Debo ser un suicida, porque desde el primer momento rechacé la idea de escribir una novela sencilla. En la primera, ya ves. Al contrario, opté por una historia compleja, porque era lo que me pedía, y, además, me lo pedía el cuerpo. Los engarces técnicos, las grapas que unen la novela y le dan consistencia y coherencia tuvieron su grado de dificultad. Por eso agradezco desde aquí los sabios consejos de quienes me aconsejaron durante el proceso de su escritura.
En cuanto a la idea de la novela… al principio quise partir de una idea simple: ¿y si no somos quiénes en realidad decimos ser? ¿Y si no hay nadie, absolutamente nadie, que no tenga algo que esconder? Después, fue la novela la que me llevó a mí.
Me pareció interesante que los dos planos temporales fuesen narrados por dos narradores diferentes. El pasado regresa como el testimonio escrito, soñado o recordado de uno de los protagonistas, de alguna manera un observador pasivo de la trama principal porque ya vive la suya propia (que no es menos importante). La multitud de ópticas y perspectivas quiere ayudar al lector, a pesar de la complejidad, a vivir la historia desde la piel de los personajes y no desde fuera.
Andalucía representa muchas cosas para mí. Es, en primer lugar, un espacio y un tiempo de infancia, de juventud temprana. Y, por eso mismo, un lugar mítico, casi un Macondo particular. Y, por otra parte, una parte de España que ejemplifica muy bien nuestra trayectoria reciente. Somos un país que se miró al espejo hace cuarenta años y decidió cambiar muchas cosas que no le gustaban. Y creo que ahora no tenemos el coraje para mirarnos de nuevo en él. Creo que Andalucía también tiene problemas con ese espejo.
De todos los elementos que mencionas, creo que la lluvia es el que se impone a los demás. Uno de mis cuentos transcurre en París durante un hipotético diluvio. Me pregunté: «¿qué pasaría si nunca dejase de llover?». El resultado fue desolador: las vidas se perdían en el caos, los espíritus se disolvían literalmente en el agua. Al escribir esta novela, sentí que la opresión de un manto de agua incesante sería un marco adecuado para contar una historia llena de derrotas.
Con la perspectiva que da el paso del tiempo, hoy podemos decir que España, a principios de los 2000, era un país emborrachado por el éxito. Casi un personaje de Un mundo feliz pidiendo a diario su ración de soma. Esto lo retrata muy bien Antonio Muñoz Molina en Todo lo que era sólido, y hay poco más que añadir. En contraste con esa narcolepsia moral, a finales de los 70 y principios de los 80 el panorama era otro: una sensación de urgencia, un objetivo claro de recomponerse y rehacerse como país, vivido (por mucho que lo nieguen ahora algunos) con ilusión colectiva, incluso con cierta inocencia, rayando en la ingenuidad. Aunque en el fondo, poca cosa haya cambiado, ¿no crees?
Eso lo dejo a la opinión del lector; sería aventurado por mi parte entrar en ese debate. Sí puedo decir que los personajes no cerraron su historia colectiva correctamente, de la única manera en que hubieran podido hacerlo: con el perdón y la aceptación mutua. Eso que nos cuesta tanto a los españoles. Y sus heridas se reabren, desde luego. Pero si en mi novela hay algo de pesimismo de la inteligencia a lo Gramsci, que así sea.
He querido crear antihéroes a partir de prototipos y de personas que conozco, sí. Y ha sido divertido construir personalidades complejas a partir de retratos psicológicos completamente opuestos. Un ejercicio que quise hacer voluntariamente.
Derrota, derrota y derrota.
Ese tiempo pasado y feliz del que hablas existe en tanto en cuanto es el que los protagonistas quieren recordar. Pero debajo subyacen muchas cosas más: la pobreza, la soledad, el desprecio, la doblez moral de algunos personajes. Ni el «verano azul» fue para todo el mundo, ni el bienestar de hoy está al alcance de todos. La culpa era nuestra entonces, y lo sigue siendo hoy.
Hace cuarenta años los niños españoles aún creían firmemente en el pecado, y seguramente, en el infierno. Por lo tanto, la aceptación de la sexualidad propia no podía ser la misma entonces que la que hoy experimentan los jóvenes que la descubren; quien quiera juzgar a mi personaje y su vivencia con criterios actuales, desde luego se equivoca. Simplemente he querido imaginar cómo se sentiría un joven de pueblo en esa situación en aquel momento dado del tiempo. Vaya usted a saber si lo he conseguido.
Desde luego que ese no es hoy el tema de debate. Sí lo es, sin embargo, que el rechazo a otras identidades sexuales siga ahí.
No quiero dar pistas, pero busquen en Wikipedia lo que le pasó al pobre Vulcano.
Antes de dar por finalizada la entrevista, nos gustaría dejarte unas líneas para que puedas dirigirte a los lectores y comentar algo que se nos haya quedado en el tintero.
Muchas personas me hacen preguntas tras leer el libro. Hay cosas que las intrigan, otras que las desasosiegan. Quiero pensar entonces que al menos puedo ofrecer a los lectores un «entretenimiento difícil». Si llegan al final sin haberlo comprendido todo, sepan que yo tampoco.
Muchas gracias por compartir este tiempo con nosotros, Ignacio. Te deseamos el mayor de los éxitos y recordamos a los lectores que pueden adquirir tu libro en las librerías físicas y online más importantes.
- Nombre: Ignacio Sáinz de Medrano
- Género: ficción
- Biografía: Escritor novel, hasta hace no mucho tiempo, un esclavo de las obligaciones profesionales y del mundo de las finanzas, que ha pasado varios años de su vida profesional fuera de España. Apasionado de la buena novela en español, (creció rodeado los libros del padre catedrático de Literatura Hispanoamericana) y modesto explorador de la poesía, ha tardado más años de los debidos en sacar del armario sus inquietudes de escritor (el tiempo, las responsabilidades, así como la enfermiza autoexigencia se han ocupado de ello) y las ha transformado con pasión en esta primera novela, pero ya no parará (y ya trabaja en su segunda obra).
- Obra: La fragua de Vulcano
Disponible en: Amazon, La Casa del Libro, Proteo Prometeo
Sobre el autor
Ignacio Sáinz de Medrano
¿Tienes un manuscrito terminado y no sabes por dónde empezar?
Edición, cubierta, distribución y campaña de lanzamiento. La entrevista forma parte del proceso.
