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Entrevista a Paul Seaquist, autor de «Vuelo de rapiña»

¡Bienvenido, Paul! Estamos encantados de que nos recibas para charlar sobre tu libro Vuelo de rapiña (editorial Caligrama), un volumen que recoge dieciséis cuentos donde la vida cotidiana de cada uno de sus personajes se ve truncada por motivos escabrosos y en los que la mayoría derivan en un trágico desenlace. ¿De dónde surgió la idea para escribir estos relatos?

Vuelo de rapiña es un libro que escribí durante un periodo de casi tres años. Lo comencé en mi casa de La Habana, en un tiempo en el que pensé que nunca más iba a volver a escribir, y lo terminé en mi casa de España, hace algunos meses, en un periodo en el que no podía dejar de hacerlo. El primer relato que escribí del libro se llama «Los aretes que le faltan a la luna» el cual hace evidente alusión a Cuba. Aún recuerdo escribir esa primera frase sentado en la sala de mi casa, en medio del Vedado: los inviernos en La Habana están acompañados por una brisa imperturbable que nace desde alguna parte, enfriando almas y rompiendo olas contra el Malecón.

Cómo y de dónde surgió la idea para escribir estos relatos no te lo puedo decir, no porque no quiera, sino porque no lo sé. Imagino que simplemente de la necesidad de decir, de explicarme, de contar y de contarme.

Tu libro presenta una temática y unos personajes oscuros en cada uno de los cuentos que nos encontramos. ¿Por qué elegiste la violencia y el desconcierto como hilo conductor de la obra?

Es verdad, por lo general, los relatos están basados en una temática oscura y desconcertante. La vida es así ¿no? Un poco oscura y, a ratos, bastante desconcertante. Yo intento contar lo que veo, lo que me ha tocado y lo que me interesa. Siempre he creído que la belleza es efímera y que radica en lo oscuro, en los perdedores. En lo anónimo. En una espalda mojada por una lluvia de verano, en unos zapatos sucios. En las lágrimas de una viuda reciente. En las arrugas que decoran el rostro de un viejo viendo anochecer.

Tengo la impresión de que muchas veces lo bello no le pertenece solamente a lo hermoso, sino a lo que, por regla tradicional, por lo general no lo es. No hay nada más horrible ni menos bello que lo brillante, que lo poco armónico, que lo exagerado. Es por eso que tal vez trato de darle un espacio de belleza a lo que, si no, no lo tendría. Puede haber belleza en el desconcierto, en lo oscuro, de eso no tengo dudas.

Debido a este carácter tan sombrío que presenta la obra, no es de extrañar que hallemos en cada una de las historias que la conforman temas como el dolor o la muerte. ¿Por qué decidiste enfocarlos de tal manera que se devele el lado oscuro de los seres humanos?

Creo que la respuesta es parecida a la anterior. El lado oscuro no lo es tanto finalmente. Y, puede ser, muy atractivo. ¿Conoces los montos de ingresos del New York Times o CNN, la BBC o TVE? Finalmente, lo que ellos venden también es dolor y muerte. Solo que en un formato que pretende ser informativo ¿Cómo es el antiguo axioma del periodismo? If it bleeds it sells.

¿Tú sabes que el cine de terror genera casi un billón de dólares anuales en USA solamente?

El tema de la muerte, de asesinatos, de violadores y violados o de asesinos seriales ha sido siempre muy atrayente. Imagino que debe ser por el factor catártico que genera. O simplemente por el morbo.

Mi generación, por lo demás, creció viendo cine de terror. El fin de los ochenta y comienzo de los noventa fue el gran renacer de ese genero. Películas como Viernes 13, Halloween, Cementerio de animales y La matanza de Texas, un poco antes, marcaron y exacerbaron los gustos cinéfilos de muchos.

En el prólogo del libro, además, se habla un poco sobre la visión de Aristóteles sobre el tema, él define la finalidad de la tragedia como la provocación de los sentimientos de piedad y terror para exteriorizar estas emociones y le encuentra una razón más terapéutica al tema. Puede ser la sanación a través del reflejo de lo que somos.

Al estar contadas de una manera tan natural, las experiencias de las que hablas, por desgracia, pueden extrapolarse fuera de la ficción. De hecho, en el prólogo afirmas que podemos encontrar elementos autobiográficos en cada uno de los relatos. ¿Consideras que han influido en tu manera de ver el mundo o, por el contrario, ha sido tu propia percepción de este la que ha afectado a tu escritura?

Creo que un poco de ambas. Pero hay que tener cuidado, cuando yo hablo de los elementos autobiográficos en la obra, no son necesariamente los elementos que más marcan el desarrollo de los relatos. Yo no he matado a nadie, ni he violado a nadie, ni seduzco a viudas que velan a sus maridos. Lo autobiográfico se basa más en ambientes, en sensaciones, no en el argumento ni en la problemática ético/moral en si.  Este libro no es una apología a la violencia. Sí es un reflejo de lo que a mi me ha tocado vivir en los últimos tres años, tal vez, incluso solo metafóricamente.

A ver, los bares que aparecen en algunos de los relatos los conozco de noches de tomateras interminable; las calles de La Habana que menciono las transito a diario; la sensación de perder a un ser querido la conozco bien. Hay relatos en los que describo mi propia casa.  A amigos queridos. Pero, lo que hagan los personajes del libro con y dentro de esos ambientes se escapa de mis manos. Mea culpa. Los culpables son ellos, ¡no yo!

Los relatos también te sirven de pretexto para señalar la perversa moralidad del ser humano. ¿Buscabas reflejar la realidad a la que nos podemos enfrentar y, de esa manera, denunciar y condenar los actos que los personajes cometen en tu libro?

No realmente. A mí como escritor ¡no me corresponde denunciar! Sí me corresponde mostrar e intentar explicar, o más importante aún, intentar explicarme cosas. Por lo demás, no creo que haga falta señalar la perversidad moral de los seres humanos, eso ya se da por hecho, ¿no? Tan solo hay que mirar lo que ha ocurrido a lo largo del siglo XX y lo que hemos vivido en el XXI. Comenzamos con la guerra de trincheras en la Primera Guerra Mundial, luego las atrocidades del sistema soviético, Stalin, las de Mao en China, luego Hitler y el holocausto, las bombas atómicas, Pol Pot, las guerras étnicas en África, las Torres Gemelas, La Manada en España… Y eso solo es por encima, muy someramente.

A veces considero que es absurdo condenar. ¿De qué sirve? Todo se condena y no pasa nada. Recuerdo haber estado en París durante los atentados del 2017. Si mal no recuerdo, hubo cerca de 150 muertos. ¡Y no pasó nada! Antes habían sido los del metro en Londres, en el 2005. Y, nuevamente, ¿qué pasó? Nada.

Las condenas y las denuncias las dejo para los círculos burocráticos inservibles como la ONU o la Unesco y sus directivos que condenan por agendas y cuoteos políticos y solo cuando les conviene. Si no, si te he visto no me acuerdo.

En tu prólogo explicas que escribiste los cuentos en cuatro países diferentes, y podemos encontrarnos ciudades como La Habana, Madrid, Santiago, Berlín… ¿Crees que estar presente en esos lugares de cierto modo te inspiró a desarrollar mejor el texto?

Por supuesto. Creo que uno como escritor debe hablar solo de lo que sabe, de lo que ha vivido y ha experimentado cotidianamente. Yo conozco lo que es vivir en Berlín, lo he hecho desde hace casi veinte años. Conozco sus inviernos interminables y sus veranos pasajeros. La Habana es mi segundo hogar, sé cómo huele, y también cómo duele. En Santiago viví toda mi infancia, mi adolescencia. Yo soy Santiago. Y Madrid o España es donde paso gran parte de mi vida ahora. Creo poder contar esas ciudades, con mayor o menor certeza, con mayor o menor objetividad, pero puedo contarlas. No creo poder escribir un cuento sobre Sri Lanka, por ejemplo, no he navegado sus calles, ni he vivido sus amaneceres. No he reído en ella ni tampoco la he llorado. Los lugares deben transformarse en uno y uno en esos lugares. Luego, tal vez y solo tal vez, se pueden contar.

Como autor, cada uno de tus textos debe ser muy importante para ti, pero ¿hay alguno al que tengas más cariño? ¿Cuál de todos los que componen la obra fue el que más te costó escribir?

La verdad es que no le tengo cariño a ninguno. No creo en eso de tenerle cariño a tus creaciones. Yo escribo y creo porque no me queda otra. Nada tiene que ver con el cariño. Yo cuento porque no tengo alternativa. La única alternativa es el silencio y como alternativa no me gusta, pero el que no me guste no quiere decir que le tenga más o menos cariño. Tampoco creo en eso de encariñarse con uno u otro personaje de tu obra. A veces pienso en ellos, eso sí, durante el proceso creativo, obviamente, y después de vez en cuando los encuentro rondando por mi cabeza. Pero de la misma manera que lo hago con muchas otras ideas o personas.

Siento que el proceso creativo se ha mitificado un poco. O bastante. Creo que los creadores nada tenemos de especial, y mucho menos nuestros procesos. Somos, por lo general, personas con bastantes conflictos, y con un «yo» bastante castigado, que pasamos la vida encerrados entre cuatro paredes en chándal y en silencio intentando encontrarle un sentido a la vida.

Hay algunos cuentos que cuesta escribir más que otros. A veces cuestan por aspectos técnicos, otra por razones emocionales. Me parece que, de la colección, el que más me costó escribir emocionalmente fue «Cristales Rotos». Recuerdo haber llorado mientras le daba forma. Habla de pérdidas del alma. Luego, técnicamente, el que más me costó fue «Porvenir y Fonts». Es un cuento largo y con bastantes voces. Además, son hechos relativamente verídicos, lo que presenta el desafío de la verisimilitud y de la objetividad. La niñita violentada, las locaciones, el nombre de esas calles o el padre borracho han sido de alguna manera parte de mí en algún momento de mi vida.

Escribir cuentos debe ser bastante complejo, puesto que debes pensar en varias historias y meterte en la piel de distintos personajes en contextos completamente distintos. ¿Sigues algún proceso de escritura? Si es así, ¿cómo te organizas para llevarlo a cabo?

Yo sigo un horario y para mí ese horario es sagrado. Cualquier cosa que deba hacer se pospone hasta que termine de escribir. Comienzo a escribir a las 8 a.m. todos los días, y lo hago hasta la 1 o 1:30 p.m. Ahora, siento que es un proceso poco ortodoxo el que utilizo. He leído que Jonathan Franzen, cada vez que compra un computador nuevo, desactiva toda opción para que se conecte al internet. Él encuentra incompatible el escribir y el internet. «El tabaquismo del siglo XXI», le llama. En mi caso es completamente diferente, escribo y hago multitasking. Mientras escribo, leo la prensa, veo YouTube, chequeo redes sociales, camino por el campo con mis gatos, etc. ¡Tal vez por eso no escribo tan bien con Franzen!

Ahora, mi proceso, por poco ortodoxo que suene, no quiere decir que sea menos serio. Se me va la vida en cada palabra que escribo, y luego dudo tanto de la palabra como de la vida. Solo que entremedias miro Facebook y juego con mis gatos.

Utilizo una técnica de Hemingway, eso sí, siempre. Siempre paro de escribir cada día con una frase en las yemas de mis dedos. Esa frase durante el resto del día se va desarrollando hasta el próximo día a las 8 a.m. cuando la plasmo en la hoja en blanco.

Durante el resto del día leo, y leo, y leo. Y por supuesto ¡chequeo Instagram!

Siempre se dice que la base de todo buen escritor es ser un gran lector. ¿Qué autores son tus referentes a la hora de escribir?

¡Tantos! Creo que el autor que me abrió las puertas a la literatura fue Bukowski. Bukowski para mí es más que un escritor, es un amigo y compañero de rutas. Aunque escribimos completamente diferente y siento que los temas también son distintos, creo que hay una similitud en cómo enfrentar la vida y la creación. Básicamente, don´t talk it, walk it! No hables tanto sobre tu escritura, solo ¡escribe!

A Bukowski vuelvo con regularidad.

Pienso mucho en Hemingway, también, cuando escribo. No tanto por su estilo de vida. Finalmente era un fanfarrón. Pero por su disciplina y entrega. La frase corta, perfecta. El escribir la mejor frase que puedas, cada vez que puedas. A mí no me funciona, pero ¡pienso en él!

Ahora descubrí a Sara Mesa y me ha deslumbrado. Llegué, por supuesto, a su libro Un amor, pero después me compré toda su obra. ¡Ella es buena!

También la mexicana Fernanda Melchor me tiene sorprendido. Me gusta la oralidad de su escritura.

Además de Vuelo de rapiña, también has publicado un libro de poesía (Silencios, Editorial Universitaria, 1997) y otro volumen de cuentos (Cartagena, Editorial Universitaria, 2000). ¿Has notado alguna diferencia entre publicar ahora y entonces? ¿Te interesaría probar otros géneros? ¿Tienes en mente algún otro nuevo proyecto?

Ha habido definitivamente un cambio en la publicación de esa época y la de hoy. Cuando publiqué ambos libros, las editoriales no tenían la capacidad promocional que tienen ahora. Que tenemos ahora. Recuerdo que la única manera de promocionar un libro era ir a firmar ejemplares a librerías o tener la suerte de que algún periódico reseñara tu trabajo. Hoy, Internet ha facilitado, sin duda, mucho ese aspecto, tanto para editores como para autores. Con un solo post puedes llegar a miles de personas, puedes hacer entrevistas que escuchan millones, acercarte a tu base de lectores con solo apretar un botón. Sin duda, la masificación y democratización de la publicidad ha hecho maravillas.

En este momento estoy intentando escribir una novela que se va a llamar Semen. Trata sobre la soledad, la pérdida, los recuerdos y lo que ha quedado atrás. Tiene personajes entrañables: una okupa que pasa la vida citando a Charles Bukowski, un jardinero adicto a la marihuana que conduce un Porsche, un hombre solo que vive como ermitaño y que mira el tiempo pasar a través del andar de las cabras, una mamá cubana y una bebé que nunca nació.

Para terminar, ¿hay alguna cuestión qué te gustaría compartir con tus lectores que no hayamos abordado?

Hagan lo que hagan, háganlo como si se les fuera la vida en ello. No hay nada más triste que las cosas hechas a medias, un cuento mal logrado, una novela que nunca dio sus frutos, un tal vez o un amor que nunca llegó a serlo.

Ha sido un placer compartir este tiempo contigo, Paul. Te deseamos mucho éxito con Vuelo de rapiña, disponible en librerías online.


  • Nombre: Paul Seaquist
  • Género: ficción contemporánea
  • Biografía: Paul Seaquist (Santiago, Chile, 1973). Ha publicado el libro de poesía Silencios (Editorial Universitaria, 1997) y el volumen de cuentos Cartagena (Editorial Universitaria, 2000). Su obra figura en la antología Después del 11 de septiembre (Ficticia, México, 2002) junto a autores como Poli Délano, Ramón Díaz Eterovic, y Hernán Rivera Letelier. Ha colaborado con diversos medios escritos en Alemania, Italia, Chile y EE.UU. Actualmente reside entre Berlín, La Habana y España.
  • Obra: Vuelo de rapiña

Disponible en: Amazon, La Casa del Libro

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