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Entrevista a Áurea L. Lamela, autora de «Red de sombras»

Buenos días, Áurea. Un placer poder entrevistarte. Acabas de sacar nueva novela, Red de sombras, una historia de detectives compleja y llena de reveses que promete mucho. ¿En qué momento empezaste a escribirla y cómo llegó a ti la idea? ¿Cómo compaginas tu profesión con la escritura?

Y un placer que me entrevistes. Esta novela la empecé a escribir dos años antes. Es una novela complicada porque trato temas muy complejos y con cuestiones morales que surgen en el momento actual y que en la novela se relacionan. Quien que viva en España o en nuestro medio no sabe de niños robados, de jueces prevaricadores o corruptos, del acoso y derribo de la prensa tergiversando la verdad para vender, de vulnerar la presunción de inocencia, de la trata y la prostitución. Articular la relación de estos temas la hace de por sí ya complicada.

Respecto a compaginar escribir con mi profesión, tengo que decir que mi profesión me ayuda para la elaboración de personajes, conocer cómo funcionan los móviles, las razones por los que la víctima puede morir, lo que hace que el asesino quiera o llegue a matar.

 

La investigación en Red de sombras no es la primera de la que se encarga el detective Zalo. ¿Qué significa este personaje para ti y por qué le das continuidad novela tras novela?

Porque creo que la figura del protagonista, aunque sea una novela omnisciente, va a guiar al lector a través de sus ojos. Es importante porque la novela negra es tan negra que quiero que ese acompañante que te guía sea noble y normalito, no un truhan.

Con el personaje del inspector Zalo Alonso pretendí romper con el estereotipo de detective muy masculino, con una vida desordenada, que bebe y se recrea en su tormento. Entre otras cosas porque me parece imposible que alguien pueda llevar a cabo investigaciones sagaces en esas condiciones. Y también porque quería que fuese un buen hombre que apreciase a las mujeres y las viese de igual a igual.

 

¿Qué importancia tiene la ciudad de Lugo en tu libro? ¿Podría considerarse un personaje más?

Lugo es bastante protagonista en mis novelas. Porque es representativa de una ciudad de provincias típica, una ciudad bimilenaria, donde todos se conocen, una ciudad tranquila en la que de repente empezaron a aflorar hace unos años macrooperaciones judiciales; y me pareció que podría representar muy bien el estilo de vida que hoy se lleva en donde todo se ha judicializado.

Pero además recreo paseos por la ciudad a través de la descripción del trayecto que lleva a cabo algún protagonista, igual que el recurso que utiliza Ruth Rendell cuando describe los paseos de un personaje por las calles, plazas y jardines de Londres. Sin atreverme a compararme con ella, es una forma de aprender intentar reproducir con tu propio estilo los recursos de los que admiras.

 

En tu libro somos testigos de una enrevesada trama donde la sospecha nunca desaparece del todo. ¿Cuáles dirías que son los ingredientes para una buena historia policíaca y cómo te enfrentas a ellos a la hora de narrar una historia? ¿Te resulta difícil escapar de los clichés?

Precisamente ese era el reto que tenía como autora con la trama. Mezclar dos historias del presente con una del pasado. En las anteriores, Nadie sabía y Sin criterio, había utilizado dos historias, una del pasado y otra del presente. En Buena gente, solo una historia que iba enlazándose a través de la consecución de la información hasta llegar al desenlace. Pero en Red de sombras intenté crear una cadena de delitos menores que tapaban a otros y así sucesivamente. Como si fueran muñecas rusas. Dentro de una hay otra. Aquí juego con dos muertes que en apariencia solo tienen una conexión. Uno de los muertos, el psicólogo Rafael Parga, está imputado en la operación Oliver por una supuesta retirada irregular de niños a sus padres biológicos y aparece muerto con una nota de suicidio. La otra muerte es la del juez Robles, que había imputado al psicólogo y que muere por una supuesta complicación médica seis meses después. Y a estas dos muertes le añado el elemento de una historia de 15 años atrás, narrada en primera persona. La forense Archer comienza a dudar de las causas atribuidas en un principio a las muertes y hace más pruebas que avalen sus sospechas, y así termina dando pie que a que se abra una investigación judicial que recae en el inspector Zalo Alonso.

Como lectora, más que poder hablar de los ingredientes de una buena historia, sé si una novela me gusta o no y después pienso por qué. Creo que para mí es importante el suspense y el misterio, que sea verosímil y que los personajes tengan coherencia. Respecto a cómo me enfrento cuando escribo, suelo hacer un esquema del posible móvil del crimen y pienso en la elección de la víctima, que ha de morir por el posible poder destructivo sobre la vida de alguien. Y partiendo de ahí aparecerán personajes con motivos para querer matarla, surgen los sospechosos, pistas que pueden ser falsas o no. No me resulta difícil escapar a los clichés porque no suelo pensar en ellos. Si después me doy cuenta de que los hay, intento limarlos, y creo que no me resulta difícil. Ahora bien, los clichés también tienen su función y se pueden utilizar para despistar, por ejemplo.

 

La mujer de Zalo, Sara, es una apasionada del género detectivesco. De hecho, siempre está haciendo acertados apuntes sobre el caso desde su opinión lectora. Después de jugar a la ficción dentro de la ficción, ¿crees que la realidad la supera? ¿Cuánta realidad se ha filtrado en tu historia?

Creo que la realidad supera a la ficción, no tengo la menor duda. La realidad siempre se filtra en mis historias porque han de ser verosímiles y entonces la realidad es una plantilla de verosimilitud. Pero aun así cuando acabo una novela en la parte de realidad que he dejado que se filtre termino dándome cuenta de que la realidad va mucho más allá por más que intente que la ficción la supere. Así que Sara contribuye, desde lo que aprende de la ficción, a las investigaciones de su marido en la realidad de la novela, pero en nuestra realidad hasta Sara se queda corta.

 

En tu libro encontramos numerosas premisas feministas que no dejan a nadie indiferente. Como mujer, nos gustaría que nos contaras cómo ha sido el proceso de enfrentarte a una historia donde la trata y la prostitución forzada son protagonistas.

Siempre fue un tema que me interesó. Veo que en nuestro mundo occidental cada vez se intenta ganar y avanzar más en derechos humanos, y parece que se va hacia adelante, que se intenta respetar y no dañar. Pero entonces lo comparas con la naturalidad y permisividad que hay con la compra del cuerpo de una mujer, y con la trata, y choca porque parece que hay dos varas de medir; o que las mujeres, en cuanto prostitutas, dejan de ser seres humanos. Las disculpas de si es la profesión más vieja del mundo o la libre elección son falacias. Porque Caín haya matado a Abel no se legaliza matar; porque alguien quiera vender un riñón no se legaliza la venta de órganos. Y todo esto, sin mencionar la esclavitud para las niñas y mujeres que supone la trata, y el lucro que supone para los traficantes de personas. En mi mundo ideal no tiene cabida la prostitución.

 

Zalo cuenta con un gran equipo de profesionales que le ayuda en sus investigaciones. De todos ellos, la más destacable es Carmela Archer, la forense. ¿Es imprescindible el binomio detective–ayudante en la novela policíaca?

Sí son novelas bastante corales, con tres protagonistas destacables. Carmela es prácticamente coprotagonista, tan protagonista como el inspector. El binomio funciona en la novela porque permite jugar con dos perspectivas que pueden complementar o diversificar las posibilidades que se le muestran al lector en la investigación; por ejemplo, respecto a sospechosos, razonamientos, debates de posibilidades, etcétera. En el caso de mis novelas, Zalo aporta más desde un punto de vista de investigación policial y Carmela, como forense, de los detalles de las causas y formas de morir o matar.

 

Si algo destaca en tu libro es la gran variedad de personajes que hay y su bien definida personalidad. ¿Cómo fue el proceso de crearlos a todos con una psicología creíble y establecer sus relaciones? ¿Tienes algún preferido o preferida?

Respecto a los protagonistas, como ya comenté, con Zalo pretendí romper con el estereotipo del investigador masculino y que fuese una persona noble que valorase a las mujeres. Entonces, como ya expuse en novelas anteriores tuvo una relación muy cercana con una tía materna, hubo un episodio del pasado que lo dejó marcado en el que su hermano se perdió y eso me pareció que podría servir para desarrollar una personalidad más considerada con el mundo femenino, para su respeto por la ley y con una tendencia protectora.

Pero también son importantes Carmela y Sara. Respecto a Carmela es el personaje que me permite poner mis conocimientos al servicio de la novela lo que me facilita las cosas. Carmela es hija de un emigrante a Inglaterra y ella retorna a España a su zona natal y tiene en su pasado una culpa que arrastra y un trauma con su primer marido.

Sara me permite hablar de la realidad expuesta en la novela a través del punto de vista de un entusiasta lector de ficción; además es feminista y encaja perfectamente con haberse casado con un hombre que tiene la capacidad de admirar a las mujeres.

 

Después de leer tu novela casi podrían convalidarnos un máster en farmacología. ¿Hasta qué punto tu profesión te ha ayudado a la elaboración de tus novelas policíacas? ¿Qué conocimientos te aporta sobre el ser humano?

Jajaja, qué gracia. Sí, me gustan los venenos y la farmacología me permite acercarme a ellos. Me ayuda a matar literariamente con un arma de la que sé más que si matara con una pistola y me metiera con asuntos de calibres y balas. Mi profesión me ayuda a conocer el alma humana, las pasiones, la codicia, y a saber cómo buscamos justificaciones a nuestros actos por más reprochables o dañinos que sean.

 

Cuéntanos cuáles son tus principales influencias literarias y de qué manera se ven reflejadas en tus libros.

Me voy a centrar en el género negro porque es lo que escribo. Pero eso no quiere decir que como lectora sea lo único que leo. Me encantan las novelas clásicas del siglo XIX. Para unir con la novela negra mencionaré a Wilkie Collins. Tengo verdadera admiración por muchos, pero mi novelista preferida de novela negra por encima de todos es Ruth Rendell. Mi novela preferida es Un juicio de piedra. Es una novela en la que rompe los esquemas. Desde el principio se sabe quién es el asesino, cómo y por qué mató a una familia mientras escuchaban ópera, y a pesar de ello no puedes dejar de leer y tiene una gran consistencia. De esta autora lo que más me gusta es la maravillosa descripción desde un punto de vista psicológico que hace de los personajes. Hace una denuncia social muy sutil y con un humor fino te enfrenta con esa parte oculta y tenebrosa que puede haber en cualquier persona y con cómo unos dejan que salga y otros no. Y después están sus novelas en las que el protagonista es el inspector Jefe Wexford, felizmente casado y con una vida normal, no atormentada. Bien, la influencia de esta autora es en que me gusta meterme en la mente humana y creo que me ha enseñado a reflejarlo y a contarlo escribiendo.

La otra autora que destacaría entre mis preferidos es Donna Leon porque me parece que condensa la literatura clásica con la novela policíaca actual. Paola, la mujer del comisario Guido Brunetti, profesora de universidad y feminista hace continuas referencias a Jane Austen y Henry James. La autora recurre a Sófocles, que le sirve a Brunetti para comparar las reflexiones de sus escritos con las de las personas e historias que intervienen en sus investigaciones.

Ahora bien, otra cosa es que logre despertar en los lectores lo que ambas logran despertar en mí.

 

¿En qué momento de tu vida surgió el interés por el género detectivesco? ¿Qué crees que le ofrece a los lectores para ser un género tan popular?

Siempre leí mucho. Siempre hay un libro tras otro en mi vida. El gusto por el género detectivesco como lectora ya de preadolescente. Creo que es popular porque en general suele ofrecer el castigo al malvado, una justicia que en la vida real no se da.

 

¿Hay algo más que quieras decirle a tus lectores?

Quiero recordar que en el proceso de escribir un libro está la parte creativa, pero al poner el punto final empieza otro proceso importantísimo que es el que atañe a los lectores: la devolución del lector. Uno cuando escribe pretende comunicar y llegar a otras personas. Me interesa saber lo que significó para ellos la novela, si les entretuvo, si les hizo reflexionar, si les hizo ver otros puntos de vista. Escucho atentamente lo que tienen que decir porque aprendo y tomo nota para las siguientes. A través de mi página de Facebook se pueden comunicar conmigo y darme sus opiniones.

 


  • Nombre: Áurea L. Lamela
  • Género: novela policíaca
  • Bio: Áurea L. Lamela (Lugo, 1959) es psiquiatra y escribe novelas policíacas. Durante su juventud, mientras estudiaba Medicina, escribió cuentos y poesía que no llegó a publicar ni a intentar publicar. Una vez en el ejercicio de su profesión de psiquiatra dejó a un lado la literatura, pero siguió siendo una lectora empedernida. Se dedicó a la psiquiatría y publicó artículos científicos en revistas especializadas, así como su tesis doctoral, y obtuvo varios premios de investigación. En 2008 decide retomar su vocación literaria y empieza a escribir su primera novela, tras la cual seguirán tres más. También es autora de varios relatos policíacos y de misterio. En el verano de 2009 realizó un curso de verano de novela negra en la UIMP impartido por Donna Leon. Y en 2010 sobre Chejov, impartido por Elvira Lindo.Sus referentes de novela policíaca son Ruth Rendell y Donna Leon. Además, es admiradora de H. Manckell, Petros Markaris, Louise Penny y un largo etcétera. Es lectora y admiradora de clásicos de la novela del siglo XIX (Henry James, Charles Dickens, George Elliot, Willa Cather, Dostoievski, Leo Tolstoi, Galdós y Pardo Bazán).Sus novelas Nadie Sabía (2012), Buena gente (2014) y Sin criterio (2016) tienen los mismos protagonistas: el inspector Zalo Alonso y la forense Carmela Archer. La mujer del inspector, Sara, es una aficionada a la novela policíaca y tiende a opinar de las investigaciones de su marido desde la ficción. Se desarrollan en una ciudad de provincias tan apacible desde fuera como convulsa por dentro y representativa de las ciudades de provincias de nuestro medio.En una ciudad así ejerce como profesional de la psiquiatría tanto en la Sanidad Pública como privada, y colabora ocasionalmente en diferentes medios con ensayos y relatos. Hace una colaboración semanal en Onda Cero Lugo con el espacio O paraugas, sobre psiquiatría y ficción (cine o literatura). También colabora con un artículo mensual en Ciudad Real Digital; son de difusión científica de psiquiatría y de literatura policíaca.En 2018 obtuvo el segundo premio de relatos El asesino no es el mayordomo convocado con Editfussion con el cuento «Vi morir a mi novia». Y otro relato fue seleccionado, «En la casa rural».  Ambos fueron incluidos en la I antología de relatos de misterio.Red de sombras (noviembre 2018) es la cuarta novela que publica.
  • Libro: Red de sombras

Disponible en: Amazon y Casa del Libro

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