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Entrevista a Monia Amreta, autora del libro ‘Sometidas’

Buenos días, Monia. Sometidas es tu primer libro publicado y en él cuentas que, aunque nunca descartaste ser escritora, no era algo que vieses factible o prioritario. ¿Qué te ha llevado a adentrarte finalmente en la literatura?

La verdad es que escribir Sometidas empezó casi a modo de terapia, como una manera de poner en limpio y ordenar mis sentimientos y mi frustración. Me servía para vaciar en el papel muchas ideas, a veces divertidas y a veces dramáticas, que me ocurrían en el día a día y que no llegaba a verbalizar en su momento, al estar en la mayor parte de los casos rodeada de hombres. Empezó así, la verdad, pensando que sería cosa de poco recorrido, como mucho unas páginas divertidas para amigas y familia. Sin embargo, poco a poco, la cosa fue cogiendo forma y volumen. ¡Yo misma me he sorprendido de lo que tenía dentro!

También es cierto que, a medida que escribía, me iba comprometiendo más y más con la temática. Empecé a revisar informes, obtener datos y leer libros, y lo que encontré me hizo avanzar y seguir escribiendo. Muchas personas que han leído Sometidas me comentan que empieza de una manera muy liviana y acaba, en cambio, con un contenido más serio y documentado. Tienen razón, el libro refleja exactamente cómo he vivido el proceso de escribirlo. Parte de una especie de chiste, de una broma que lentamente se va tornando en rabia y tristeza, en un problema mucho más serio del que inicialmente había previsto incluso yo misma.

Un matiz importante es que es un libro sin pretensión alguna. Al leer, algunas personas han criticado que es partidista, que no refleja la situación de todas las mujeres, que no profundiza en las líneas de cambio, que es excesivamente radical y otras críticas adicionales. Sometidas es lo que es: un libro de opinión y vivencia personal. Puedo escribir y hablar de lo que yo he experimentado, de las cosas que he aprendido y de mi situación particular, es decir, de mi punto de vista. Nada más que eso. No pretendo representar al colectivo de mujeres, ni tener la piedra filosofal de cómo equilibrar la brecha de género, ni hablar de experiencias ajenas. Son mis vivencias y opiniones.

 

En esta novela, realizas un discurso feminista, pero tomando como partida el mundo de los hombres y a estos como el sujeto de análisis. ¿De qué forma surgió esta idea de hacerlos protagonistas?

Desde luego, no ha sido premeditado, nada más lejos de mi intención. Lo cierto es que, en mi mundo y en los episodios que cuento, sí que lo son, con creces. Son los protagonistas absolutos del mundo empresarial o, mejor dicho, de las esferas del poder del mundo de los negocios. Su protagonismo se traslada al libro como reflejo de mi realidad.

Por lo general, además, se sienten de esta manera. Incluso en la actualidad, con todo lo que está pasando en las calles y en algunos sectores, con la enorme protesta por la desigualdad, me sigo encontrando comentarios del todo sesgados hacia las mujeres, del todo faltos de consideración para las mujeres que estamos presentes. Es obvio que el protagonismo lo asumen por completo, les cuesta incluso darnos un papel secundario.

 

Sin duda, uno de los rasgos más poderosos de Sometidas es su alto grado de diversión, pero también de reflexión. ¿Qué es lo que más has disfrutado y lo que más dolores de cabeza te ha dado al escribir?

En general, he disfrutado mucho escribiéndolo. Todas las vivencias y experiencias que describo, en la mayor parte de los casos bajo clave de humor, me han divertido mucho e incluso me han hecho reír a carcajadas. Reconozco que, en muchas de estas vivencias, me río sobre todo de mi misma y esa terapia ha sido genial. Sometidas no es para nada un discurso de una cuarentona rabiosa y profesionalmente acabada como ha apuntado algún hombre que lo ha leído. Es todo lo contrario, salvo lo de cuarentona. Es una llamada al cambio desde una posición privilegiada donde la frustración no puede con el humor y, desde luego, desde una proyección profesional todavía en auge.

Los mayores dolores de cabeza han venido con la investigación. Al leer sobre la desigualdad, te das cuenta de la importancia del tema y de la situación de partida tan aberrante que tenemos hoy en día. No te lo puedes creer. No entiendes cómo estamos así y por qué nadie pone el grito en el cielo. Es verdad que todos los movimientos que vemos ahora me consuelan. Está claro que las mujeres estamos hartas y queremos movilizarnos. Al ver la afluencia en España a las manifestaciones del 8 de marzo, los movimientos en EE. UU., etc., solo puedo pensar que teníamos muchas ganas, todas nosotras, de expresar que habíamos llegado al límite. Y nos hemos hecho con las calles. Solo espero que esto sea el principio y que no nos desinflemos por el camino.

 

Para desarrollar Sometidas, te has basado en tu larga experiencia profesional como ejecutiva. ¿En qué momento dijiste “esta desigualdad tiene que cambiar”? ¿Qué te hizo despertar?

No encuentro un punto de inflexión, una experiencia concreta, un momento en que diga “se acabó”. Lo veo más bien como una evolución natural. A medida que vas avanzando en tu carrera profesional, el mundo se vuelve más de hombres. Las reuniones, tus compañeros, tus superiores… Todos son hombres. Empiezas a cuestionarte las causas de esa situación, ves comportamientos que marginan a las mujeres y detalles que probablemente siempre han estado ahí, pero que hasta ahora no contaban con tu atención. Y una vez que sigues esa senda, estás perdida a la causa. Muchas piezas encajan y ves todo con más claridad. Ves de manera cristalina la gran injusticia que todavía existe hoy en día con el género femenino.

Hay mujeres que declaran abiertamente estar en contra del victimismo del feminismo, que justifican que las diferencias biológicas entre hombres y mujeres son imponderables para que las mujeres puedan aspirar a la igualdad total. Para nada lo veo así. Es más, considero que es al contrario. Debemos dar a la mujer plenitud de derechos y de facilidades para poder elegir su lugar, bien sea cuidando de su familia o dirigiendo una empresa. No hacerlo, como ya se está demostrando, lleva a unos índices de natalidad ínfimos y por ende al cuestionamiento de los modelos económicos y de permanencia sobre los que se construye nuestra sociedad. Ese debería ser el objetivo común que debería unir los intereses de los hombres y de las mujeres en esta lucha.

 

Según comentas en uno de los capítulos, ya desde pequeñas, las mujeres empiezan a someterse inconscientemente al hombre haciendo lo posible para ganarse el amor de sus padres. ¿Es esta la forma más peligrosa de sometimiento, la que nace de las propias mujeres?

No creo en el sometimiento que nace de una misma, creo en los condicionantes sociales, que están muy presentes desde el primer día de nuestras vidas. Son muchos y poco visibles. Un ejemplo que creo que menciono en el libro es que todos los productos de cocina de Ikea tienen nombre de mujer, mientras que los de oficina son de hombre. A una mujer la premian por ser cuidadosa y responsable; al hombre, por ser aventurero y temerario. Leemos libros que perpetúan estereotipos, vemos anuncios con hombres poderosos y mujeres cosificadas. Todo va llenando nuestro cerebro y va alimentando la brecha de la desigualdad.

Volviendo al caso que mencionas, el de las niñas ganándose a sus padres, si el papel de estos deja de ser diferencial frente al de la madre y su compromiso con la familia se equipara, esta necesidad desaparecería por completo. Veríamos desde pequeños al padre y a la madre como iguales y creceríamos con ese concepto.

 

Aún hay mucho que hacer en materia de igualdad entre hombres y mujeres, ¿cuáles crees que son los siguientes pasos que deberían seguirse?

Antes de entrar en medidas futuras, me gustaría mencionar lo vergonzoso que me parece que sigamos en esta situación a día de hoy. Me parece anacrónico, especialmente viendo lo veloces que hemos sido en los últimos años con cambios de conducta profundos, como la incorporación de las nuevas tecnologías. Es algo que me cabrea, no lo niego. Pero bueno, estamos donde estamos y mirar hacia atrás no nos lleva a muchos sitios.

En cuanto a medidas, por desgracia, para lanzar el mensaje de cambio, hay que forzar la situación. Además, no es nuevo; otros países lo han hecho con buenos resultados. Me refiero a medidas de control que eliminen de la sociedad los conceptos sexistas: regulación de la publicidad, campañas de igualdad, control de desigualdades salariales… Todas ellas con penalizaciones relevantes por incumplimiento, por supuesto. También medidas que potencien a la mujer en las esferas de poder para que puedan guiar a las que están subiendo. Sí, me refiero al controvertido sistema de cuotas. No es lo idóneo a largo plazo, pero lo considero esencial para empezar a andar en la dirección adecuada. También incorporar en la educación medidas para la igualdad. Tengo un hijo de 16 años y, a veces, me quedo atónita con los temas absurdos que estudia mientras existe una falta clara de educación en el civismo, la ética y otros valores clave para la sociedad. Por supuesto que son aspectos que deben aprender en casa, pero reforzarlos en la escuela me parece algo importante.

 

¿Qué autoras y libros sobre feminismo has leído y cuáles recomiendas?

Al principio, más que libros sobre el feminismo, leía informes. Luego ya me metí en libros. De mis favoritos, destaco Cómo ser mujer, de Caitlin Moran, o Todos deberíamos ser feministas, de Chimamanda Ngozi Arichi.

 

Ahora que te has atrevido a publicar tu primer libro, ¿seguirás dedicando tiempo a la literatura?

¡Ni idea! Me ha gustado mucho la experiencia, pero es verdad que requiere tener algo que contar y tiempo para escribir, y no sé si tendré ambas cosas en el futuro. Ojalá que sí.


  • Nombre: Monia Amreta.
  • Género: ensayo.
  • Bio: Monia Amreta nació en Vigo, Galicia, pero, tras cursar sus estudios secundarios, se mudó con una beca a Boston (EE. UU.) para graduarse en Administración de Empresas. Desde entonces, ha vivido en distintas ciudades, aunque desde hace algunos años ha vuelto a tener Galicia como su punto de referencia. Es una ejecutiva a nivel internacional especializada en el desarrollo de proyectos de consultoría estratégica para empresas líderes. Ha trabajo para Mckinsey&Co, General Electric, Grupo Prisa o Atento, tanto en EE. UU. como en UK, Portugal y España. Sometidas es su primer libro. Escribirlo para ella ha sido, junto con hacerle mimos a su difunta perra, una terapia necesaria para sobrellevar las injusticias diarias encontradas en su mundo profesional por el hecho de ser mujer. Monia está casada en segundas nupcias y tiene un hijo de 16 años y un nuevo perro, adoptado, de año y medio.

Libro: Sometidas

 

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