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Reseña ‘Tras la estela de las montañas voladoras, de Francisco Po Egea

Francisco se encuentra junto a su porteador y guía Pemba en una nueva jornada de trekking por el Himalaya. El temporal de nieve empieza a empeorar y deben regresar, aunque su camino hacia el puerto está resultando más costoso de lo que creían. Las duras condiciones de la montaña se hacen cada vez más palpables, son más extremas. Entonces, algo inesperado sucede: frente a ellos, un escalador se halla tendido en el suelo al borde de la congelación. Francisco decide quedarse con él mientras Pemba va a buscar ayuda, pero ¿podrán sobrevivir en un entorno tan hostil? La respuesta está en Tras la estela de las montañas voladoras, la nueva novela con tintes autobiográficos de Francisco Po Egea.

Con este punto de partida, Tras la estela de las montañas voladoras presenta una lectura cuanto menos prometedora. Fascinado por la belleza del Nanda Devi, el pico más alto y legendario de India, Francisco emprende rumbo hacia el mismo, pero pronto descubrirá que hasta la más hermosa de las visiones puede convertirse en un monstruo implacable cuando las circunstancias le llevan al extremo, físico y mental. Frente a los ojos de la “diosa de la felicidad” –significado de Nanda Nevi–, se encontrará haciendo repaso de su vida junto al escalador desconocido, al que decide apodar Jack. Infinidad de flashbacks vendrán a su cabeza mientras sentimientos contradictorios retumban en su interior, fustigándole, martilleando todo su cuerpo como el frío y el fuerte silbido del viento.

“Vigilante de nuestras angustias o inspiradora de nuestras esperanzas”, eso es en lo que se convierte la montaña para los protagonistas. Y ahí, junto Francisco y Jack, nos encontramos nosotros, sintiendo la atmósfera de hielo, sufriendo la angustia de la incertidumbre, de no poder volver a casa. El protagonista nos invita a pasear a través de sus memorias, hablándonos de ellas como una confesión única entre él y nosotros. Recuerdos, conversaciones y cartas se mezclan en la narración convirtiendo la lectura en una experiencia deleitosa y amena. El pasado y el presente se mezclan en la novela de Francisco Po Egea con destreza, con ritmo y paso firme.

En Tras la estela de las montañas voladoras, asistimos a los altibajos de Francisco con Úrsula, su novia alemana. Comprobamos cómo la distancia va quebrando sin miramientos la relación, apagando el amor con los viajes, las separaciones y las diferencias de carácter. Un amor que podría marchitarse definitivamente sin el contacto diario, sin la vida en común. De igual manera, nos conmueve su relación con la frágil y desprotegida Monique. Y también empatizamos con ese Francisco joven, ese perezoso estudiante que al final se convirtió en un gran directivo, pero al que su impulso por seguir creciendo, por descubrir, lo lleva a dar un cambio radical a su vida.

Los trajes y los zapatos han sido sustituidos por los pantalones de pana, los abrigos y las botas de montaña. En cambio, el mayor reto al que deberá enfrentarse ahora es su propia subsistencia. Por un lado, tendrá que sobrevivir a las condiciones temporales y, por otro lado, luchará por sobrevivir a las circunstancias personales. La tienda de campaña es el lugar de protección y, al mismo tiempo, el espacio –reducido, incómodo y atormentador– en el que los recuerdos se apilan y acechan.

Francisco Po Egea nos descubre un nuevo mundo que se abre ante nosotros en Tras la estela de las montañas voladoras. Entre sus múltiples trabajos en revistas prestigiosas como Viajes del National Geographic, el suplemento de El País o Viajar –los cuales le han valido diversos premios–, el autor se lanza ahora a la literatura con esta novela emocionante, cercana y seductora. No solo estamos ante una lectura entretenida, sino que, además, disfrutamos doblemente de ella al percibir la gran labor que hay detrás, la deliciosa narrativa de Francisco Po Egea y su pasión por aquello sobre lo que escribe. En palabras de la propia Úrsula: “amor, paciencia y constancia son lo más importante”. Y Tras la estela de las montañas voladoras aúna todo eso para llevarnos al Himalaya y querer quedarnos allí a explorar el mundo de Francisco. Pues, al igual que él, nosotros también nos cuestionamos, tomamos decisiones duras y, en resumen, vamos en busca de la felicidad.

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