Es, sin duda, una novela, pero al tratarse de un protagonista que está experimentando cambios sustanciales en su vida, surgen cuestiones filosóficas.
Yo quería centrarme en un determinado proceso de cambio, con unas consecuencias muy precisas y, para ello, necesitaba crear a un personaje como Gabriel. Tenía que ser alguien que pasara de la ilusión a la decepción y, tras un proceso de asimilación, fuera capaz de adaptarse.
Julián quizá representa a esa figura experimentada que nos guía; alguien capaz de inquietarnos para que reflexionemos sobre la realidad y que, cuando la vamos descubriendo, nos sirve de apoyo.
Sin duda. Gabriel es una persona que, aunque se va ajustando a las convenciones, tiene capacidad para cuestionarlas, aunque no lo hace. Y quizá este tipo de personas, para pasar a hacerse preguntas incómodas y llegar a escapar de la corriente dominante, necesitan pasar por un trance desagradable, que en el caso de Gabriel son sus problemas con Paulina.
Yo creo que esta apreciación es probable que haya estado siempre presente entre las personas cercanas a la cultura, aunque, a veces, uno tiene la impresión de que ahora la falta de cultura se exhibe como no se había hecho antes. ¿Sustituida?, quizá por las posibilidades de ocio, muy superiores a las que ha habido nunca.
Mi intención era poner de relieve la incomodidad del protagonista, que ha tenido que sufrir primero la incomunicación con sus padres y, después, en contra de lo que esperaba, con sus hijos.
La ironía es más bien una manifestación de la superación, aunque sea parcial, del dolor. Y esta superación quizá no dependa de la voluntad, que siempre está decidida a acabar con el sufrimiento, sino de circunstancias que escapan a nuestro control.
Mi primera intención fue escribir un diario durante dos o tres meses, pero, al pensar bien en esta posibilidad, tuve que desecharla. Tenía que ser sincero y no me veía capaz de serlo; al hablar de mí mismo, por debilidad, y al hacerlo de las personas cercanas a mí, por educación. Así que, manteniendo la estructura de diario y la idea de escribir en primera persona, me olvidé de mí mismo, opté por la ficción y cree un personaje que vive unas circunstancias durante el transcurso de cuatro años.
Quería señalar que, dentro del pesimismo (consecuencia del realismo), el libro es, aunque parezca contradictorio y en cierta medida, optimista, porque el protagonista, Gabriel, tras un periodo complejo, encuentra «su lugar».
- Nombre: Javier Luis Peral
- Género: novela contemporánea
- Bio: Javier Luis Peral nace en Madrid en 1966. Al finalizar la primaria descubre en el colegio la literatura gracias a Miguel Delibes y al enigmático Antonio Buero Vallejo. Tiempo después, hacia los veinticinco años, comienza a leer, y lo hace compulsivamente. En el umbral de la treintena escribe dos brevísimos relatos cortos, terapia frente a la decepción; más adelante, se deshace de ellos. Los siguientes veinte años lee (cada vez menos) y relee (cada vez más), pero no escribe ni una línea. En paralelo, la vida de este economista sigue su curso: trabaja en una pequeña empresa como operador de bolsa en Madrid y, tras una década en Sudamérica, aterriza, ya al final de la juventud, en su ciudad natal. Es entonces cuando, ocioso por unos meses, se sienta a escribir. Es autor de Evasión y filosofía, La siempre admirable condición humana, Las tres vidas de Pablo, El libro de Pablo y Doce relatos.
- Libro: El diario de Gabriel
Disponible en: Casa del libro, Agapea y Amazon
Sobre el autor
Javier Luis Peral
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