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Entrevista a Paloma Montequín, autora de «Roxana la Vieja»

Buenos días, Paloma. Acabas de lanzar al mercado editorial Roxana la Vieja con la editorial Rubric. Si no estamos confundidos, esta es tu primera publicación en papel.

Publicaste hace un tiempo un libro en formato electrónico (Los tres consejeros). ¿Qué ha cambiado en tu forma de escribir y qué significa para ti cada obra? ¿El vértigo es diferente al poder tener el libro físico contigo?

Buenos días. Así es, mi historial de publicaciones es muy breve; un relato en formato digital en 2018 y ahora esta novela en ambos formatos, electrónico y papel.

Los tres consejeros fue originalmente un capítulo de una obra mucho más extensa. Por tratarse de un cuento escrito por la tía abuela de uno de los personajes, tenía autonomía dentro de la novela. Decidí sacarlo de la obra original y publicarlo en digital. La estructura y el estilo son los del cuento tradicional, y el mensaje es accesible a personas muy jóvenes, ya que fue planteado como un relato escrito para un chico de once o doce años.

No creo que mi forma de escribir haya cambiado mucho, más bien que el relato anterior demandaba un tratamiento distinto. Cada obra, con sus errores y aciertos, es la expresión de momentos distintos en la trayectoria personal, pero creo que esas cosas se aprecian mejor con cierta perspectiva en el tiempo.

Respecto a la segunda pregunta, puedo decir que las experiencias de publicar en libro electrónico y en papel son distintas. Aunque el contenido sea el mismo, personalmente me resulta más emocionante la experiencia del libro físico.                                                                           

 

Tu novela es muy breve, pero muy intensa. Es de esas cuyo mensaje deja poso. ¿Qué planteamiento querías compartir con el lector cuando empezaste a escribirla? ¿Puedes hablarnos un poco del mensaje sin desvelar nada?

Como se dice en la sinopsis, el argumento gira en torno a la culpa y a tres arquetipos humanos relacionados con ella: la víctima, el arrepentido y el impenitente. El mensaje que me gustaría transmitir es que los humanos, del mismo modo que nacemos con ciertos atributos físicos comunes, también nacemos con el germen de algo que solemos llamar «conciencia del bien y del mal». En mi opinión, es inútil tratar de anular esa cualidad evolutiva para satisfacer intereses egoístas, pues todos sabemos que la naturaleza es muy tozuda y nunca se rinde. En la obra, esa realidad queda reflejada en los vecinos del Monje, en Kilani y en el propio Teodoro Rosso, pero cada uno la vive de manera distinta.

 

Tenemos en mente siempre la imagen del escritor como una persona solitaria, que dedica mucho esfuerzo personal a construir su libro. ¿Qué partes de la novela has disfrutado más escribiendo y con cuáles (si las hubiera) has sufrido un poco?

No sé si merezco el calificativo de escritora, pero intento que los frutos de mi esfuerzo y dedicación sean dignos.

Disfruto escribiendo cada párrafo, cada frase, y no llamaría sufrimiento a esos minutos en los que busco la mejor expresión para una idea, prefiero llamarlo «estar en vilo».

No sé lo que es la página en blanco y la ausencia de ideas porque nunca me pongo ante el teclado sin haber pensado previamente lo que voy a escribir. Por lo general, el teclado sucede a una actividad mental bastante intensa, en la ducha, en la cola del supermercado, esperando a que la luz del semáforo cambie, y muchas otras situaciones cotidianas. Conviene aclarar que, pese a esas visitas de las musas, no soy un peligro en las calles.

 

Roxana la vieja tiene una base muy humana, aunque presente tintes fantásticos y tenga un estilo entretenido. ¿Por qué crees que es tan importante leer este tipo de libros con cierta carga psicológica?

Se dice en el Eclesiastés que todo tiene su tiempo y su hora, y estoy de acuerdo, pero yo doy mucha importancia a los textos que ahondan en los procesos del pensamiento y las acciones que de ellos se derivan. Sé por propia experiencia que, cuando se escarba en los pliegues del alma humana, siempre se encuentra algún tesoro, incluso aunque al principio no sepamos reconocerlo como tal.

 

En tu caso, nos parece que la estructura de la novela es un acierto. Cada vez son más los lectores que buscan algo conciso, diferente. ¿Qué hay que hacer para componer una buena trama y un buen soporte para ella?

Empecé a escribir tarde, sin muchas pretensiones, casi como un entretenimiento. Por ser autodidacta, no me atrevo a dar consejos a otros, pero puedo hablar un poco sobre mi estilo y mis métodos de trabajo.

Roxana la Vieja es la primera novela de una serie denominada Historias del Océano. Tengo varias empezadas, dos de ellas bastante avanzadas. Siempre dedico más tiempo a una, pero a veces la dejo aparcada un tiempo para ponerme con otra.

En todos mis relatos cultivo deliberadamente un estilo sencillo y limpio porque creo que es el más adecuado para este tipo de narraciones, pero reconozco que también me siento muy cómoda en él. Casi inconscientemente, imito las tácticas del guionista cinematógrafico clásico, que busca la efectividad con economía de medios.

Cuando pongo el título y empiezo la narración, el esqueleto de la trama ya está diseñado en mi cabeza de principio a fin. Para Roxana la Vieja utilicé una estructura fragmentada en tres tramas, cada una de las cuales envuelve un recuerdo del pasado de Roxana. Los detalles menores que enriquecen la trama van surgiendo a medida que escribo. Basándome en mi experiencia particular, creo que es el propio argumento el que exige una determinada estructura, por eso me parece importante haber proyectado la historia a grandes rasgos antes de empezar.

No sabría decir cómo se compone una buena trama, y tampoco puedo juzgar si mis tramas son buenas o no, ya que mi visión de ellas es subjetiva. Lo único que puedo señalar es que, en mi caso, las tramas surgen y se desarrollan dejando que la mente explore, deduzca y sugiera con total libertad. Eso sí, una vez escrito el texto, lo reviso varias veces para detectar posibles incoherencias o imprecisiones.

 

Tenemos la sensación de que llevas escribiendo toda la vida, pero también nos surge la curiosidad de saber qué sueles leer. Si tuvieras que hablarnos de alguna de tus referencias literarias, ¿cuál es la primera que se te viene a la mente y por qué?

Me gustan muchos autores y obras. Para no extenderme demasiado, puedo señalar que Dostoievski, Hermann Hesse y Khalil Gibran están entre mis favoritos, lo que ya dice bastante de mis intereses literarios. Sin embargo, también me gustan muchas obras que están en las antípodas de las de esos autores. Tengo un enganche especial con una novelita de Lovecraft, La búsqueda en sueños de la ignota Kadath, también conocida como En busca de la ciudad del sol poniente. Me parece la aventura más terroríficamente romántica, o más románticamente terrorífica, que se pueda escribir. También disfruto mucho con la literatura clásica para niños y jóvenes.

 

Tu novela, en realidad, tiene el tono y los matices de un buen cuento largo (o tres). ¿Hasta qué punto crees que estamos en lo cierto? ¿Tu objetivo era escribir una novela o la etiqueta vino después?

Estás en lo cierto. Podrían ser hasta seis cuentos independientes. Sin embargo, nunca lo fueron. Ya nacieron cosidos con el hilo de Roxana porque me pareció que ciertas analogías pedían esa ligazón. Soy consciente de que son muchos los lectores que aman los relatos cortos. Esta obra contiene seis historias, que bien podrían haber sido publicadas como un libro de relatos. La más corta, el episodio de Grigor y Mandinga, consta de tan solo 778 palabras; la más larga, La Casa Irisada, de 11.932.

Llamo novela a Roxana la Vieja porque el texto me parece un poco extenso para llamarlo cuento, pero solo por eso. Me sucede lo mismo con el género literario. No sabría decir a qué subgénero pertenece.

 

En la historia de Kilani el Loco, la locura está ligada a la envidia y la avaricia, también al arrepentimiento. ¿Crees que es un mal común también en la vida real? ¿En qué te inspiraste para relatarla?

No me inspiré en una persona en particular, es el resultado de observar ciertas actitudes competitivas derivadas de la envidia y la vanidad. Esas cualidades negativas y otras muchas lacras son bastante comunes, pero con frecuencia son soportables porque también existen la generosidad, la compasión, la lealtad, etc. Cada individuo aporta al mundo los frutos de su libre albedrío.

 

Roxana es una mujer a la que le gusta conocer el pasado de los lugares que visita, ella misma lo dice. En este sentido, ¿te sientes identificada con la protagonista de tu libro?

Solamente en algunos aspectos. Como a ella, me gusta conocer el pasado de los lugares que visito; y como ella, no soy esclava de críticas y juicios de valor; pero, al contrario que ella, procuro no enterrar los tesoros del corazón en lugares inaccesibles de la mente.

 

Háblanos un poco sobre la elección de los nombres de tus personajes. Creemos que, al menos alguno de ellos, no está puesto al azar.

Los nombres de los lugares y personajes de mis obras constituyen la actividad mental más lúdica del proceso creativo. A veces, surgen espontáneamente mientras escribo, pero, por lo general, tienen una carga simbólica, o algún significado para mí. Los timoneles siempre llevan un nombre relacionado con su aptitud individual más significativa. Es lo que en mis novelas de la serie Historias del Océano se denomina «el nombre genuino», y que solo les es revelado cuando están preparados para abandonar su condición de timoneles neófitos.

                                                                                                                                             

Nos han llamado la atención las referencias a la misma parte de la Biblia en cada capítulo como cita directa, ¿por qué esta elección?

Aprecio mucho las lecturas de carácter espiritual, incluidos algunos textos orientales como el Tao-Té-King, pero mi principal fuente de inspiración está en los cuatro Evangelios. En mis novelas, hay veladas referencias a ellos cuando se habla de «los libros olvidados», o «los libros de sabiduría». Cada versículo citado al final tiene relación con el espíritu que hizo posible el texto que lo precede. El modelo de las parábolas de Jesús me ayuda a templar los excesos, ya que gracias a ellas he aprendido que no se necesitan muchas ni grandes palabras para transmitir pensamientos, ideas o mensajes, por muy profundos y trascendentales que sean.

 

Paloma, hemos llegado al final de esta entrevista y nos gustaría dejarte un breve espacio para que compartas con tus lectores aquello que se nos haya podido quedar en el tintero. Te agradecemos también tu disposición y tu tiempo. Ha sido un placer.

Creo que lo único que ha quedado en el tintero es el origen de mi afición por la escritura. Un día, empecé a anotar mis sueños nocturnos para no olvidarlos. Más tarde, me entretuve escribiendo un microrrelato basado en uno de ellos, después otro, y después algunos más. Con el tiempo, al observar que esa labor me apasionaba, probé a crear relatos más largos y elaborados, en los que los episodios de los sueños dejaron de ser protagonistas para convertirse en ingredientes.

Ha sido un placer también para mí. Y quiero daros las gracias por brindarme la oportunidad de llegar al lector potencial de mi novela.

 


  • Nombre: Paloma Montequín
  • Género: novela, ficción
  • Obra: Roxana la Vieja

 

Disponible en: Podibooks

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