¡Bienvenido, Mateo! Muchas gracias por atendernos para hablar de la publicación de tu novela, Tagherot (editorial Tregolam), una obra ambientada en La Habana, donde Violeta, una joven vivaz y hermosa que vive temporalmente allí, nos narra sus vivencias mientras paralelamente recibe unos relatos del mundo antiguo escritos por Emiliano, un amigo íntimo de sus padres. ¿De dónde surgió la idea para escribir esta historia?
De un sueño. En realidad, no sé cómo se me ocurrió. Yo creo en las Musas, y las Musas vienen cuando uno está preparado. Quería contar cosas que vi en La Habana, no sin dejar de mencionar sucesos importantes para mí. Y también epopeyas de un pasado remoto.
La experiencia fue compleja y muy estimulante, una vida nueva, diferente. Tagherot se desarrolla en su mayor parte en Cuba y está basada en hechos reales, pero sin mayor dramatismo. Creo que debe escribirse de lo que uno ve y de lo que siente, o de lo que ocurre a su alrededor; claro que la literatura miente, pero esa mentira es la esencia del relato. Los cinco años que viví en La Habana podrían ser los más felices de mi vida, eso es importante.
No me gusta desvelar mi manera de ordenar la novela; por la mañana, en la Casa de las Américas, en la biblioteca, escribía los textos de Emiliano, ya que el ambiente es el adecuado, y en casa, o tomando café, o sentado en un banco de un parque, por ejemplo, en el Víctor Hugo, las aventuras de Violeta. Pero todo salía del corazón de Pacheco, o sea, del autor.
Es un reto, una apuesta personal. Yo no soy una chica joven, inteligente y guapa. Quería saber si podía expresarme como si lo fuese. Algunas personas me dicen que eso está bien resuelto, papi, por lo que me siento muy orgulloso. Le tengo mucho cariño a Violeta, es un personaje real.
Aunque parezca lo contrario, apenas si sabemos del mundo antiguo, que para la mayoría de las personas es lo que sucedió antes de que ellos nacieran. Hace mucho tiempo que el ser humano vive, ríe, come y sufre casi en los mismos lugares donde estamos ahora mismo. La vida de una persona es muy corta, pero la historia de la humanidad es apabullante. Así que busquemos en las enciclopedias antiguas, en los libros amarillentos, escondidos, medio deshechos: están llenos de historias apasionantes. No es difícil, al contrario, produce un gran placer.
La gente que está de paso se vincula mucho con las personas con las que coincide. Eso me dicen, y es verdad. Los personajes van y vienen, al final de la página o a la mitad, se marchan a su casa, no hay que dudar que tienen vida propia. Espero que todo el mundo se sienta identificado, y, si no es así, que imaginen qué otra persona sería ellos mismos en la novela. Yo me siento como un niño pequeño, inocente y curioso.
No sé qué decir. Es importante no olvidar a los clásicos. Los grandes escritores merecen nuestro reconocimiento, y sus personajes y sus historias forman parte de nuestras emociones. Después de todo, se tomaron la molestia de decir lo que pensaban de una u otra forma.
A veces uno no sabe qué decisión tomar, porque la cuestión es: ¿qué haré yo en Lisboa solo? ¿Pero y si allí soy más feliz? Desde luego, la nostalgia empieza a sentirse antes de dejar Cuba. Algunas personas lo llevan muy mal. En este caso, el libro tiene una frase muy triste, cuando Máximo dice «mas nunca volveríamos a vernos, adiós, Violeta, mi amor».
Es cierto. Tan sólo se intentan explicar estas claves, pero las respuestas son inabarcables, inconmensurables, lo que crea el estupor, la falta de un relato coherente. Tal vez las emociones humanas están más a nuestro alcance, pueden ser comprendidas o, al menos, compartidas.
Lo importante es lo que nos conmueve del otro; después de todo, es otra persona. No sé si esto se refleja en el libro, pero intentarlo es un mérito.
Eso no estaría mal. Tagherot querría ser el collado, el paso, el desfiladero por el que se acceda (o se pueda acceder) al Valle de las Maravillas, de lo oculto y lo recóndito. La escalera de la Gloria.
El relato me gusta mucho; si es muy corto y aporta grandes sensaciones, o pequeñas, es genial. El ensayo y el libro de viajes te permiten hacer más reflexiones; son libros más sosegados, de camino largo y fin lejano. En Miramar hay muchos relatos, de Cuba y de otros lugares, de individuos que son nuestros hermanos, nuestras sombras. Me gustaría publicarlo cuanto antes.
Antes de despedirnos, Mateo, te dejamos un espacio para que le comentes lo que quieras a los lectores y que nosotros no te hayamos preguntado.
No me han preguntado dónde vivía yo en La Habana y qué se veía desde mi casa. Bien, yo no vivía como Violeta en 21, en el Vedado, sino en 11 con Jota, y desde la terraza se veía el Malecón, que, en su muro, entre el salitre y la marea del Atlántico, tiene pintados unos números, que van aumentando de este a oeste. La calle Jota acaba en el mar, y allí, en una esquina desolada, donde siempre hace viento, está escrito el número 376.
Compren el libro.
¡Muchas gracias por la entrevista, Mateo! Te deseamos muchísimo éxito con tu novela, Tagherot, ya disponible en las librerías online.
- Nombre: Mateo Fernández Pacheco Martín
- Género: ficción
- Biografía: Manzanares, Ciudad Real, 1957. En su infancia se traslada a Madrid, donde ha desarrollado su vida profesional. Desde muy joven siente pasión por la historia y la literatura, y por las paradojas que ofrece la vida. Es licenciado en Sociología por la Universidad Carlos III de Madrid. Fue librero durante un tiempo, que, en contra de la opinión de Orwell, es una de las profesiones más enriquecedoras del mundo. Tal vez el libro desaparezca, pero la batalla será épica. Entre 2016 y 2021 ha vivido en La Habana; el pueblo cubano y su mundo le han servido de inspiración. En la actualidad reside en Madrid. La realidad y la ficción de sus obras son fruto del conocimiento cercano de la isla, ajeno al tópico, sin evitar reflejar los graves problemas del país, pero también la Cuba hermosa, la magia estimulante de un mundo diferente. Es autor también de un libro de viajes y ensayo, El sueño del Malecón, y de otro de relatos cortos, Miramar, de próxima publicación.
- Obra: Tagherot
Sobre el autor
Mateo Fernández Pacheco Martín
Manzanares, Ciudad Real, 1957. En su infancia se traslada a Madrid, donde ha desarrollado su vida profesional. Desde muy joven siente pasión por la historia y la literatura, y por las paradojas que ofrece la vida. Es licenciado en Sociología por la Universidad Carlos III de Madrid. Fue librero durante un tiempo, que, en contra de la opinión de Orwell, es una de las profesiones más enriquecedoras del mundo. Tal vez el libro desaparezca, pero la batalla será épica. Entre 2016 y 2021 ha vivido en La Habana; el pueblo cubano y su mundo le han servido de inspiración. En la actualidad reside en Madrid. La realidad y la ficción de sus obras son fruto del conocimiento cercano de la isla, ajeno al tópico, sin evitar reflejar los graves problemas del país, pero también la Cuba hermosa, la magia estimulante de un mundo diferente. Es autor también de un libro de viajes y ensayo, El sueño del Malecón, y de otro de relatos cortos, Miramar, de próxima publicación.
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