Buenos días, Gabriel. Estamos encantados de poder hablar contigo sobre tu libro ¿Alguien vio partir a Elías Massud? (Editorial Tregolam) en el cual nos hablas, entre otras cuestiones, del amor entre Elías Massud y Anastasia Peláez. El narrador omnisciente así nos lo hace ver: «Elías Massud había acertado en pensar que el amor puro era un estado de gracia que muy pocas personas, como lo era en su caso, habían podido sentir».
Creo que sí es difícil encontrar ese amor que tanto añoramos desde nuestra adolescencia, y que muy pocas personas tienen la suerte de encontrar. Sumado a esto, la perdurabilidad que cuesta tanto sostener dados los momentos críticos que surgen, naturalmente, en el transcurso de la convivencia y de la vida. Ciertamente- y aunque suene contradictorio- cada uno ama a su manera y todas las formas de amar son válidas.
El amor es lo más puro y maravilloso que existe para los seres que pueden amar y dejarse amar. En ciertas circunstancias podría decir que sí es el detonante. Títeres somos de nuestras emociones, y en consecuencia repercuten en nuestros sentimientos y, por ende, en nuestras actitudes ya que el ego nos aleja de la constructividad del sujeto cuando advierte los primeros signos de la adversidad. En efecto, las personas por falta de madurez y de equilibrio, pierden el juicio y se desbordan. En mi novela, que es una historia de ficción, la desazón de Elías no surge de un problema marital, sino que más bien, la enfermedad de Anastasia lo lleva al calvario que son dos cosas totalmente distintas.
Creo en el destino y en la fuerza del universo. Aun así, creo que estamos atrapados en una realidad, y que nosotros mismos creamos un destino paralelo porque somos almas irrepetibles y tenemos un propósito que cumplimentar. De lo contrario, seríamos algo así como imbéciles aguardando a que el destino piense y resuelva por nosotros. A veces las frecuencias de ambos destinos vibran en consonancia para bien, pero en la mayoría de los casos creo que no. Las personas no siempre percibimos las señales, que como una voz interior, nos alistan para ser más cautos, observadores, intuitivos o simplemente analizar más inteligentemente las decisiones a tomar.
Claro que sí. Me siento influenciado y afortunadamente enriquecido por ciertos escritores-pensadores. Por eso en muy difícil hablar de originalidad, sin desdeñar el esfuerzo que ponemos para escribir una obra. Con esto no me refiero al plagio, lo cual considero una actitud miserable y abyecta. Comencé a leer cuando estudié arte escénico. Shakespeare, como otros tantos dramaturgos, me deslumbraron sobremanera. Sin embargo, dos años de arte escénico fueron suficiente para darme cuenta de que mi destino sería literario. Lo sospechaba desde que cursaba la escuela secundaria. En parte, me lo advertían mis profesoras de lengua, y yo algo atropellado en mis quehaceres de adolescente, también percibía una atracción por las letras. Quizá, en narrativa cometí el error de leer sin estar preparado a Borges. Me sentí tan humillado al descubrir semejante genio de la literatura que hasta pensé en dejar de escribir, sumado a mis inseguridades, inmadurez, y falta de formación literaria. Continué con Sabato, que también me fascinó, Gabriel Garcia Márquez, Cervantes y muchísimos más. Pienso que un escritor de narrativa no es sólo eso, sino que siempre subyace un filósofo omnisciente que le indica en lo profundo, por qué este personaje dice tal o cual cosa, la trama, el desarrollo y desenlace de una obra. En materia de filosofía no comencé por los presocráticos. Me inicié con Kierkegaard, Schopenhauer, Nietzsche, Sartre, Heidegger, Camus…etc. Estos caballeros me marcaron y de qué manera: me volaron los sesos. Tal vez me aproximé a la locura leyendo y analizando sus ensayos. A Borges lo sigo leyendo ya que siempre encuentro algo que no había descubierto.
No sólo de percepción, de sentimientos encontrados, de frustración y de enfrentar el momento más doloroso que nunca deseamos experimentar. Elías Massud, refiere en su angustioso infortunio, que desde fuera lo observan como a un hombre que está haciendo su duelo y que, con el tiempo, las heridas se cerrarán. Pero no advierten o no ven, que para él, la vida ya no tiene sentido. Va a morir y nadie lo ve porque absolutamente nadie está dentro de él para sentir el vacío abrupto que gravita en su espíritu. Elías no juzga, pero ya se siente un fantasma. Aun así, puede valorar los buenos momentos a pesar del inevitable final.
Inexorablemente busca la autodestrucción cuando él mismo, por sus angustias genera un cáncer, ya que considera insuficiente e irrelevante la vida sin Anastasia. Para entenderlo, ha sido tan feliz, que al enfrentar la adversidad entra en un proceso intensamente melancólico, donde se precipita la disolución del tiempo, la esperanza se convierte en una palabra banal, desvanecida, y siente que el sinsentido de la vida está sellado en sus entrañas. No nos olvidemos también, que él ha visto morir a su padre cuando este se enfrentó con valentía a un ladrón y murió de un pistoletazo en el pecho.
Antes de conocer a la mujer de sus sueños, Elías es un hombre que vive para satisfacer a su familia, demostrar que es capaz como comerciante. Pero al conocer a Anastasia, se enciende una chispa divina, una luz interior, algo mágico, que le hace resplandecer y hasta su persona se vuelve más bella. La chispa de la locura, la lleva desde que nació y hasta que muere. Es un poeta oculto, un pensador sin demasiada preparación intelectual que vive entre luces y sombras. En su familia hay cierta violencia que en la mayoría de los casos logran reprimir. Él no es la excepción. Cuando su hermano Ubaidak viaja al Líbano a vengar la muerte del padre, al enterarse Elías siente un regocijo por la forma brutal en que su hermano actúa para vengar esa muerte que durante muchos años permaneció irresoluta.
Claro que la culpa que siente Elías, en parte es por haber visto a su padre enfrentándose a un criminal, y él, al no reaccionar para al menos intentar defenderlo, el sólo hecho de verlo morir lo atormenta tanto que convive por el resto de sus días con esa culpa en realidad innecesaria, ya que para el momento trágico, Elías era apenas un niño. La deshumanización alude a la Segunda Guerra Mundial y a otras guerras que soportaron los libaneses como la invasión del imperio otomano que derramó sangre a diestra y siniestra sobre un pueblo indefenso. Su enfrentamiento con la hipocresía y la devolución que el peso de la moral repercutirá en su conciencia. Sus miedos e incertidumbres y la temeraria e irremediable idea de que llegará a un final, hará desde su espíritu, ser lo que intrínsecamente es en su totalidad. Coincido que como autor es importante hacerse esas mismas preguntas. Y pues claro, la existencia es una constante búsqueda de la verdad.
Sin lugar a duda, soy hijo de padres libaneses y he oído innúmeras historias de abuelos y parientes, amigos de mi familia contar sus historias. He narrado la historia de una familia libanesa que, después de experimentar un episodio trágico con el progenitor, decide emigrar a la Argentina y radicarse en una ciudad serrana como lo es Alta Gracia. He conjeturado los rigurosos paralelismos ancestrales, que si bien, transfieren sustancialmente del autor hacia el personaje central, relevantes confidencias personales, no lo son, en efecto, del todo autobiográficas. Quiero aclarar que mi padre murió por causas naturales, tuvo un comercio importante similar a lo de los hermanos Massud, mi madre felizmente vive, no he enviudado gracias a Dios, y anoto que la historia es pura ficción. De todas maneras, cada frase, cada párrafo, diálogo, es algo así como una pincelada del alma del autor que plasma sobre todas sus obras, por más que en apariencia nada tengan que ver con el autor. Hay un trabajo del inconsciente que, si sabemos captarlo, podemos lograr cosas maravillosas.
Mi padre era un enamorado de las sierras cordobesas y casi todos los fines de semana nos llevaba de paseo junto a mis hermanos. Alta Gracia de pequeño me parecía aburrida. Con el correr del tiempo, me pareció mágica, y no sólo a mí, sino que mucha gente experimenta esta sensación.
No necesariamente. Pero algo me dice que hay que escribir sobre lo que uno conoce, de lo contrario hacemos un trabajo banal o poco significativo, aunque hay algunas excepciones como Romeo y Julieta escrita por un inglés que por lo que tengo entendido, nunca pisó Italia.
Soy un observador omnisciente del universo. Me intereso por la psicología y quedo impactado cuando leo y analizo la exégesis que plantea Freud. Descubro que la doctrina psicoanalítica sostiene que los impulsos instintivos, que son reprimidos por la conciencia, permanecen en el inconsciente y afectan al sujeto. Descubro que la neurosis es el paradigma de normalidad. Aun así, me pregunto: ¿Qué es la normalidad? Me interiorizo también por las pulsiones de vida, de muerte y de poder, como explica Freud. En efecto, me pregunto: si el hombre es dual, como yo lo percibo en mis observaciones, y la neurosis es un trastorno de la personalidad, ¿hasta cuándo el hombre seguirá fingiendo ser estable con sus emociones, si tanto la pulsión de poder como la pulsión de muerte es prácticamente una factibilidad que lo llevará a enloquecer? ¿Serán las circunstancias y las variables que se producen cuando el sujeto interacciona con su entorno, su educación y el libre albedrío? Añado el aspecto psico-endocrino -genético, entonces descubro que las personas además de soportar los problemas propios, arrastramos los programas y trastornos heredados de nuestros ancestros. Percibo el absurdo en la sociedad. Me parece que todos estamos actuando. Considero que los aspectos puros y desconocidos del alma permanecen en los niños hasta los cinco o seis años de vida. Después comienzan a interactuar, a competir, a lo que yo rotulo como la deconstructividad del sujeto. El hombre no es más puro, está alineado con una sociedad enferma que no es, sino que aparenta ser lo que nunca será. Es a partir de allí donde concluyo que existe una grave tendencia a psicotizarnos. Salvo el psicótico que no puede disociar la realidad de la fantasía, concluyo que por lo general, todos tratamos de hacer un esfuerzo por intentar adaptarnos a nuestro entorno a pesar de nuestras ideas intrínsecas.
Bueno, quisiera transmitirle al público en general, y a escritores que posiblemente lean esta novela, que escribir es algo maravilloso y que más allá que pasamos muchas veces inadvertidos, este oficio al menos a mí me hace sentir más vivo. Escribir no sólo es haber leído mucho, cursar una carrera, intelectualizarse. Es también sentarse a tomar un café, oír a regañadientes una conversación, observar sus gestos corporales, sus miradas, percibir sus emociones. Es viajar en el tiempo con nuestra imaginación, comprender los porqués de las cosas, nutrirnos de la realidad para intentar entender al mundo y plasmarlo en nuestros escritos. El arte humaniza y contagia. Estoy atravesando un momento bueno en mi vida, después de todo la vida, hermosamente, a veces nos da un beso, y estoy muy agradecido por ello. Estoy casado con Alejandra Aloy, mi compañera de vida, mi todo, a quien le agradezco su paciencia ayudándome en todo sentido, ya sean correcciones o lo que fuera. Quiero agradecer al personal de Tregolam por haberme dado esta oportunidad de publicar estas dos novelas en Madrid.
Muchas gracias,
Gabriel Aziz Loutaif
Muchas gracias por concedernos esta entrevista. Te deseamos mucha suerte con tu novela ¿Alguien vio partir a Elías Massud?
- Nombre: Gabriel Aziz Loutaif
- Género: Novela
- Bio: Hijo de inmigrantes libaneses. Cursó sus estudios en el colegio Nacional Deán Gregorio Funes. Estudió Arte Dramático y concurrió a diversos talleres literarios.En 1986 publicó su primer libro de poemas, Regresando imágenes. En 1996, terminó de escribir su primera novela, Desde algún lugar del cielo y en 2006 ¿Alguien vio partir a Elías Massud? En 2010 obtuvo el primer premio de cuentos, El meridiano de la palabra, en Paraná, Entre Ríos, cuyo título es Su pasión por Renoir, otorgado por la Sociedad Argentina de Escritores. En el mismo año, participa de la elaboración, compilación y publicación del libro, Nosotros, antología poética, en la ciudad de Buenos Aires.Incursionó en el psicoanálisis, el inconsciente, la neurosis, la histeria y la tragedia edípica, lo que influyó en su tercera novela, El hombre postergado (2012).
- Obra: ¿Alguien vio partir a Elías Massud?
Disponible en: Amazon y Read on time
Sobre el autor
Gabriel Aziz Loutaif
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