Bueno, es una novela sobre el mito de la paternidad y sobre el sentimiento de culpa. El anciano es consciente de su fracaso como padre y desea, en el último tramo de su vida, reconciliarse con Virginia, provocar un acercamiento a una hija que, en el pasado, quedó relegada a un segundo plano en sus prioridades.
De los dos hermanos, es la figura más fiable, de más consistencia. Benito es un personaje más voluble y pusilánime. También hay que incluir una perspectiva de género en la narración. Abdón, como hombre educado en el pasado y sujeto a estereotipos, considera que la mujer es más idónea en el ámbito de los cuidados y que, al no tener hijos/as, cuenta con más tiempo para dedicarse a su padre.
Las mínimas. Exclusivamente, algunas fuentes médicas para conocer el proceso de diagnóstico y las fases de evolución de la enfermedad. No quería dejarme influir demasiado por otros escritos o experiencias sobre el alzheimer, pues deseaba tallar un personaje nuevo.
Una vez leído, puedo deshacerme de cualquier libro que posea. No hay problema. Aunque es cierto que conservo algunos libros antiguos y otros en primera edición (una suerte de fetichismo inútil) que me han gustado especialmente y que aparecen en la novela: Tiempo de silencio, Camino de perfección, Platero y yo o El hacedor, de Borges.
Bueno, no decidí ser escritor. Quiero decir que nunca opté por dedicarme a la literatura como profesión. Para mí, escribir nunca puede ser una profesión. ¿Alguien puede considerarse profesional de la literatura? Es más bien un oficio o una forma de manifestarse ante lo que te acontece en la vida. Empecé a escribir en el año 2003 y supongo que ya tenía un bagaje como lector y como fetichista de los libros antiguos. Tengo un hermano gemelo (Joaquín) que también escribe y la literatura siempre ha sido un tema compartido.
Los premios literarios son muy interesantes. Hay muchísimos en todas las modalidades literarias y es una manera estupenda de publicar una obra –contando previamente con opiniones favorables a ella– y también de conocer ciudades y gente enamorada de la literatura. Hablar con gente de Burgos, de Córdoba o de Alicante sobre literatura es muy gratificante. Se establece una relación limpia y cercana.
El problema de los premios literarios en España es que, en demasiadas ocasiones, los intereses de una determinada editorial o grupo de comunicación tergiversan el normal desarrollo del concurso para que lo obtenga una persona concreta. Es necesario que el convocante del certamen, sobre todo si se trata de una entidad pública, cuide que el proceso sea limpio e imparcial. En este sentido, estamos demasiado cerca de algo que podemos considerar una estafa en toda regla.
No lo sé. Quizás el Premio de Novela Villanueva del Pardillo (2006), que me permitió publicar mi primera novela gracias a la editorial Verbum: Tratado geográfico sobre la aversión. También el Premio CERSA, convocado por la Universidad de León (2009) y que publicó la obra más extraña y difícil que he escrito, El engendrador, una novela de experimentación lingüística escrita con total libertad expresiva, pero quizás muy dura.
Por otra parte, en el año 2014, obtuve un premio de relatos sobre la Guerra que convocaba el Ayuntamiento de mi pueblo natal, Campillo de Llerena. Quizás ese haya sido el más emotivo personalmente.
Me llamaron desde el Ayuntamiento de Villanueva del Pardillo para comunicarme que había obtenido el Premio de Novela. No me lo podía creer. Saber que lo que a ti se te ocurre escribir en una habitación de madrugada le interesa a alguien y que la novela ha conectado de forma natural es muy satisfactorio.
Ahora, en la actualidad, me veo igual: sentado por las noches frente al ordenador y tecleando historias que burbujean en mi interior.
La poesía es, en mi opinión, el reto más difícil de la literatura. En la narrativa, uno escribe para los demás, monta una historia, diseña unos personajes y crea una trama para que el lector/a se interese por ella. La poesía, sin embargo, me fuerza a escribir para mí mismo. Yo soy el remitente y el destinatario, y eso exige una sinceridad sin tapujos a veces dolorosa.
Me interesan los problemas cotidianos de individuos de la calle, fundamentalmente, los menos afortunados. Ahora mismo, estoy inmerso en escribir una nueva novela con los desahucios y la especulación de los Fondos Buitre como telón de fondo. Me gustan los símbolos. Si en Manual de pérdidas la enfermedad del Alzheimer simbolizaba la pérdida de lo esencial para un profesor de Historia (lenguaje y memoria), en este momento, escribo sobre una mujer que sufre el síndrome de Diógenes. No hay nada más literario y más metafórico que eso: una persona recoge de la basura lo que los demás tiran, los excedentes del capitalismo, y les concede un valor propio y personal hasta establecer una relación con esos objetos. Estoy escribiendo sobre ello y creo que la historia tiene una pátina de ternura inigualable.
- Nombre: Javier Sachez García.
- Género: novela contemporánea, drama.
- Bio: Javier Sachez García nació en Campillo de Llerena (Badajoz) en 1970. Cursó las carreras de Derecho y Trabajo Social, y posee el título de especialización en Gestión cultural por la Universidad de Extremadura. Comenzó a escribir en el año 2003. Ha obtenido varios premios en certámenes literarios en las modalidades de novela, relatos y cuentos, y poesía, los cuales le han permitido publicar hasta el momento seis novelas y dos libros de poesía. Además, ha colaborado en diversas publicaciones artísticas y literarias (Ensacoroto, Monolito, Palabra Indiscretas, Los sábados, Versión Original…). Actualmente, reside en la ciudad de Mérida.
- Novelas editadas: Tratado geográfico sobre la aversión, El engendrador, Árboles de carne, La muerte de Luxemburgo, Anatomía interna de las moscas y Manual de pérdidas.
- Poesía: Job aterido, Post mortem.
- Blog del autor: www.ipasturgi.blogspot.com
Libro: Manual de pérdidas
- Mercurio Editorial
- Casa del Libro
- El Corte Inglés
Sobre el autor
Javier Sachez García
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