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Entrevista a Margarita Basi, autora de «Feminismo patriarcal»

Buenos días, Margarita. Te damos la bienvenida y te agradecemos tu tiempo para hablar con nosotros sobre la publicación de tu libro Feminismo patriarcal (Editorial Tregolam), un ensayo reflexivo acerca del feminismo actual a la vez que rescata los arquetipos repudiados y olvidados en la historia, y que son; la bruja, la amazona y la promiscua.

¿Opinas que la publicación de tu libro despertará opiniones dispares o por el contrario muchos colectivos dentro del feminismo se sentirán identificados?

Pienso que mis reflexiones sobre las bases que sustentan la ideología actual feminista no van a ser del agrado de la mayor parte de este colectivo. Esto es lo que tienen las ideologías, que son inflexibles, excluyentes y reduccionistas, además de tremendamente intelectualizadas, y el feminismo no se queda atrás. Es más, en los últimos veinte años el feminismo ha ido adoptando los mismos mecanismos anteriormente citados con los que el patriarcado ha ido adoctrinando a los individuos en la creencia de poseer ciertos atributos naturales y universales según sea el sexo de cada uno. Y en este sentido el feminismo actual invierte el mandato, asegurando que somos productos políticos y culturales que nada tienen que ver con nuestra naturaleza. Sin embargo, y es este el motivo de la polémica y debate, creo que tras esos prejuicios y clichés asignados se esconde una condición humana y mamífera a la que no podemos escapar. Nos envuelven vísceras, hormonas y corrientes emocionales que escapan a nuestro control racional y cognitivo. Y es precisamente nuestro desmesurado ego quién se resiste a aceptar la animalidad que a veces nos domina. El hombre deviene más animal cuando más se intelectualiza, porque más se aleja de su condición emocional y espiritual. El feminismo se ha híperintelectualizado, y con ello se ha alejado de su condición mamífera femenina que es nutricia, creadora de vida, sensual y tremendamente hábil para la supervivencia. Y en ese ardor y vehemencia por elaborar discursos cada vez más complejos y minoritarios, ha ido abandonando sus raíces excluyendo de esa élite cultural a millones de mujeres pobres, humildes, maltratadas, enfermas o incultas. Mujeres que sí padecen con mayor virulencia, el paternalismo, la condescendencia, el menosprecio y en muchos casos, la agresividad y violencia masculina.

A nosotros nos ha llamado mucho la atención el título, Feminismo patriarcal, que de primeras parece un oxímoron. Pensamos que muchos lectores van a tener la misma primera impresión. ¿Qué es el feminismo patriarcal?

Es esa la reacción que buscaba precisamente. El feminismo actual tiene muchas semejanzas con la ideología patriarcal y estas son algunas de ellas:

Es excluyente porque no abraza a aquellas personas que ponen en duda o cuestionan ciertos planteamientos rígidos o contradictorios. Es sectario cuando da la espalda a mujeres que no responden al prototipo de mujer intelectual, culta y económicamente estable como lo son la mayoría de su cúpula dirigente. (Véase como ha reaccionado la élite feminista ante la nueva ley Trans propuesta por la ministra de Igualdad Irene Montero). Es hipócrita cuando acata leyes que protegen la “supuesta vulnerabilidad” de las mujeres divorciadas permitiendo que, en el mayor de los casos, estas se queden en la vivienda familiar con los hijos dejando al padre sin un hogar (que en muchas ocasiones ha pagado él). O cuando las feministas se ponen a la defensiva cada vez que alguien les pregunta porque no presionan, como si lo hacen para otras cosas, al gobierno para que introduzca como asignatura troncal en los colegios, la defensa personal especial para niñas. ¿No sería una medida brutal de empoderamiento femenino el sentirse capaz de defenderse de una posible violación o agresión física? ¿Cuántas vidas salvaría una medida de este tipo? En resumen, el feminismo utiliza los errores e injusticias que la sociedad patriarcal comete contra ellas para reivindicar las vejaciones, que sin duda el patriarcado sigue ejerciendo contra las mujeres, sin embargo, esas mismas mujeres callan y miran hacia otro lado cuando el patriarcado las compensa con ciertos privilegios machistas con los que solo ellas se benefician.

¿Por qué consideras que es necesario hacer un análisis sobre el feminismo presente? ¿Qué crees que está fallando?

El feminismo actual ha perdido la esencia idealista que tuvo en el pasado porque la mujer ha alcanzado, en el mundo occidental, la tan ansiada igualdad que anhelaban sus abuelas hace un siglo. Sin embargo, ellas siguen insatisfechas, pero lo más determinante de esta sensación de inadaptación en la que la mujer vive sumida en su día a día, es la ceguera y la tozudez con la que el feminismo se resiste a aceptar que, mientras las mujeres posean la capacidad de dar vida, jamás podrán pensar, sentir, amar y crear como lo hace el hombre. ¡Y he ahí la paradoja! Ellas no se dan cuenta de que sus cuerpos biológicos mucho más precisos, ricos y poderosos que los de los hombres, tienen todo lo necesario para vivir con plenitud y satisfacción plena. Porque la ideología feminista persigue precisamente todo lo contrario: que la mujer se separe cada vez más de su “bio”, de sus ciclos hormonales, reproductivos, emocionales y creativos, para perseguir frenéticamente la estela masculina y patriarcal en la que ella cree encontrará la justa igualdad. Cuando una mujer llega a puestos de poder hasta ahora liderados por hombres, se transforma en uno de ellos. Porque está cooperando y alimentando la maquinaria competitiva, agresiva, materialista e insolidaria. Atributos esencialmente patriarcales que seguramente ella, antes de alcanzar ese puesto, criticaba y rechazaba.

Es por esto que no veo tanta diferencia entre los objetivos feministas y los patriarcales.

Grosso modo, en Feminismo patriarcal examinas la falta de igualdad de determinadas opiniones feministas pues son autoexcluyentes, tal y como ha hecho, precisamente, el patriarcado. ¿Es posible alcanzar un punto de encuentro entre las distintas corrientes y remar juntas?

La pregunta plantea algo muy difícil de conseguir, al menos a día de hoy.

La razón es simple; no existe actualmente una cultura o educación que se base en la protección y el cuidado humanístico, y que defienda el valor de la persona desde un punto de vista ético y no mercantil. Vivimos en sociedades que prioriza el rendimiento económico del individuo antes que asegurarle un entorno de mínima supervivencia por el mero hecho de haber nacido ser humano. Y no solo eso, sino que la sociedad lanza a las personas a ganarse el pan sabiendo de antemano que solo unos pocos lo conseguirán, porque ni hay trabajo para todos, ni todos tenemos las mismas aptitudes, ni los mismos medios económicos, ni de salud, ni educacionales, etc.

Somo sociedades tecnológicamente y científicamente muy desarrolladas, pero completamente analfabetas emocional y éticamente. Mientras este sea el caldo de cultivo en el que crezcamos y nos desarrollemos, el hombre seguirá actuando como principal depredador del ecosistema, y la mujer continuará manteniendo una actitud unas veces sumisa, otras victimista, otras reivindicativa, y otras, simplemente será aniquilada. Porque por mucho que le pese al ego masculino y por mucho que duela a las mujeres reconocer el fuerte sentimiento de inferioridad que persiste en sus mentes, los humanos somos animales pensantes, pero animales, al fin y al cabo. Y mientras no logremos superar esa condición biológica, que después de cientos de miles de años sigue ahí, continuaremos enzarzados en cruentas batallas por la supervivencia material primero y emocional después. Y quién mejor está preparado para ganar la primera es sin duda el hombre patriarcal.

¿Cómo se podrían evitar los pensamientos más drásticos para así poder luchar todas a una? Sabemos que tu libro busca, en efecto, eso, crear una comunidad y una unión entre todas. Sin embargo, no siempre es fácil ponerse de acuerdo. ¿Qué herramientas podemos poner en práctica para conseguir un verdadero equilibrio entre la mujer y el hombre sin caer en discursos extremos?

Como ya he dicho en la anterior pregunta, es imposible cultivar la bondad, el respeto, la confianza, la compasión y la solidaridad, en nuestras relaciones afectivas y / o profesionales si uno vive en un ambiente agresivo, materialista, y competitivo, que aparta o abandona a aquellos que no tiene las mismas posibilidades de prosperar y dar beneficio económico a la sociedad: bien por haber nacido con discapacidades, con enfermedades, o en un entorno violento y falto de recursos con los que acceder a la educación. MIENTRAS SIGA VIGENTE LA CREENCIA DE QUE HEMOS NACIDO PARA GANARNOS NUESTRA EXISTENCIA Y NO PARA COOPERAR Y CREAR RIQUEZA DESDE LA TRANQUILIDAD DE SABERNOS PROTEGIDOS POR TENER LA SUPERVIVENCIA ASEGURADA, SEGUIREMOS, HOMBRES Y MUJERES, COMPORTANDONOS COMO ANIMALES. Y desarrollando estrategias de manipulación, engaño y violencia entre nosotros.

Le dedicas seis capítulos a la maternidad. ¿Crees que esta debería dejar de idealizarse para que cada madre pueda ejercerla de forma libre? ¿Consideras que existe una imposición social hacia la mujer para que sea madre?

Sin duda, así lo pienso. Y es precisamente la maternidad la condición más trascendente en la vida de cualquier mujer, porque nos enfrenta a nuestra condición biológica y mamífera, que a la vez nos aparta de nuestros proyectos creativos e intelectuales, también presentes en nuestra naturaleza femenina. Pero desde que las sociedades evolucionaron y se alejaron de la naturaleza, aislándose de ella, utilizándola para sustraer sus frutos sin rendirle después ningún reconocimiento. Las mujeres sufrieron igual fortuna por estar más cerca de los ciclos naturales que el hombre. Pero esta no fue su mayor desgracia, sino la de no haber luchado por defender, por encima de cualquier otra cosa, el respeto hacia sí mismas y hacia su condición de elegir como querer vivir. Lamentablemente, la mujer fue débil y prefirió el manto protector materialista pero dominante que le ofrecía el hombre patriarcal, antes que el abrazo hermano de las mujeres con quienes sí hubiese llegado a levantar sociedades mucho más afines a sus necesidades.

La sociedad patriarcal idealiza falsamente y de forma condescendiente la maternidad. Porque en una sociedad patriarcal solo puede triunfar o sentirse satisfecho profesional y socialmente un individuo que responda a los atributos que siguen identificándose como exitosos: frialdad emocional, competitividad, crecimiento sin límites, materialismo, expoliación, violencia… De ahí que la mayoría de madres trabajadoras, lleguen o no a puestos de poder social, sienten una ruptura emocional tanto si priorizan la profesión o la maternidad. Es lógico, teniendo en cuenta que es el poder económico quién mueve el mundo. El feminismo calla cuando acepta privilegios patriarcales, como son trabajar para empresas que priorizan la rentabilidad económica antes que la ética social. Entonces ¿Por qué se escandaliza y denuncia con vehemencia a ese mismo sistema cuando las aparta del mismo por no ser competitivas como lo eran antes de ser madres?

El feminismo ha formado siempre parte de la maquinaria patriarcal dominante y se ha servido de éste para sobrevivir y /o prosperar económicamente. El feminismo es incapaz de mostrar humildad y valentía para reconocer su parte de alta responsabilidad con las injusticias que sufre. Porque cambia de discurso cuando más le conviene. Siendo víctima una veces, verdugo otras, cuando abandona a ex parejas a su suerte, o  cuando permanece en silencio y mira hacia otro lado en su pedestal de ejecutiva.

A lo largo de Feminismo patriarcal, hablas de la necesidad de que las mujeres estén conectadas con otras mujeres, especialmente que exploren otros tipos de agrupaciones familiares más allá de la pareja. Parece que en tiempos pasados sí había una mayor conexión entre grupos de personas, tanto en el entorno de la tribu como en las zonas rurales. ¿Por qué crees que hemos organizado nuestras sociedades de esta manera tan individualista? ¿Tenemos herramientas suficientes para cambiarlo o tendría que colapsar el sistema?

Me alegra que me hagas esta pregunta porque, a mi entender, la elección del estilo de grupo familiar que una sociedad da por válido es, sin lugar a dudas, la micro expresión de como ésta se proyecta, entiende y afronta el mundo en el que vive. El modelo de familia actual sigue siendo el mismo que hace decenas de miles de años. Si, han cambiado los binarismos hombre-mujer y ya aceptamos combinaciones familiares del mismo sexo, pero SIEMPRE A DOS BANDAS, como parejas sentimentales.

Es, a mi entender, una aberración sustentar un pilar tan importante y trascendente como la familia, que es la base para la futura formación y educación del ser humano, en la fragilidad de un sentimiento romántico entre dos únicas personas de las que depende el bienestar de un menor. Y casi todas las familias se gestan bajo ese inestable y fugaz sentimiento, que en la mayoría de casos, no llega a germinar en amor maduro, respeto, admiración, libertad y cooperación mutua y solidaria, más bien todo lo contrario. Y aún seguimos creyendo, con animosa vehemencia, que la familia protege a sus miembros, cuando en el mejor de los casos, les transmite fobias, miedos, traumas y mucha hipocresía.

¿Y por qué? Muy sencillo, una pareja es más vulnerable y fácil de someter a los mandatos socio jurídicos y económicos que el sistema patriarcal utiliza para controlar y adoctrinar a sus ciudadanos. Y mucho más si el sistema ha adoctrinado a sus individuos en la creencia de que los siguientes síntomas (descargas de serotonina, dopamina y deseo sexual) son identificables con el amor verdadero.

Como contrapartida, una agrupación familiar compuesta por varios individuos que cooperan en el cuidado, mantenimiento e intendencia del hogar y de los menores, es más complicada de estandarizar y etiquetar a la hora de otorgarle funciones, derechos y deberes con los que establecer una jurisprudencia y que, en verdad y llegado el caso, sería imposible de defender porque esos valores son completamente opuestos a los que salvaguarda el patriarcal poder. Porque todos los Estados, al menos tal y como los conocemos, tienen como fin vigilar y servirse de sus ciudadanos más que cuidar de ellos.

En tu libro también hablas del heterocentrismo y de desligarnos de todas las cualidades impostadas que se nos ha impuesto tanto a hombres como a mujeres. ¿Heterocentrismo y patriarcado son inherentes? ¿Cómo podemos desatarnos de los estereotipos?

El heterocentrismo, falocentrismo o binarismo… Son vocablos demasiado extravagantes que utiliza el feminismo al que yo hago referencia y que considero demasiado intelectual y reduccionista. Porque si queremos llevar un mensaje al máximo número de personas lo inteligente es hacerlo en un lenguaje fácil y comprensible para todos.

Los estereotipos son el resultado de nuestra capacidad intelectual llevada al máximo nivel. Cuanto más desarrollada y culta es una sociedad, mejor maneja el doble sentido, las manipulaciones lingüísticas y los discursos ambivalentes. Y fueron los poderes intelectuales dominados por la masculinidad (cuyo ego es infinito y que conlleva a la excelencia racional y analítica, pero aboca a la frialdad emocional sin duda) que a lo largo de la historia decidieron otorgar distintos atributos, cualidades, y valores, a uno y otro sexo en función de las necesidades del hombre. Así éste se apropió de aquellos rasgos, ya de por sí inherentes a él, como la fuerza, la agresividad, la capacidad de análisis y el mando. Y los elevó a la máxima excelencia. El hombre en cambio, reservó los dones como la emotividad, el cuidado del ser, la bondad y la dulzura, entre otros, como personificación natural del eterno femenino. Pero este reparto de estereotipos, a priori pensemos sin malicia, no fue lo que nos ha llevado hasta aquí.

El ser humano es el único ser vivo del planeta con la capacidad de elegir su destino, o al menos, con la habilidad de decidir con que color del amplio crisol existente ver el mundo. Se llama libre albedrío. Así que de la misma manera que las mujeres aceptamos representar roles de género que no son naturales a nuestra condición femenina (porque si existen otros inherentes a ella y que vienen determinados por la biología mamífera que influye irremediablemente en nuestra forma de expresar, afrontar y sentir el mundo), podemos de igual forma, rechazar aquellos que consideremos lastran nuestra libertad de acción o pensamiento e integrar los que respetan nuestras funciones biológicas sin que en esa combinación debamos renunciar a ninguno de ellos. Y el primer paso para conseguirlo es despreciando los privilegios que el patriarcado sigue ofreciéndonos como pago a la resignación y sumisión con la que las féminas seguimos ancladas en una minoría de edad, solo para lo que nos conviene.

Un tema del que se está hablando mucho dentro del feminismo de la cuarta ola y que también abordas en tu libro, es el del amor romántico. Señalas que este es una construcción artificial y fundamentada sobre ideas dañinas y que para apartarnos de estos clichés debemos tener independencia emocional, sexual y económica. Parece difícil que la sociedad en conjunto pueda alcanzar esta independencia. ¿Qué podemos hacer tanto de manera individual como colectiva para que, poco a poco, estas ideas calen?

Es una buena pregunta y de alguna manera ya respondo a ella cuando desvelo como las mujeres siguen uniéndose a hombres que no aman, pero sí necesitan. Uniéndose a hombres de los que dependen emocional y/o sexualmente. O, uniéndose a hombres para prosperar y para ser reconocidas en la sociedad.

Nacemos en familias que se constituyeron bajo pilares retorcidos y podridos porque dieron por seguro que el amor romántico era eterno o podía con todo, y en esa estúpida creencia edificamos un proyecto de vida común en el que , y eso es lo más irresponsable, trajimos al mundo a unos hijos a los que, irremediablemente, les transmitimos la misma falsa creencia. En otros casos las parejas se formaron por conveniencia, y quizás sea este el modelo de familia más perdurable, sin embargo, la creencia y el mensaje hacia los hijos es demoledor: Los hijos aprenden a ver el mundo como un lugar del que extraer beneficio como único fin para prosperar. Mientras sigamos alimentando el modelo de familia romántico y/o materialista como positivo y válido y no como el más dañino y manipulador que existe, nuestras relaciones con el sexo opuesto y en general con cualquiera con quién establezcamos un determinado vínculo, carecerán de respeto, honestidad y libertad. Y tarde o temprano sufriremos y generaremos dolor a nuestros seres queridos.

En el libro hablas mucho de diferentes personajes femeninos que la cultura ha utilizado para decirle a la mujer qué comportamientos son respetables y cuáles no. ¿Necesitamos modelos nuevos o podemos reinterpretarlos?

Los modelos existentes como arquetipos femeninos a los que yo denomino repudiados y que en el ensayo resumo en tres: Bruja, Amazona y Promiscua, están basados en los arquetipos ancestrales de Circe, la maga, de Artemisa, la amazona y de Afrodita, la amante promiscua.

Estos modelos resultan muy útiles a la hora de emprender un cambio vital de renuncia a antiguas creencias con el que deshacernos de los engorrosos estereotipos y clichés femeninos. Porque estos ideales siguen vivos en nuestro imaginario colectivo y en nuestro cerebro reptiliano, que es quién responde a los estímulos instintivos más profundos y primarios. Y por tanto, nos ayuda a la hora de encontrar la fuerza y motivación para darnos cuenta de que la vida significa explorar, cambiar, y reinventar nuevos estilos de ser. El arquetipo ofrece una valiosa guía con la que luego, y a partir de nuestra propia creatividad y carácter, moldear nuevos modelos de identidad.

Hemos visto que has escrito dos novelas Amazonas e Hijos de Narciso, ninguna de ellas editada. Háblanos un poco de ellas, ¿contienen alguna de las ideas que presentas en Feminismo patriarcal? ¿Podremos verlas publicadas en el futuro?

Amazonas, hermanas en la batalla narra la historia de un grupo de mujeres guerreras que permanecían aisladas de todo contacto con el hombre, para salvaguardar así su libertad con la que vivir acorde a sus necesidades e intereses femeninos. Todo cambia cuando la hija, no iniciada, de la reina se enamora de un guerrero escita y huye en su busca descubriendo por sí misma la cruel sociedad patriarcal. La princesa es secuestrada por los escitas y retenida como cebo para atraer a las amazonas y aniquilarlas. Esta decisión y el posterior enfrentamiento entre escitas y las valientes guerreras, forzará a que algunos escitas se cuestionen su vida y sus principios….

Hijos de Narciso trata sobre cómo sobrevivir, o no, a las relaciones familiares en donde uno de los progenitores es un narcisista y/o un psicópata social. Es una exploración que desvela muchos tabúes sobre el ideal y el romanticismo que la sociedad quiere hacernos creer que existe en el modelo de familia actual.

Ambas novelas profundizan en creencias obsoletas y retrogradas que siguen imperando en el ”imaginario colectivo” de cada uno de nosotros y que en momentos decisivos de nuestras vidas, como es la elección de una familia o de un proyecto de vida en concreto, nos lleva a tomar decisiones según unos prejuicios y no desde el conocimiento plural y tolerante hacia todo aquello que es diferente, nuevo o desconocido.

El adoctrinamiento comienza en la familia y en la escuela, pero sobre todo en la familia en donde la dependencia del menor hacia sus padres deviene altamente vulnerable. Y es por esta razón que el hijo crea unos patrones de supervivencia dependiendo del mensaje que recibe de sus padres. De esta forma el niño asume un papel de: victima, abusador, manipulador, seductor, etc… Y esta elección le acompañará de por vida, a no ser que haga un tremendo esfuerzo de adulto para deshacerse del cliché, La familia, al igual que hace la sociedad, identifica y asigna prejuicios y atributos a sus miembros según el beneficio que éstos le puedan aportar. Y si el miembro familiar no responde adecuadamente a esos clichés simplemente se le abandona a su suerte, se le discrimina o maltrata.

Ante de dar por finalizada la entrevista, nos gustaría dejarte un espacio para que les comentes lo que quieras a los lectores.

Este es un ensayo sobre lo que el feminismo no quiere desvelar ni quiere cuestionarse por temor a afrontar sus contradicciones. Porque si así lo hiciera se daría cuenta de que su discurso no es coherente con la justicia, solidaridad, e igualdad que reclama. El feminismo señala actitudes algunas veces hasta criminales por parte del patriarcado contra las mujeres, y lleva razón, sin embargo, son estas mismas mujeres, muchas veces víctimas de agresiones, quienes continúan eligiendo a hombres (a veces violentos o simplemente condescendientes y paternalistas que las tratan con indiferencia, falta de respeto y dominación) para formar su proyecto vital de existencia: una familia. Y anteponen, la mayoría de veces, la crianza de su prole a la profesión, para luego recriminar al sistema patriarcal que no las valora como a los hombres. Entonces, el sistema patriarcal es válido cuando no supone para las mujeres ninguna renuncia, sin embargo, las féminas atacan sin piedad a ese mismo poder patriarcal cuando las empuja a retirarse del campo de juego por no ser suficientemente competitivas, ni dar al sistema el mismo beneficio económico que un hombre si puede ofrecerles. Simplemente porque el hombre carece de ese vínculo biológico y emocional con su prole que una mujer si tiene. Y esto, por mucho que pese a las feministas, es un hecho científicamente comprobado. Hay una responsabilidad por parte de las mujeres y es que han elegido la protección del hombre para sobrellevar la maternidad y la profesión sin haber preferido explorar ninguna otra alternativa.

La mujer feminista responsabiliza al patriarcado de esta injusta situación, algo para mi infantil e inmaduro. Porque la mujer es persona inteligente y muy capaz de crear otros entornos que cuiden y protejan sus necesidades, que son muy distintas a las de un hombre. Ahora bien, y de ahí la hipocresía feminista, las féminas han preferido mantener una buena y alta calidad de vida, a ser libres y vivir, probablemente de una forma más sencilla, unidas entre ellas en la creación de sociedades más afines con sus necesidades biológicas y emocionales. El victimismo y la sumisión femeninas pueden ser actitudes igual de tóxicas y perversas como la violencia y el dominio masculino.

Muchas gracias por habernos atendido y por ofrecernos una mirada sincera acerca del feminismo actual. ¿Tendremos ocasión de seguir leyéndote (sobre este tema o sobre otros)?

Gracias a vosotros por darme la oportunidad de visibilizar mis ideas sobre el feminismo. Y sí, actualmente estoy escribiendo una novela sobre los efectos de una “maternidad idealizada y estereotipada”. Como lo es la actual.

 


  • Nombre: Margarita Basi
  • Género: ensayo, feminismo
  • Biografía: Margarita Basi (Barcelona,1964). Estudió Turismo y trabajó en la ya desaparecida agencia Internacional Expreso de Barcelona durante dos años. En 1990 entró a trabajar en la empresa familiar como dependienta en una de las tiendas. En 1993 hace un curso en IMB (Instituto de Marketing de Barcelona) y pasa a dirigir el departamento de merchandising y escaparatismo llevando la imagen estilística de la firma. En el año 2000 y coincidiendo con el nacimiento del segundo de sus tres hijos, abandona su trabajo para dedicarse a su familia. A finales del 2006 se divorcia y abre una tienda de decoración en Barcelona, pero la crisis la obligará a cerrarla en el año 2009. A partir de entonces inicia una etapa más introspectiva haciendo varios cursos de coaching, PNL y Reiki, y es entonces cuando descubre su vocación literaria escribiendo varios libros. En el año 2013 autoedita su primer ensayo: Los hombres que sí amaban a sus mujeres (editorial Círculo Rojo). Después vendrían dos novelas: Amazonas, hermanas en la batalla e Hijos de Narciso, ninguna de ellas editada.  Actualmente reside en Sitges.
  • Obra: Feminismo patriarcal

 

Disponible en: Amazon, Librería de la U, Quares y Agapea

 

 

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