó mi abuela.

En el plano práctico Pueblo, aunque utopía, es una, que puestos a prueba sus medios de producción pasarían eximidos. Su agricultura basada en árboles y conuco es real, totalmente ecológica, sustentable y muy productiva.

También se destaca la idea de que la felicidad está en la búsqueda de lo verdaderamente importante y que esa búsqueda confiere sentido a la vida. Para ellos, la belleza es importante; tanto su propia belleza física como la gracia y donaire al usar el cuerpo y se esfuerzan en lograr la perfección en todo lo que hacen, porque la belleza y la perfección son la vida misma.

 

La guerra del fin del mundo de Periquita Robles está llena de misterio, tensión, detalle y singularidad, entre otras muchas cosas. ¿Has pensado en traducir tu novela para abrirte a un mercado más amplio de lectores?

Ojalá se tradujera a otros idiomas. Aunque, ya casi fue traducida una vez: a la editorial no le pareció bien usar las formas lingüísticas arcaicas de Periquita, y hubieron de ser «traducidas» al español moderno y además, Peninsular. Ojalá, se pudiera traducir.

Creo que tal vez en Japón les gustaría Periquita, pues a través de una familia japonesa llegó a Pueblo la exquisita jardinería Zen, el arte Zen y la acupuntura.

Pueblo, para poder evolucionar, se libró del pasado y se mantuvo aislado desde su fundación en el año 1700, pero no completamente aislado. Siempre supieron que el mundo exterior existía, además, muchos pudieron llegar a Pueblo; por ejemplo, el trágico Che Guevara, la familia japonesa antes mencionada y otra familia que dejó esculpida en la roca el enigmático signo; E= M x C2.

 

Periquita Robles es una chica joven, valiente y de gran belleza, al igual que lo son sus amigas Anaí y Acarantair. En un momento del libro son elegidas para contar la verdad de Pueblo al exterior. Actúan como mensajeras de una afirmación que se palpa a lo largo del libro: todo lo que hacemos tiene un impacto en el resto del mundo. ¿Era este uno de los objetivos que tenías como escritor y como activista ambiental?

Creo que es uno de los objetivos, dejar claro que nuestra acción diaria tiene efectos en el entorno y que como ciudadanos tenemos un inmenso poder, pero debemos levantar nuestra voz y protestar. Obligarlos a que escuchen nuestro rugido.

Escribir la novela: ese era el objetivo. Y publicarla. En un momento de mi vida en que la muerte se me acercó demasiado le dije a mi esposa que de lo que más me arrepentía era de no haber escrito Periquita… La vida da revanchas y felizmente no morí, y pude escribirla.

Creo que sí quise transmitir la idea de que la pobreza no es lo que usualmente pensamos. En Pueblo no son pobres, no son gente sufrida. Aunque no tengan dinero ni carros, computadoras ni Internet. Tienen cultura y educación, comida y belleza; poseen una espiritualidad que los libera y buscan la trascendencia como práctica diaria; tienen, para los menos elevados, una búsqueda continua de la perfección, tanto en lo que hacen como en forjar su propio cuerpo y habilidades físicas. Son consumados guerreros y espadachines; caminan hermosamente erguidos y fluidos. Los he visto caminar.

Periquita y sus bellísimas amigas son enviadas a contar de Pueblo y a buscar apoyo. Ellas son el medio al tiempo que son el mensaje y ese puede ser otro mensaje de la novela: debemos oír a la gente joven, a las muchachas. Greta, tiene cosas que decir, pero ella, es en sí misma el mensaje que es necesario y perentorio oír.

 

Otros personajes de la novela destacables son Juan Patete, Ramón Mata, El Señor de los tigres-yaguares, los Abuelos y Las Niñas (nombre que hace referencia a una generación determinada) que destacan también por su coraje e intrepidez, así como el respeto por Pueblo ¿Qué otras características consideras que poseen tus protagonistas?

Los tres personajes que mencionas existieron. Uno de ellos, el señor de los Tigres-Yaguares aún está vivo y vive en Finlandia de donde es nativo.

Creo que, como gentes de naturaleza, son sumamente conscientes de su medio, de su corporeidad y de sus habilidades físicas. Huelen, oyen y sienten casi con su piel. Poseen una sensibilidad y habilidad de la que nosotros solemos carecer.

El Juan Patete real era mayordomo en el Hato llanero de nuestra familia. Era un hombre mayor, pequeño, delgado y fuerte, orgulloso y diestro; poseía una sabiduría envidiable y una capacidad de observación extremadamente aguda, sabía leer el viento.

 

Estamos llegando al final de la entrevista, Gabriel. Te dejamos unas líneas para que le comentes lo que quieras a los lectores.

Creo que el libro es una invitación a reconocer que, en la sencillez, en la naturaleza y la bondad, están algunos de los valores más elevados que tenemos los seres humanos. La verdadera riqueza está en lo vivo, en la vida que crece, en que puedas respirar el amanecer húmedo de rocío. La vida verdadera no está en la pantalla de la computadora.

Creo que el libro invita a que tomemos conciencia de que nuestras acciones diarias y cotidianas si tienen un importante peso en los aconteceres del mundo por lejano que nos parezca; tanto lo que hacemos, como lo que dejamos de hacer. Por ello, debemos optar por lo correcto, lo ecológico y lo humano.

Gracias a ustedes y gracias a la vida.

 

Muchas gracias por concedernos esta entrevista. Nos ha encantado leerte.

 


  • Nombre:Gabriel Széplaki Otahola
  • Género: novela
  • Bio:Gabriel Alberto Széplaki Otahola. Nace en abril de 1962 en el seno acogedor de una familia tradicional en la zona central de Venezuela. Desde muy niño gustó de los libros y la lectura, de la naturaleza, los árboles, los caballos y las aves de presa. Licenciado en educación, crítico de cine y guionista, productor de documentales y profesor universitario en materias de cine. Ha sido distinguido en dos ocasiones por su trabajo en pro del desarrollo cultural en su región. Durante dos años participó arduamente en un taller de creación poética del que resultaron dos poemarios, aunque ambos inéditos, así como cuentos y relatos. Ha vivido la mayor parte de su vida en entornos rurales, ha sido productor agrícola, activista ambiental, excursionista, corredor, cocinero, estudiante de artes marciales, escultor, lector infatigable y acupunturista, pero lo más importante de su vida es haber sido padre.
  • Obras: La guerra del fin del mundo de Periquita Robles

 

Disponibles en: Amazon, Casa del Libro y Agapea

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