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Entrevista a Manuel Bárcenas: ‘La llave de la taifa. Historia meridional’

Buenos días, Manuel. La llave de la taifa. Historia meridional es tu nueva y segunda novela, una secuela de Brick y el olivo 33. A través de sus páginas, hablas de la corrupción y realizas un valioso retrato de la situación socio-política actual de este país. Todo ello vestido con una falsa novela negra. ¿Qué te llevó a elegir este género para contar la historia? ¿Cómo se te ocurrió el título de la novela? ¿Cómo ideaste el escenario de una corporación junto a un poblado chabolista?

Cuando comencé la “bilogía” que conforma Brick y La llave, mi intención era plasmarla en una historia novelada, pero cuando llevaba escrita una buena parte de la misma, me di cuenta de que lo que estaba relatando era una especie de secuencia de casos de corrupción en las distintas regiones autónomas del país que tenía más de ensayo político y económico que de novela. Como no sabía muy bien cómo hilar en un conjunto coherente todos los casos, decidí aparcar las historias individuales y ajustar la trama a una temática central: la especulación urbanística. Sobre esta hice que crecieran la historia y los personajes, utilizando para ello el formato de novela negra y el recurso de la intriga mafiosa como elemento para atraer la atención del lector. El resultado fue mi primera novela, Brick y el olivo 33, que, en realidad, tan solo es una novela negra en parte, siendo mi principal intención de tipo social. Es decir, describir los entresijos de la especulación urbanística, denunciar a los responsables de la burbuja inmobiliaria, revindicar la justicia y el periodismo como baluartes de la democracia, y mostrar la importancia de refundar una sociedad democrática que no funciona.

Mi intención cuando empecé a escribir La llave de la taifa era centrarme en la corrupción de las grandes corporaciones del IBEX constructor, para lo cual retomé los casos individuales que había descartado para mi primera novela (en realidad, La Llave se gestó cronológicamente antes que Brick). El resultado fue una secuela de Brick, utilizando un esquema estructurado en tres tramas (corporativa, periodística y policial), pero, a diferencia de Brick, la trama negra no tiene el hilo conductor principal. De ahí lo de falsa novela negra. Pero insisto, el recurso a la ficción mafiosa es solo un elemento de enganche del lector. Los verdaderos malos de mi “bilogía” son los responsables políticos y empresariales de la debacle moral y de bienestar en la que nos encontramos, los cuales tienen una responsabilidad criminal a la que tarde o temprano tendrán que enfrentarse.

En lo que se refiere al título de la novela, es resultado de dos realidades bastante evidentes desde hace demasiado tiempo en el estamento político. Por un lado, la existencia de numerosas covachuelas gobernadas por políticos mediocres, sin oficio, pero con mucho beneficio, solo preocupados de sus poltronas; por otro lado, la utilización por el poder político y económico de similares estructuras delictivas organizadas para confabular y hacer de las suyas en sus respectivas taifas, en fraternal contubernio. Unos políticos que ponen la política al servicio de sus intereses con el único fin de enriquecerse y que tienen la llave de la adjudicación de los contratos públicos. Un poder económico que busca con anhelante y avaricioso deseo la llave de entrada de taifas y covachuelas. Asimismo, el subtítulo Historia meridional me lo inspiró el de la obra de Miguel de Cervantes Los trabajos de Persiles y Sigismunda, historia de aventuras de unos príncipes nórdicos desarrollada en gran parte en tierras septentrionales, pero que finaliza, tras el paso por España, en tierras del Sur.

En lo referido al poblado chabolista, no tuve que inventarme nada. La sede de la última empresa en la que trabajé se construyó enfrente del poblado chabolista del Salobral, conviviendo trabajadores y narcogitanos en la proximidad durante unos años hasta que finalmente fue desmantelado.

 

El personaje periodístico de Jana López también apareció en Brick y el olivo 33, aunque en La llave de la taifa. Historia meridional tiene un papel secundario ¿Por qué has decidido rescatarla para la secuela?

No solo el de la periodista Jana López, también el del juez Moisés Berruguete, el presidente de la Diputación Provincial Ramón Aparicio o el senador Miguel Flores. Todos ellos asumen cierto protagonismo en diferentes fases del relato, aunque ciertamente es obvia, a pesar del carácter discreto de ambos en La llave de la taifa (salvo en el cierre de la novela, en el que los convierto claramente en protagonistas), mi natural querencia hacia el juez Berruguete y la periodista López, a los que considero profesionales diligentes en el desempeño de sus responsabilidades; y a sus oficios, baluartes democráticos. No en vano son los personajes más queridos de mi “bilogía”. Además, y como creo que resulta bastante evidente, no puede hablarse propiamente en La llave de la taifa de personajes principales, existiendo una amalgama de personajes secundarios que pugnan por el protagonismo. Como escritor me interesa mucho la dicotomía entre el Bien y el Mal propia de la naturaleza humana y de cada cual, y, en este sentido, me seduce tanto el sacar del mundo de los muertos las heroicas vidas de los que fueron o ensalzar las virtudes de los que pasan buenos por las suyas, como dar luz a las oscuras vidas de personajes malvados, antihéroes y villanos. Eso sí, todos mis personajes, más allá de su protagonismo o subsidiaridad, bonhomía o maldad, han sido creados, bautizados y dotados de atributos con gran esfuerzo, intentando hacerles interactuar de forma que sus falsas vidas resulten lo más creíbles posibles. Así, en la primera parte de La llave de la taifa, mi interés se centra en las almas de los grises personajes de Isc Corp y en las de los políticos con los que estos se relacionan, siendo el hilo conductor y aglutinante de la trama corporativa Carlos Bruesca, el director de comercio nacional de la corporación. En la segunda parte, opté por confrontar las almas de los personajes monipodios de mi novela con la de una serie de personajes damnificados por la crisis, para lo cual asocié las tramas secundarias (policial y periodística) con determinadas subhistorias: la de los jóvenes sin esperanza de Ciudad Progreso, el barrio del Distrito Sur donde vive el inspector Sergio Paz; la de la familia obrera de los Nacimiento, ecuatorianos que habían participado en la construcción de los túneles de la M30 y que la crisis deja sin trabajo y a punto del desahucio; o la de los Juan Nadie, parias y olvidados de La Poza a los que dedica su vida el cura rojo Jeremías Díaz.

Por rematar la cuestión, le diré que me resultó tan esforzado desarrollar el perfil malvado de los grises altos directivos de Isc Corp, los políticos corruptos, los falsos periodistas o los jefes de los clanes narcogitanos como crear el heroico de los periodistas y jueces buenos, el economista del bien común, el policía Sergio Paz, el gaitano José Montoya o el cura rojo Jeremías.

 

¿Qué tiene La llave de la taifa, Historia meridional que no posea su antecesora? ¿Cuáles son sus principales similitudes y diferencias? ¿Qué crees que caracteriza a un buen escritor? ¿Cómo definirías tu estilo literario?

Obviamente, el nexo común y razón de ser de sustantivar al conjunto de las dos novelas como “bilogía” es la temática sobre la corrupción. Aunque en ambas estoy satisfecho por el camino seguido y el dolor derramado, la diferencia entre ambas es una cuestión de madurez en el proceso creativo. Sin duda, La llave de la taifa es una novela mucho más madura que Brick y el olivo 33, pues no me refugio ya bajo el disfraz de aprendiz ni en el de la ópera prima.

Para mí, un buen escritor es el que llega al corazón del lector y consigue emocionarle tanto como él mismo se ha emocionado en el proceso de creación de su obra. Dicho proceso me gusta imaginarlo como el Génesis describe el proceso de creación del mundo. Primero, el autor hizo la luz; segundo, el resto de las cosas y seres vivientes de su universo imaginario. En mi caso, es un proceso creativo que se basa en la constancia y en el sufrimiento experimentado al intentar alcanzar la inalcanzable obra de arte. No importa la provisionalidad de lo escrito. Lo importante es la atmósfera, ir creando un ambiente provisionado frases, párrafos y escenas. En dicho proceso, inevitablemente, los días de desierto mental en los que la página en blanco se impone siempre se presentan. Mi forma de afrontarlos es hacer una pausa en el camino y oxigenarme con mi bicicleta. Tarde o temprano, el numen llega y te susurra en el oído la intensidad del diálogo, la escena a intercalar, la mirada requerida, el sentimiento que faltaba… Lo esencial es el ritmo y la intensidad, centrarme en el meollo y obviar lo insustancial. Me concentro, no hay tiempo para vivir la realidad. La vida real es la ficción de mi novela. La recompensa a tanto sacrificio es infinita: el placer de la contemplación de la obra creada desde el vacío. Si encima alguien te lee, ya no te digo nada.

En cuanto al estilo, es cosa difícil de describir por uno mismo; esto le corresponde más al lector y al crítico literario que al propio autor. Quizás algunas notas definitorias podrían ser las siguientes: utilización de un lenguaje sencillo, culto o periodístico, según se tercie; el uso de la tercera persona con incursiones primarias y frase corta; personajes secundarios con aspiraciones de muy principales; ocultación premeditada de secretos que se desvelan a fuego lento; mirada retrospectiva clarificadora del presente; o la fusión de géneros (drama, historia, epístola, artículo periodístico, fábula, ensayo).

 

En el libro, comentas que escribir te sirve para curar el espíritu y cerrar el pasado. ¿Objetivo cumplido con esta novela?

Absolutamente. Si algo he aprendido en estos ocho años de oficio de escritor, es el efecto sanador que la escritura que emana del interior del corazón tiene sobre las heridas del alma y los errores del pasado. El resultado creo que es un trabajo de corte social sobre la corrupción y la realidad española bastante honesto en el que pretendo mostrar la realidad sobre la crisis en nuestro país, ciertamente muy influenciada por el entorno global provocado por la crisis económica y de valores a nivel mundial, pero agravada localmente, en mi opinión, por la crisis moral de los muchos que durante décadas miraron a otro lado, fueron a lo suyo o callaron temerosos cuando había indicios más que suficientes de la putrefacción de los que detentaban el poder. Por supuesto, se trata de mi visión de los hechos y de mi verdad, asumiendo la cuota de responsabilidad que me corresponde por mis faltas de pensamiento, palabra, obra u omisión.

 

¿Cuál es el futuro que te gustaría ver después de La llave de la taifa. Historia meridional? ¿Cuál es el legado que quieres dejar con tu novela?

Mi novela, como no puede ser de otra forma, muestra mi verdad individual y parcial, correspondiendo al lector coetáneo, desde su personal punto de vista, descubrir la suya. En gran medida es una verdad que tengo la necesidad como padre de mostrar a mis hijos para que la distingan con claridad de otras que algunos intentarán venderles. Ojalá la mía les sea útil a todos ellos para, desde el incierto presente, construir una sociedad cuya meta no sea la competición, el éxito, el poder y el dinero, sino el fomentar los valores humanos, la conversación pausada, el diálogo entre individuos y el vivir con dignidad.

 

¿Crees que realmente se puede hacer un periodismo con valores, libre, o que los medios son otra parte podrida más de este sistema? ¿Por dónde empezarías a cambiar la situación actual?

Desde un punto de vista periodístico, mi novela es una confrontación entre Tristán Cuervo, modelo de periodista poco riguroso con el código deontológico de la profesión, y Jana López, representante de un periodismo entendido como servicio al ciudadano e instrumento para mejorar la sociedad. En mi opinión, hoy en día asistimos a un proceso de ajuste en la profesión periodística que tardará aún algunos años en definirse y del que saldrá el perfil del nuevo periodista digital del futuro. Pero la esencia del oficio seguirá siendo la misma: transmitir la verdad de los hechos, especialmente si estos están intencionadamente ocultos para el ciudadano, convirtiéndose así en auténtico baluarte para la democracia y la libertad. Mi deseo es que, cuando dicho ajuste se produzca, el periodismo independiente de calidad, puede que más especializado que antes, acabe por imponerse al periodismo chabacano de alcachofa sensacionalista y a las retóricas partidistas de los periodistas tertulianos de salón con sus discursos engatusadores de masas clientelares. Un periodismo basado en la humillación, el griterío, el insulto, la pseudoverdad y que no en pocas ocasiones se arroga la condición de juez no es de recibo en el nuevo milenio. Los que ejercen el oficio con dicho enfoque deberían mirarse en el espejo de sus propias miserias porque ellos también son responsables de la podredumbre moral colectiva y de la ruina y entontecimiento de España.

 

Siendo hermano de alguien con un apellido tan conocido por todos y con los temas tan jugosos que trata la novela, ¿qué expectativas tienes? ¿Cómo crees que será recibida La llave de la taifa. Historia Meridional?

La novela está inspirada en las experiencias vividas por mí en dos grandes empresas de construcción e ingeniería a las que, ciertamente, no lo oculto, fui recomendado por terceros muy cercanos a los que, como no puede ser de otra manera y es de bien nacidos, siempre les estaré agradecido. A partir de ahí, y dando por descontado el inevitable rechazo cainita de muchos solo por mi parentesco, yo soy yo y mis circunstancias, y no el “hermano de, siendo todo lo que narro en la historia cosa exclusivamente mía. Ni mi novela pretende aprovecharse de una relación personal, dicho sea de paso y por razones que no vienen al caso, prácticamente inexistente ni es una novela oportunista en busca de la gloria. Todo lo contrario. Pretende, en una mezcla intencionada de realidad y ficción literaria, ser digna cosa pública por la que obrar en favor de la generalidad de mis coetáneos. El lector de prudente seso juzgará desde su soberano y personal punto de vista.

 

Además de tus vivencias en dos grandes empresas de construcción e ingeniería, ¿cuáles han sido tus fuentes de inspiración para escribir esta novela?

Escribir La llave de la taifa fue para mí una especie de batalla, aún hoy irresoluta, entre el entendimiento de la verdad y la razón del corazón. Tenía dos únicas opciones: huir y renegar de la experiencia vivida, o enfrentarme a ella y purificar el alma. Decidí lo segundo, de forma que en mi novela la turbia experiencia vital y la clarificadora ficción se entremezclasen en consciente nebulosa. Tal decisión, con prudente cuidado y reserva, dado los poderosos personajes señalados con dedo acusador, solo podía llevar a un único veredicto literario, bastante obvio en La llave de la taifa: condena a galeras de los poderosos jefes monipodios que aparecen en mi fantasía narrativa. Desde mi verdad individual, claro está, consciente de que la misma solo será verdad parcial, opinión denigradora o absoluta falsedad para según quién. No obstante, y en la convicción de que dicha ficción se reproducirá en la mente del lector superada de largo por la grotesca realidad, confío en que este tenga la suficiente clemencia para juzgarla en sus justos términos.

En cuanto a las otras fuentes de inspiración, las literarias, a las que supongo que usted se refiere, no son otras que la de los viejos autores del 98, de los que tomo prestado y hago mío el sentimiento en carne viva y el amor a una España que un siglo después sigue doliendo profundamente en el corazón. En especial, con luz y taquígrafos, adeudan mis letras lo siguiente: al alicantino, murcianico de adopción y gran caballero castellano maestro Azorín, los términos marasmo, pequeño y cotidiano; al gigante ibérico bilbaíno, don Miguel, el sentimiento trágico de la vida y, con permiso del gran Baruch de Spinoza, la concepción del hombre como parte del mismo Dios; al infausto granadino y predecesor don Ángel, el ideario español; al madrileño no menos infausto y también pionero don Manuel, el humanismo de sus doloras; al sevillano y más grande poeta nacional en opinión del autor don Antonio, la compleja sencillez y la bondad; al lúcido y hosco pensante donostiarra don Pío, el pesar y la lucha por la vida. Y ya que me lo pregunta, y para ayudarle en su hermenéutica y conste como la más formal de las citas, le diré que también tomo prestado y adeudo algo del costumbrismo naturalista de don Vicente o del realismo popular de don Benito. Y obvios de toda obviedad, ciertos sutiles adornos con esencias discretas y liberales del mismísimo don Miguel, el de Alcalá de Henares.

 

En tu página web, cuentas que has tardado ocho años en escribir tu bilogía y que, tras intentar publicar tu obra en una gran editorial, optaste por la autopublicación, ¿Qué piensas de esta forma de edición?, ¿Qué sentiste al ver tu libro publicado en digital y papel?

Para mí, la esencia que define el oficio de escritor es intentar alcanzar la inalcanzable obra de arte. Bajo esta ambición (que ha de existir, otra cosa es que se satisfaga), la mera creación de una novela es un proceso infinitamente gratificante en lo personal, razón por la cual creo firmemente que el oficio de escritor siempre existirá, aunque uno sólo escriba para sí y un pequeño círculo de allegados o, como se estila hoy en día, de seguidores. Ahora bien, y aunque suene a perogrullada, es obvio que lo que más desea un escritor, además de escribir, es que le lean, para lo cual, de nuevo otra obviedad, ha de publicar su trabajo. Y aquí es donde el escritor del nuevo milenio se encuentra en la actualidad con las nuevas formas de edición tecnológica que poco a poco van desbancando al sistema editorial tradicional, conformado por las grandes editoriales. Tristemente, estas están hoy en día en otra cosa, mirándose el ombligo, paralizadas por la crisis y el cambio tecnológico, y, sobre todo, aferradas a sus caballos ganadores, en muchos casos, de no siempre excelsa calidad literaria, pero, eso sí, muy bien difundidos comercialmente.

La realidad que se impone es que el escritor ya no necesita del proceso de edición, pero sí de un control de la calidad de su trabajo y de una estrategia de difusión. Frente a la autopublicación de un libro, pura y dura, que es una posibilidad para muchos, pero, supuesta la calidad, de difícil éxito en la difusión, dada la enorme oferta, está la autopublicación con la contratación a un coste razonable de determinados servicios editoriales que generan valor añadido para el autor, como la revisión de manuscritos (control de calidad literaria), el acompañamiento al autor en el proceso de publicación (maquetación y diseño físico o digital) y, muy importante, la implicación en la difusión (estrategia de marketing). Es aquí donde pueden jugar un gran papel en el futuro las nuevas editoriales digitales independientes de tipo colaborativo.

Respecto a la sensación en cuanto a ver mi trabajo publicado en formato físico o digital, tan fascinante me parece una historia hecha bytes de soledad de disco duro como verla convertida, por puro romanticismo de autor nacido en otro milenio, en tacto rugoso de pasta de celulosa con olor a pasado. Lo realmente importante, el proceso de creación, la disección del tiempo detenido con espíritu forense y ver progresar tu trabajo en robustez tras horas y horas de batalla de pensamiento, es en ambos casos lo mismo.

 

¿Pone fin La llave de la taifa, a tu vida de autor, o piensas seguir escribiendo?

Le contestaré a lo Cervantes: “¡Ay!, respondió Sancho llorando. No se muera vuestra merced, señor mío…. Lo cual significa que, aunque nada sería más placentero para mí a estas alturas de la vida que seguir escribiendo (y cuando digo seguir escribiendo, me refiero al ejercicio diario del oficio de escritor, aun habiéndolo descubierto a edad tardía),  mucho me temo que, con gran pesar y por necesidades del comer, aquí me quedo tendido y acabado para el oficio, “imposibilitado de hacer tercera jornada y salida nueva, reposando en ganada sepultura, pero sin temor ya a la profanación literaria de mis cansados huesos. No obstante, le diré también, siendo coherente con mi perenne contradicción, que seguiré escribiendo y hasta puede que me reconvierta en cuentista de Hamelin, pero intuyo que lo será ya ocasionalmente y por puro placer personal. En fin, ya se verá, escriba lo que escriba (eso no me lo puede quitar nadie), ahí quedará en la nube informática como recreo y goce de mi vanidad de escritor, con la mayor dignidad y sentido de la belleza de la que sea capaz, claro está, esperando con silencioso anhelo la gracia del lector ignoto del futuro por venir, quién sabe si de dentro de cuatro o cuatrocientos años.

 

  • Nombre: Manuel Bárcenas.
  • Género: novela social, contemporánea.
  • Bio: Manuel Ignacio Bárcenas Gutiérrez (Badajoz, 1964). Pasó su infancia en Tierra de Badajoz, a orillas del Guadiana, hasta que a los 8 años se trasladó a Madrid junto a sus nueve hermanos, sus padres, su abuela y su tía. Esto supuso un cambio transcendental en su vida, ya que Madrid fue el lugar en el que tuvo que hacer frente a etapas tan conflictivas como la adolescencia y la transición a la edad adulta. Estudió Administración y Dirección de Empresas en el antiguo Colegio de Areneros para trabajar después en diferentes empresas, en las cuales desempeñó distintas responsabilidades. Se considera a sí mismo aprendiz de casi todo. Le gusta montar en bicicleta, las largas sobremesas familiares entre bromas, charletas y canciones de toda la vida, y evadirse de la realidad cotidiana con la lectura de un buen libro. Con la llegada de las primeras canas, descubrió de forma autodidacta el duro oficio de escritor. Brick y el olivo 33 es su ópera prima y la antecesora de La llave de la taifa. Historia Meridional, recién sacada del horno. Actualmente, vive en San Juan (Alicante), está casado con Manenes y tiene dos hijos; ellos son su razón de vivir.
  • Blog del autor: Tic,tac, el aprendiz de forjador de futuro.

Libro: La llave de la taifa. Historia meridional

La llave de la Taifa-Historia meridional

La llave de la taifa:

Brick y el olivo 33:

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